En muchos países, la política exterior tiene un efecto definitivo en los resultados electorales; sin embargo, en Colombia, el tema ni siquiera se menciona en las campañas presidenciales.

El nuevo Gobierno colombiano ha señalado un giro fundamental en aspectos de las relaciones internacionales. Sus lineamientos principales se empezaron a conocer después de que Abelardo De La Espriella fue elegido presidente y nominó al nuevo canciller.

Difieren sustancialmente, no solo de los de la arrevesada política exterior del gobierno pasado, sino también de algunos de administraciones anteriores. Muchos han generado sorpresas, aplaudidas por algunos y censuradas por otros.

De todas maneras, el gobierno solo lleva tres semanas; por lo tanto, resulta prematuro evaluar objetivamente los efectos y consecuencias de las acciones adoptadas.

Todo parece indicar que la motivación fundamental del giro es el tema de la seguridad doméstica, con la premisa de que Trump es el presidente de los Estados Unidos. Posiblemente, los enunciados sobre política exterior del nuevo Gobierno no serían los mismos si los mandatarios norteamericanos fueran Obama o Clinton.

Por lo tanto, parecería que estamos atados a la suerte de Trump, que no deja de ser incierta. Por ahora es impredecible el resultado de las elecciones de noviembre en los Estados Unidos, en las que se decidirá sobre la totalidad de los miembros de la Cámara de Representantes y 35 de los cien escaños para el Senado.

Pero además está enredado con la guerra con Irán, incluyendo el rechazo de Netanyahu a su plan de paz; con la guerra entre Rusia y Ucrania, que había prometido solucionar en una semana; con la situación y el porvenir de Cuba; con las relaciones con sus socios de la Otan; con la promesa de incorporar a Groenlandia a los Estados Unidos; y con las confrontaciones con Canadá.

Naturalmente, con las tensiones con China, que hábilmente avanza en América Latina, incluyendo a Colombia. Aquí al empoderado embajador de ese país no le importa protestarle por un mensaje público al vicepresidente colombiano por un asunto menor. Si eso lo hubiera hecho el representante colombiano en Beijing, ya hubiera sido invitado a salir del país.

A Abelardo De La Espriella le toca afrontar las “diez plagas”, no de Egipto, sino de Colombia. Entre ellas, los efectos del terremoto, los incendios forestales, el fenómeno de El Niño, la crisis económica que dejó el anterior gobierno, la salud en estado agónico, la corrupción como regla general, el clientelismo desbordado y una inseguridad rampante que con la “Paz Total” ha permitido la presencia activa de los grupos armados casi en la mitad del país.

Por lo tanto, habrá que esperar un poco para hacer un balance de la política exterior. Los primeros cien días pasan pronto.