Con motivo de las elecciones del próximo 21 de junio, cuando elegiremos en Colombia, mediante voto popular, a los nuevos presidente y vicepresidente, es bueno recordar que, de acuerdo con la Constitución de 1991, tanto los servidores públicos como todas las personas que habitamos el país tenemos derechos, pero también deberes democráticos y éticos. Y no solo con el Estado, sino fundamentalmente con la población colombiana y con su derecho a vivir en paz, libre de toda manifestación de corrupción y de violencia.

Uno de esos deberes es respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios. También lo es acudir a las urnas de manera libre y soberana para votar por los candidatos de nuestra preferencia, a partir de las 8:00 a. m. del domingo 21 de junio, así como denunciar ante las autoridades civiles, militares o de policía cualquier manifestación de corrupción, por ejemplo, la compra o venta de votos y cualquier acto de violencia que atente contra el derecho de la población a votar de manera libre y pacífica.

Esa realidad nos obliga a todos los ciudadanos que vamos a votar por cualquiera de los dos candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República o por el voto en blanco, que también constituye una opción válida en el tarjetón electoral, a ser prudentes tanto en la victoria como en la derrota. Además, debemos entender que la historia democrática de Colombia no comienza ni termina el próximo domingo 21 de junio.

En ese propósito, es importante destacar el reconocimiento nacional e internacional que se ha venido haciendo a la eficiencia y transparencia de la Registraduría Nacional del Estado Civil, lo cual debe hacernos sentir orgullosos de esta institución y de su independencia frente a las demás ramas del poder público colombiano.

De acuerdo con lo anterior, también es oportuno recalcar que el verdadero sentido de la democracia no consiste en proclamar: “¡Viva la democracia cuando me conviene!” y conspirar contra ella cuando no favorece los intereses propios. Esa absurda concepción es lo más parecido, en la vida real, a la práctica de los tahúres, expresada en la conocida fórmula de que “con cara gano yo y con sello pierde usted”.

La anterior reflexión resulta especialmente pertinente en el actual momento de Colombia, sobre todo cuando, de cara a la segunda vuelta constitucional, algunas personas cercanas tanto al presidente Gustavo Petro como a la campaña de Iván Cepeda han manifestado públicamente que, en caso de una derrota electoral, no reconocerían el triunfo democrático de Abelardo de la Espriella, el otro aspirante, y que además podrían promoverse protestas sociales violentas en diferentes regiones.

Con todo respeto, considero que esa manera de pensar es contraria a los principios universales de la democracia y de la convivencia pacífica. Asimismo, desconoce el deber ético que tenemos quienes ejercemos responsabilidades de Estado, sociales o políticas de enseñar y contribuir, con el ejemplo de vida, a fortalecer un clima de respeto a la Constitución de 1991, por el derecho de la población urbana y rural a la convivencia pacífica, y por la construcción de un Estado de paredes de cristal.

En una relación equilibrada de derechos y deberes, tanto democráticos como éticos, ese mismo comportamiento respetuoso de los resultados electorales se lo debemos solicitar al candidato presidencial Abelardo de la Espriella y a todos los integrantes de su campaña.

En ese orden de ideas, es oportuno reiterarles al señor presidente de la república, a cada uno de los candidatos que aspiran a reemplazarlo el próximo 7 de agosto y a todas las personas que hoy los respaldan la importancia de aceptar con serenidad y respeto los resultados electorales.

Siendo realistas, lo concreto es que el domingo 21 de junio, en horas de la noche, Colombia conocerá el nombre de su nuevo presidente y de su vicepresidente. En tal sentido, invito a todas las personas que hayan votado o no por los candidatos a reconocer y defender el ejercicio transparente y democrático que permitió su elección.

En consecuencia, es importante reiterar que, más allá de nuestras opiniones políticas y preferencias electorales, el próximo 21 de junio, a más tardar hacia las 7:00 p. m., ya conoceremos públicamente quiénes ejercerán la Presidencia y la Vicepresidencia. El compromiso democrático de todos debe ser respetar esa decisión soberana del pueblo colombiano y contribuir a preservar la convivencia pacífica y la estabilidad institucional del país.