Jefes de Estado, cancilleres y altos funcionarios de los 193 países miembros de las Naciones Unidas acuden a las sesiones inaugurales de la Asamblea General en el mes de septiembre de cada año. Además, se aprovecha la oportunidad para concertar encuentros entre presidentes o altos funcionarios de diferentes Estados.
De acuerdo con el momento internacional, hay siempre unos oradores ‘taquilleros’, de cuyas intervenciones todo el mundo está pendiente. Igualmente, se les hace seguimiento a su agenda y a sus entrevistas.
En este momento Trump, figura central en el mundo, es el más ‘taquillero’. Sin embargo, muchas intervenciones pasan desapercibidas y son dirigidas a la opinión pública del país del orador.
También hay algunos temas de moda. En este momento, fuera de las guerras de Rusia contra Ucrania, de USA contra Irán y de las acciones israelíes en Gaza y el Líbano; han aparecido los de Cuba y Venezuela. Además, el de la delincuencia trasnacional y la inteligencia artificial.
Ahora, curiosamente, Delcy Rodríguez es tan taquillera como el presidente de Irán o como Macrón y ha sido seguida paso a paso por los medios de comunicación. En su intervención, aseguró que habrá elecciones y que “el pueblo venezolano con su sabiduría ancestral determinará el momento correcto”. No aclaró si el Estado administrador está comprendido en la “sabiduría ancestral”.
Es una figura que despierta curiosidad dada la relación actual de Venezuela y Estados Unidos, incluyendo el megaacuerdo petrolero tan elogiado por Trump; aunque el Cartel de los Soles sigue entronizado y grupos armados de origen colombiano continúan en territorio venezolano o buscan refugio en ese país.
Para Colombia, por muchas razones, es conveniente tener como vecina a una Venezuela rica y próspera. Pero muy poco sacamos con esa condición si el Estado administrador no da instrucciones a Delcy y a su combo de avanzar con paso firme hacia la democracia y la reconstrucción del Estado de derecho, paralelamente con el desmonte del régimen que destruyó las instituciones venezolanas. Sus fuerzas militares deben de una vez por todas combatir realmente a los grupos armados que se encuentran en su territorio, que, además, en cualquier momento se pueden devolver contra los inversionistas y empresarios que le apuesten a la activación de la economía venezolana.
Si no lo hacen, los que se encuentran en nuestro país— cercanos a la frontera común— seguirán haciendo paros armados. Si no es Santa Marta, será en la Guajira o en el Cesar, sino en el Catatumbo o en Arauca.
Para Colombia es como tratar de arreglar la inundación de un local poniendo cemento en el piso, cuando existe un escape de agua subterráneo.