Cuando Juliana Guerrero apareció sentada en un consejo de ministros, el 4 de febrero de 2025, sin tener cargos en el Gobierno, nadie entendía qué hacía junto al presidente y su gabinete. Tenía entonces 22 años. Sin formación ni experiencia, llegó a utilizar aeronaves de la Policía para sus desplazamientos y los de su hermana; fue representante del presidente en la Universidad Popular del Cesar, jefe de gabinete del Ministerio del Interior y casi viceministra de Juventudes, hasta que se descubrió que compró un título falso de contadora de la Universidad San José.
Desde que se conoció el caso, siempre nos preguntamos: ¿cómo hizo una mujer tan joven, sin formación ni experiencia, para llegar tan alto? La respuesta ha llegado con el tiempo.
Angie Rodríguez, exdirectora del Dapre, aseguró en julio que alrededor del expresidente Petro existía una red de mujeres jóvenes y hermosas que incidían en nombramientos y habrían utilizado su cercanía para obtener contratos y cargos en el Estado. Las llamaban las “mariposas amarillas”, en referencia a la obsesión de Petro con la obra de Gabo.
Rodríguez mencionó también a Gabriela Muñoz. Con 21 años, sin terminar su carrera ni tener experiencia, fue señalada por Rodríguez como “ama y señora” de la Aeronáutica Civil. Según denunció el representante Daniel Briceño, Muñoz, su hermano y varios primos tuvieron contratos simultáneos en esa entidad entre 2025 y 2026. No tenía ningún mérito para haber llegado a tener este poder, solo haber sido cercana a Gustavo Petro. Su mamá, Liliana Olaya, ha dicho que todo es falso.
Pero hay más nombres. Cambio reveló el pasado 20 de agosto que María Masip Zawady, conocida como la Turca o la Coco, sería otra mujer cercana a Petro con una meteórica carrera después de conocerlo. Esta mujer habría conocido al presidente cuando era senador. A finales de 2023 circuló una selfi suya en grupos de escoltas y medios, en los que aseguraban que era tan cercana al recién elegido presidente que la apodaban “la Manuelita Sáenz de Petro”. En la foto ella luce un vestido rojo de gran escote que deja ver su gran figura.
Según Cambio, llegó a recibir cerca de 15 millones de pesos de honorarios de contratistas que lograba acercar al presidente y que incluso habrían puesto a su disposición un apartamento en el norte de Bogotá y un BMW. Nada de esto ha sido probado por la Justicia. Su hermano, Juan Manuel Masip, habría logrado contratos por 291 millones y su prima, Martha Elena Zawady Rodríguez, otros seis por 232 millones.
Mientras todo esto ocurría, Verónica Alcocer ostentaba la dignidad de primera dama y viajaba por el mundo como tal, hasta que el mismo Gustavo Petro fue visto en viajes oficiales tomado de la mano de Vanesa Cortés, otra joven a quien también la vida le sonrió después de conocerlo. Antes de agosto de 2022 era bachiller y sus ingresos en distintos cargos no superaban los 3 millones de pesos mensuales. Un mes después de la posesión de Petro, creó Kayros Advice S. A. S., con un capital pagado de 200 millones de pesos. Según La Silla Vacía, para 2025-2026 la empresa reportaba activos superiores a 600 millones de pesos e ingresos por otros 600 millones. Además, Cortés adquirió un lote en La Calera que intentó vender por 700 millones.
El bombazo final vino por cuenta de Deicy Jiménez, quien aseguró en entrevista con SEMANA que recibió contratos durante el Gobierno Petro por más de 100 millones de pesos. Hoy tiene 26 años y contó que conoció a Petro en 2019, cuando él era senador y ella modelo de páginas web para adultos. Tenía 19 años. Asegura que Petro le pagó sus encuentros con contratos en el Estado. Jiménez firmó cuatro contratos con el Senado, uno con la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada y dos con el Ministerio del Interior. Cambio calcula que esos siete sumaron 116.944.432 pesos.
Jiménez, al igual que Rodríguez, aseguró que existía una red de cerca de 40 mujeres que recibieron contratos tras tener una relación cercana al presidente. Además, acusó a Petro de consumir drogas y haberle servido de puente para conseguirlas. Todo lo ratificó este jueves ante la Corte Suprema de Justicia.
El rumor sobre la obsesión de Petro por las mujeres jóvenes no es nuevo. Quienes lo conocen desde su época de alcalde de Bogotá dicen que siempre ha sido su debilidad. Él mismo ha publicado trinos sobre el sexo y llegó a afirmar que es “inolvidable en la cama”. También pronunció una frase difícil de entender: “Una mujer libre hace lo que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro, y si los sabe acompasar, será una gran mujer”. ¡Degradante!
Petro se ha defendido diciendo que quieren invadir su vida íntima y que jamás ha entregado contratos a cambio de favores sexuales. En un comunicado manifestó: “Jamás he cometido un delito en ninguna relación sexual. En mi sexualidad no está el uso del poder, sino la búsqueda del amor y su realización”. Y agregó que cuando encuentra “vidas destruidas por una sociedad machista” hace lo que un revolucionario debe hacer: “Ayudar, entregarse al máximo y transformar la realidad”. ¿Qué quiso decir?
El debate aquí no es de sexualidad, es de corrupción. Lo que debe establecerse es si quien ocupaba el cargo más alto del Estado utilizó su poder para entregar contratos pagados con dineros públicos a personas sin preparación ni capacidades a cambio de favores sexuales; si el hombre políticamente más poderoso del país, de más de 60 años, quiso comprar el favor de jóvenes humildes mediante contratos que, además, al parecer jamás se ejecutaron. De ser cierto, estaríamos frente a un caso de corrupción aberrante por parte de un presidente de la república.
A nadie le importa la vida sexual del expresidente, ni siquiera si consume drogas, como se ha dicho. Lo que importa es saber si utilizó su poder para enriquecer a las mujeres que lo rodeaban.