Con el presidente De la Espriella a la cabeza, la Fuerza Pública ha adelantado, durante estos dos meses de Gobierno, una campaña espectacular y de resultados positivos contra todos los agentes generadores de violencia en todo el país, lo cual es digno de recordar, pues ha puesto a buen recaudo a un número muy importante de bandidos de todas las calañas, buscando restablecer la libertad y el orden en el territorio colombiano, pues este había sido ocupado por bandas narcoterroristas, donde sembraron odio, sangre, coca y corrupción.

Es muy reconfortante hablar con personas de variadas profesiones, oficios y edades que con alegría muestran su complacencia por lo que surgió en el país con la llegada del nuevo Gobierno y más especialmente por sus positivas realizaciones; estos colombianos son conscientes de que la corrupción acabó con el sistema de salud, que la impunidad ante el delito y el freno impuesto por Petro a las actuaciones legítimas de la Fuerza Pública multiplicaron el número de cuadrillas de bandidos y, por consiguiente, se disparó la inseguridad y el narcotráfico. El cambio está en marcha y el Gobierno tiene el apoyo nacional e internacional.

Los bandidos están viendo que lo que el presidente De la Espriella prometió en su campaña lo está cumpliendo, está combatiendo frontalmente las fuentes de corrupción implantadas por el gobierno petrista, que está acabando con aberraciones como el empleo de la DNI, en manos de antiguos militantes del grupo subversivo M-19, para efectuar espionaje a los miembros de la oposición y debilitar al alto mando militar y policial, como lo resaltan algunos medios de comunicación, así como se han desmitificado elementos que pertenecieron a delincuentes, convertidos por Petro en patrimonio cultural de la nación.

Los zurdos recalcitrantes no se han quedado de manos cruzadas, pues por todos los medios han tratado de impedir las operaciones contra los bandidos protegidos por el anterior gobierno, así como desde el Congreso han citado a debates de control político contra quienes hoy tienen la responsabilidad de devolver la seguridad a los colombianos y de combatir todas las formas de violencia que afectan a la población, solamente buscando que los narcoterroristas tengan la posibilidad de protegerse frente a la acción legítima del uso de la fuerza del Estado de derecho.

Es aberrante el cinismo de los ‘progres’ al tratar de convencer a sus seguidores y al mundo en general de que el gobierno Petro fue el mejor que ha tenido el país, cuando la realidad es que en nuestra historia nunca se había producido una polarización tan marcada de la población, ni se había generado una situación macroeconómica tan caótica y mucho menos se había afectado a la institucionalidad como ocurrió bajo el mandato incompetente de la izquierda recalcitrante. Pero lo más complejo es que los ‘progres’ aspiran a ganar las elecciones territoriales el próximo año, para retornar a la presidencia en 2030.

Hoy se ve cómo el raquitismo político del centro y de la derecha les está dejando amplitud de libertad a los comunistas, para que, como es su estrategia, continúen empleando la mentira, el engaño y las falsas promesas para mantener amarrado a un rebaño de ilusos y a otros altamente interesados en las riquezas que podrían esquilmar a las arcas del Estado al llegar nuevamente al poder. Aparecen nuevos partidos y otros languidecen, como sucede en la dinámica política, pero lamentablemente se observa la ausencia de un verdadero liderazgo, donde el ejemplo y las propuestas sean el faro que guíe a los votantes.

Son muchos los que aspiran a ser candidatos presidenciales, donde seguramente habrá algunos que realmente piensen en el país, en la integración de voluntades para fortalecer el logro de los intereses nacionales y en el planteamiento de metas y objetivos que busquen el beneficio de todos los colombianos, pero muchos solo se ven impulsados por la ambición y la figuración, como acabamos de ver en las pasadas elecciones, estrategia que solo nos puede llevar a destrozar nuestra democracia, la cual hoy es una de nuestras grandes fortalezas.

Es cierto que con la llegada del nuevo Gobierno nos encontramos frente a lo que en tauromaquia se denomina el cambio de tercio, pero no podemos pensar que todo está resuelto y que el camino futuro es una autopista; hay que echarle agua a la matica para que crezca el arbolito. Cuando se baja la guardia frente a la amenaza, vienen las lamentaciones; es importante recordar que cuando el comunismo se instala en un país, se requieren muchos años para poder sacarlo del poder.

Aprendamos de las amargas experiencias de Venezuela, que aún no soluciona su camino, así como Nicaragua, donde no habrá elecciones mientras esté vivo el actual dictador, o el caso de Cuba, donde por casi siete décadas impera la ideología comunista. Los colombianos tenemos que decidir cuál es el futuro de las próximas generaciones: libertad o esclavitud.