La inteligencia artificial (IA) nos está volviendo más perezosos. Cada caso es distinto, pero está claro que estamos frente a una revolución que nos está pasando factura en el cerebro y luego probablemente en otros ámbitos, todo a pesar de sus ventajas tan atractivas. En ese contexto, muchos educadores nos preguntamos cómo tener lo mejor de la era pre y pos-IA. Va un pequeño insumo y, al final de la columna, una lista de ideas para clases y talleres que les pueden servir, tanto en el colegio como en la universidad y más allá.
Varios lectores recordarán sus experiencias haciendo presentaciones en clase, tanto en el colegio como en la universidad: se compraba un póster, se aplanaba en el piso o en la mesa, se estabilizaban las esquinas y uno se inclinaba a dibujar y escribir, a veces con regla, a veces con fotos impresas. Yo recuerdo una presentación en biología sobre tiburones y otra en la universidad sobre las fuentes del derecho. Hay algo curioso: me acuerdo con algo de precisión de ambas carteleras, aun si han pasado más de 20 años.
El tema se puede abordar desde dos ángulos: uno es la desventaja de entregarse a la pereza bajo la narrativa de la eficiencia para delegarle todo a una IA en una presentación. El otro es mirar las ventajas cognitivas de escribir a mano. Si les digo que en mis clases de psicología y economía estamos haciendo muchas más actividades a mano, se imaginarán a dónde quiero llegar. La pregunta es por qué. Miremos el tema desde los dos ángulos.
Entregarle todo a la IA es sinónimo de rendirse cognitivamente
Recientemente, unos autores de Wharton hablaron de la “rendición cognitiva”, porque en vez de pensar, simplemente le pregunto al chatbot de turno que me diga qué tengo que hacer y, como lo pensó Duncker en 1945, resolveré el problema con la misma táctica siempre. Cuando veo presentaciones de algunos estudiantes, hechas con toda probabilidad por una IA, con el mismo formato inaguantable de los tres cuadros y las letras pequeñas abajo, repleto de información, con cero animaciones y totalmente inerte, me pregunto si hay más pereza o “eficiencia” al final.
¿Pero eficiencia para qué, para sentarse a mirar el celular después? Si uno hace un ejercicio en clase, la idea es que su lección perdure, que sirva para algo, no para olvidarlo y de paso no aprender nada; peor aún, podemos caer en enseñarle al cerebro que está bien no aprender. ¿Solución? Devolverse a algunos métodos antiguos y variar: carteleras a mano, o como lo hacemos nosotros en la introducción a la neurociencia para decisiones económicas, hacer un dibujo a mano de áreas del cerebro vinculadas con alguna función específica. No se trata de volver a la Edad Media, sino de intercalar ejercicios bloqueando la posibilidad de usar IA en unos pocos.
Volver a la escritura a mano en unos casos nos puede ayudar
Aquí nos encontramos con una batalla curiosa de la que se habla mucho en psicología: ¿qué es mejor para el cerebro, escribir a mano o de forma digital? Entre los muchos estudios, hay tres que dan algo de luz. En la Neurociencia detrás de la escritura a mano, luego de mirar distintos resultados de neuroimagen, los autores dicen que escribir a mano activa más regiones amplias del cerebro, fomentando la memoria y una ‘codificación’ más profunda. En pocas palabras, las neuronas se comunican más y afianzan lazos más fuertes.
En otro estudio algo más controversial basado en electroencefalografía (EEG), dicen algo parecido y le agregan el efecto positivo sobre el aprendizaje, cosa que ha tenido un debate intenso. Los experimentos tuvieron varias limitaciones, pero se sugiere que escribir a mano es un elemento poderoso en el salón de clase. Y en un estudio algo más viejo de 2015, Mangen y sus colegas confirmaron algo que podríamos intuir con las carteleras que mencioné. Escribir a mano fortalece la memoria, específicamente la recuperación de palabras.
Si sabemos que hay evidencia más o menos convincente, lo lógico es fomentar las actividades que fortalezcan el cerebro a largo plazo, haciéndonos personas autoeficaces y no autómatas que luego se preguntan por qué no se acuerdan de nada, no tienen información, pensamiento crítico ni nada que decir en una discusión necesaria, en un debate electoral, o en decisiones fundamentales de vida.
Tips que les pueden servir en clase o talleres
Si, por cosas de la vida, tienen algo que ver con un salón de clase, apreciados lectores, les encomiendo algo que nos ha funcionado mucho y que sé que, a largo plazo, será valioso:
- Darse la oportunidad de exigir que al menos una presentación no sea hecha con medios digitales, sino a mano, para luego comparar la experiencia. Clave es que los estudiantes no copien todo del celular y ya, sino que haya algún proceso creativo.
- Usar ejercicios de escritura a mano durante la misma clase, sin celular, para fomentar discusiones e ideas.
- Hacer esquemas y dibujos a mano y luego presentarlos en grupos pequeños o grandes
- Algo más radical, sabiendo de colegas que lo han hecho, contemplar la prohibición del laptop y celular en algunas sesiones.
- Pedirles a estudiantes que relaten lo que hicieron en cualquier tipo de trabajo escrito.
En el corto plazo quizá los cuestionarán, pero en el largo, algunos lo agradecerán.