Pasamos el 7 de agosto de la espada de Bolívar que robó el M-19 a la Virgen de Fátima y a Nuestro Señor Jesucristo. Es una transición de símbolos, pero también habrá una transformación de fondo. Se inicia el nuevo Gobierno con cambio radical en seguridad. Varios nombramientos anunciados son significativos. Vuelven a la Policía dos mayores generales que salieron hace cuatro años en la barrida ordenada por Gustavo Petro. El mayor general (r) Norberto

Mujica Jaime, nacido en Barranquilla, regresa como subdirector de la Policía. Había estado 38 años en la institución. Como director de la Policía regresa el mayor general (r) Alejandro Barrera, nacido en Orocué (Casanare), también retirado en agosto de 2022 por orden de Petro.

Como ministro de Defensa asumirá el general Jorge Mora López, nacido en Cúcuta, igualmente retirado hace cuatro años en la barrida de generales del Ejército ordenada por Petro e Iván Velásquez, el ministro de Defensa. Estos tres nombramientos de oficiales descabezados por Petro son representativos porque indican que el nuevo Gobierno no cree en las razones genéricas que se dieron para retirarlos en su momento, que insinuaban corrupción y violación a los derechos humanos. Hay otros nombramientos para resaltar, como la nueva ministra de Salud, Ana María Vesga, un positivo contraste con la nefasta primera minsalud de Petro, Carolina Corcho; la nueva ministra de Minas, María Nohemí Arboleda, una persona con antecedentes técnicos, y un grato contraste con la primera ministra de Minas de Petro, Irene Vélez, la defensora del decrecimiento; y también está la designación de Sandra Suárez, la nueva directora del Departamento para la Prosperidad Social, exgerente de SEMANA y exministra de Ambiente.

El nuevo presidente promete “Cerrar el largo capítulo de la resignación nacional”. La frase es afortunada. Estuvimos cuatro años resignados a un mal gobierno que gradualmente fue convirtiéndose en un desastroso mandato, en una verdadera pesadilla para los ciudadanos. Escuchar al primer mandatario por la televisión fue motivo de enojo y de asombro, cuando no de escándalo. Gustavo Petro logró generar fastidio.

También promete el presidente la “Regeneración moral en el ejercicio del poder”. Es un clamor unánime de la nación. Sobra decir que los ciudadanos van a juzgar al nuevo Gobierno por lo que haga frente a la corrupción, el virus que todos los presidentes siempre prometen exterminar. La transparencia y el escrutinio permanente de los colombianos que promete el presidente Abelardo De La Espriella son dos ofrecimientos que, si llegan a cumplirse a cabalidad a lo largo de los próximos cuatro años, le merecerán al abogado penalista el reconocimiento nacional. Hace bien De La Espriella en llamar forajidos a los corruptos. Hace bien en resaltar que la contratación pública se ha convertido en “vehículo de expoliación”. Agregó: “No voy a tolerar ningún escándalo de corrupción”.

El discurso de posesión en el batallón Pichincha fue en general adecuado porque De La Espriella anunció que hará todo lo contrario de lo que en muchos aspectos representaba el Gobierno pasado. No les gustará a algunos el tinte religioso de la ceremonia, pero lo que cuenta es que, por ejemplo, el nuevo Gobierno recupere la solidez de Ecopetrol. De La Espriella afirmó con razón que Ecopetrol fue “alevosamente depredada”.

Dicho todo lo anterior, lo que Colombia necesita con urgencia es progreso, trabajo y desarrollo económico. El nuevo presidente debe enfocarse en esos factores, porque Colombia sigue siendo un país subdesarrollado. Por ahora, es urgente destapar los chanchullos de la anterior administración y judicializarlos, estabilizar el sistema de salud y recuperar la seguridad. Pero la meta debe ser siempre contribuir al desarrollo económico, ejecutar grandes obras públicas, emplear ingenieros, no Julianas Guerrero ni Lauras Sarabia, y garantizar las condiciones para que el sector privado –trabajadores y empresarios– pueda crear riqueza con el trabajo.

¿Cuál debe ser el papel de la prensa en el nuevo escenario nacional? El de siempre, como lo definió uno de los grandes periodistas del siglo XX, el expresidente Eduardo Santos: “La democracia exige e implica libertad en las discusiones, severidad en los juicios, crítica inexorable de todos los actos”.