Grave que a los jefes de Estado se les olviden con frecuencia errores del pasado y vuelvan a caer en ellos.

Putin inició la invasión a Ucrania afirmando que sería una operación de una semana. Trump dijo algo parecido cuando con Israel inició la guerra contra Irán. Los resultados en ambos casos son impredecibles y van a tener consecuencias tanto en el ámbito internacional como en el doméstico en sus países.

La invasión a Ucrania hizo revivir a la Otan, que estaba en “cuidados intensivos”, después de la apresurada salida de los Estados Unidos de Afganistán y de la amenaza de Trump de abandonar la organización.

El presidente norteamericano cometió en Irán el mismo error en el que incurrió la CIA en 1962 al decirles a los mercenarios que invadieron Cuba por Bahía Cochinos que, al llegar el pueblo y gran parte del Ejército, se les uniría para derrocar a Fidel Castro. Sucedió todo lo contrario: el castrismo se consolidó por décadas.

Trump hizo además un llamamiento a la juventud y al Ejército para que, después de la muerte del ayatolá Khamenei, se levantaran para acabar con el régimen. No solo no sucedió, sino que, a pesar de la represión, el pueblo apoyó al gobierno, que fue asumido por personajes más extremistas.

No se sabe si ahora en Cuba incurrirá otra vez en un error parecido. Una jueza de la Florida ha emitido una segunda orden de arresto contra Raúl Castro por el derribamiento hace 30 años de dos avionetas del grupo Hermanos al Rescate.

Igualmente, Trump afirmó que es posible que los portaaviones norteamericanos que se encuentran en Irán de regreso a los Estados Unidos “hicieran escala en Cuba”: una tácita amenaza de intervención militar o de una eventual “extracción” de Raúl Castro. Ambos hechos podrían generar un apoyo masivo doméstico e internacional al gobierno cubano.

Para completar, el burdo incidente en la ONU entre el canciller de Cuba y el representante de los Estados Unidos en la votación de la resolución cubana de censura al bloqueo norteamericano a la isla refleja un mal momento.

No solamente por el hecho en sí, sino por las pruebas exhibidas por el embajador Waltz sobre la muy conocida buena vida de los cercanos a Raúl Castro, comenzando por la de su nieto, del que se decía que podría ser su sucesor.

La Habana debe haber tomado también nota de la disminución del apoyo a su resolución, que hace algún tiempo era respaldada casi por unanimidad, con los votos en contra de Estados Unidos, su protectorado Islas Marshall y de Israel. Ahora solo obtuvo 130 votos, 25 en contra y 17 abstenciones.

La resolución recibió 10 votos adicionales en contra con respecto a la última votación, entre ellos el de Colombia, mientras que 17 países que la habían apoyado anteriormente se abstuvieron y dos más se unieron a la abstención.

Qué tal que en lugar de la buena vida de los líderes cubanos se hubiera hablado de las repugnantes actividades de Petro, su familia y de algunos allegados que tienen estupefactos a muchos en nuestro país. Pero a otros no les importa, igual que a los cubanos con los lujos de sus jefes.