El presidente Belisario Betancur, cuando inició su mandato el 7 de agosto de 1982, hizo un viraje en la política exterior adelantada por su predecesor. Colombia, de ser aliada incondicional de los Estados Unidos, pasó a ser su crítica; de haberse negado a votar con Argentina en la OEA en la Guerra de Las Malvinas, porque Daniel Ortega había dicho que iba a invadir “pacíficamente” a San Andrés, pasó a apoyar la posición argentina. Igualmente, incorporó a nuestro país al Movimiento de los Países No Alineados, que, en ese momento, de no alineamiento tenía muy poco.
En diciembre de 1982, el presidente Reagan inició una gira por Centroamérica y Brasil, que incluía una escala técnica en Bogotá. Venía de Brasilia y en su discurso de despedida confundió a Colombia con Bolivia, afirmando que se dirigiría a ese país. Betancur ordenó entonces modificar a la carrera el discurso de bienvenida, que en tono amistoso y cordial estaba previsto, por uno con palabras críticas y severas.
Reagan, en su escala, se proponía conseguir el apoyo de Colombia al Gobierno salvadoreño, que enfrentaba una cruenta guerra civil. Igualmente, el respaldo a “los contras”, mercenarios patrocinados por los Estados Unidos para derrocar al Gobierno sandinista en Nicaragua, apoyados especialmente por Honduras y Costa Rica.
Sin embargo, no solo sus planteamientos no tuvieron acogida por el presidente colombiano, sino que Betancur lo sorprendió solicitándole una “nueva alianza social sin dependencias” y reclamándole un mejor precio para los productos colombianos que se exportaban a los Estados Unidos. Reagan, cortésmente, aunque desconcertado, le respondió que venía a escuchar y que le agradecía la franqueza con la que el presidente colombiano le había hablado.
Posteriormente, Betancur reconoció a la denominada República Árabe Saharaui Democrática, que pretende la totalidad del territorio del antiguo Sahara español, controlado en su parte habitada por Marruecos, después de la salida de España en 1975, tras 90 años de dominio colonial. Es una región desértica habitada por grupos nómadas, pero también con algunos asentamientos fuera de la zona controlada por Marruecos. Están apoyados militar y económicamente por Argelia y perseguidos por Rabat.
El gobierno de Iván Duque dejó de reconocer a la fantasmagórica República Árabe Saharaui Democrática, que hace parte de la Unión Africana, pero que no es miembro de la ONU ni ha sido reconocida como estado independiente por la organización. Satisfacción de Marruecos.
Petro la volvió a reconocer, generando el discreto entusiasmo de Argelia y el malestar marroquí. Ha sido reconocida por 84 países, pero 52 de estos han cancelado sus relaciones.
La reciente crisis migratoria en Ceuta, uno de los dos enclaves españoles reclamados por Marruecos, se debió en el fondo a una serie de importantes acuerdos de cooperación celebrados recientemente por el Gobierno español con Argelia, que dieron lugar a la retaliación del Gobierno marroquí contra España.
El nuevo Gobierno de Colombia, entre las embajadas que ha resuelto suspender, cuenta la acreditada en Argelia. Colombia y Marruecos, al menos hasta el momento, seguirán manteniendo embajadas residentes en Bogotá y Rabat, respectivamente.