Como en el tango, los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026 hacen que Colombia entone: “En mi rodada, las ilusiones pasadas no las puedo arrancar”. Un paso más en el abismo por el que va despeñada desde hace más de dos décadas.
Los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta para el 21 de junio son el legado político del tóxico Gobierno de Gustavo Petro. Cepeda, el oficialista que aglutina al Pacto Histórico, respaldado por
prerrogativas estatales, contratos y presupuestos, nóminas oficiales y paralelas, y canonjías de todo tipo. Además, se apoya en la agitación de “reformas sociales” –que no lo son, en tanto fueron diseñadas por el FMI, la Ocde, el BID y el Banco Mundial– y, claro, en la justa entrega de óbolos a “los más vulnerables”.
Dado el control del aparato estatal y el usufructo político del mismo –no exento de corruptelas y disparates–, el petrismo quiere prorrogarse a toda costa. Esto incluye la aplicación de la agenda de Estados Unidos (como dejar intocable el TLC) y la ausencia de soluciones para corregir las destrucciones provocadas en la salud, en la seguridad urbana y rural, en la soberanía energética y en las finanzas públicas, cuyos pasivos se incrementaron en el cuatrienio más del 50 por ciento, con intereses altísimos del 15 por ciento anual.
Por el otro lado, como reacción al desmadre petrista y, en consecuencia, con la actitud divisionista de Petro, despuntó la reaccionaria posición de derecha en cabeza de Abelardo de la Espriella. Sus anuncios estridentes exacerbaron el fervor de los pregoneros del atraso: promete “destripar” contradictores; privatizar rentas y servicios públicos; convertir a Colombia –recursos naturales, hidrocarburos y territorio nacional– en filón para grupos financieros internacionales que lo avalan; recurrir a la fuerza para tratar la protesta pública y pacífica; reducir el Estado a una cuarta parte y emular a Bukele y a Milei. Estas propuestas las considera mágicas para convertirnos en “país milagro”.
De la Espriella, además de este neoliberalismo ultra –relanzado con demagogia inescrupulosa y a nombre de Dios– y de la agresividad ilimitada que predica, debe explicar los honorarios que su firma De La Espriella Lawyers recibió del “lavador” de dólares del Gobierno de Maduro, Álex Saab, detenido en Miami.
No solo los giros a título personal desde las compañías Group Grand Limited y el Consorcio Estructuras Metálicas, bajo control de Saab, por más de 370.000 dólares (revelados en la revista Cambio por Daniel Coronell, 24/5/26), sino, más grave, por los 2,5 millones de dólares (algunos dicen que 2,7) que Saab puso en las cuentas de Bruce Bagley, exprofesor de la Universidad de Miami. Según la agencia Reuters, el fin era “pagar a los abogados que estaban ayudando a Saab con su cooperación” (ver https://www.reuters.com/world/alex-saab-gave-us-information-maduro-years-ago-ex-associate-says-2021-11-10/).
Esa versión la reproducen medios como La Voz de América (10/11/21) o Infobae, que aseguran que el dinero buscaba “ocultar pagos a abogados en los EE. UU. que acompañaban a Saab a las reuniones”. En la misma línea, Univisión señala que “el dinero se utilizó para pagar a los abogados que ayudaban a Saab a realizar gestiones secretas ante el Gobierno estadounidense” (G. Reyes, 24/6/20).
Se confirma en el alegato de la defensa de Bagley ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York: “El propósito del dinero adicional era pagar a los abogados de Saab en Estados Unidos, quienes lo asesoraban y acompañaban a reuniones con el Gobierno estadounidense, durante las cuales Saab proporcionó información sobre el Gobierno de Maduro” (ver Case 1:19-cr-00765-JSR, Document 20, 11/9/21, página 15). Tiene como agravante que Bagley asegura que por esa maniobra recibió una comisión y, por consiguiente, surge otra cuestión: ¿la pagó Saab o la pagó la firma de abogados asesores?
Pregunta más que válida porque en la misma página de la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella se reconoce que fue su bufete el “que llevó a Álex Saab a negociar con la DEA”, que “hubo reuniones documentadas con agencias federales (CIA, DEA)”, que “el consejo legal fue entregar a Nicolás Maduro” y que, cuando el cliente “se negó a colaborar”, se renunció a la defensa. Esa decisión no fue obstáculo para que Saab afirmara, en declaraciones recogidas por El Espectador (4/4/21), que “Abelardo de la Espriella es un gran abogado y amigo”.
(Ver https://defensoresdelapatria.com/abelardo-de-la-espriella-y-alex-saab/ y El Espectador, 4/4/21).
Frente a estas dos opciones para la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026, Colombia debe escoger entre el prosélito de Petro y el “pana” de Álex Saab. Vamos para el estanque, cuesta abajo, miles más dirán: ¡no hay con quién!