Cuando el presidente Trump y su secretario de Estado Marco Rubio tomaron la decisión de terminar la mayoría de los programas de USAID, se vio la consecuencia directa. El Foro de São Paulo no empezó a caer por un discurso, sino porque le cerraron la chequera.
El 20 de enero de 2025, Trump congeló la ayuda exterior. Rubio canceló el 83 % de los programas de USAID, lo que significó unos 5.200 contratos, y la agencia pasó a manos del Departamento de Estado. La GAO, que es la oficina del Congreso estadounidense encargada de investigar el uso de fondos federales, fue más dura todavía. Se acabaron 6.780 de 7.510 contratos, la plantilla pasó de 13.600 funcionarios a solo 241 y el 1 de julio de 2025 USAID dejó de administrar ayuda. El presupuesto sumaba cerca de 79.100 millones de dólares, un dinero que no se volvió a usar para esos fines.
Aun así, mantuvieron el relato tras las derrotas de los candidatos afines al Foro. El discurso ya estaba preparado: se robaron las elecciones. Lo que no calcularon fue que la gente cerró el voto por pura inseguridad y cansancio. Esas dos cosas juntas explican el fin de ese ciclo, aunque no necesariamente el fin del Foro de São Paulo.
El Foro no era un simple club de ideas, sino la sala de máquinas de un modelo basado en el Estado capturado, el discurso antiimperialista y la tolerancia con cualquiera que pusiera el dinero, incluyendo al narcoterrorismo. Nació en 1990 de la mano de Lula y Fidel Castro para evitar que la izquierda quedara huérfana tras la caída de Moscú. Cuando perdían una elección, no perdían el aparato, pues les quedaba el dinero y el manual de siempre: si el voto no les sirve, entonces el voto no vale. Petro no reconoció a Abelardo, y en Bolivia el MAS le respondió a Rodrigo Paz con bloqueos. El manual sigue vigente, pero la retaguardia ya no existe.
El paso siguiente ya muestra resultados palpables. Lo he visto y lo he vivido en El Salvador por mis actividades profesionales. Bukele puso la seguridad como la base de su gobierno y no como un mero discurso. Desde marzo de 2022 mantiene el régimen de excepción, prorrogado hasta el 27 de octubre, con más de 90.000 detenciones. A pandillas como la MS-13 y el Barrio 18 no les ofreció mesas de diálogo, sino que les construyó el Cecot. Hoy esa cárcel es la referencia mundial de lo que hace el Estado con el terrorista cuando decide recuperar el barrio para los ciudadanos.
El Salvador dejó de ser el país más violento del mundo y no se detuvo ahí, que es precisamente lo que hay que replicar. El presupuesto de 2027 destina más de 3.400 millones de dólares a la educación, superando el 8 % del PIB, mientras sube la inversión en salud y seguridad. La inversión extranjera sigue ganando terreno y el Banco Mundial le atribuye este salto en el crecimiento a la caída del crimen, el aumento de las inversiones y un turismo que ahora existe porque la gente puede salir de noche con tranquilidad. La seguridad no fue el techo, sino la puerta de entrada. Esa debería ser la política generalizada para los países que integran el Escudo de las Américas: primero el territorio, y después la escuela, el hospital y el capital.
Al Foro le queda un solo refugio, y me parece que por muy pocos días: Brasil. El golpe final será el triunfo de Bolsonaro el 25 de octubre, de la mano de Flávio, quien lleva el apellido del líder que Lula pretendía derrotar sacándolo de la política y enviándolo a prisión. En su campaña, su hijo prometió la amnistía para su padre, una estrategia clave para su victoria en primera vuelta, y ya anunció que Brasil se sumará a la alianza del Escudo de las Américas impulsada por Trump. Si esa fórmula gana, el Foro perderá la cancillería que le dio origen y se sentirá de lleno el impacto del recorte de USAID.
El día después no dará espacio para festejos. Los países miembros del Escudo de las Américas deberán reunirse con urgencia para trazar un plan de acción concreto y no limitarse a la foto oficial. En el corto plazo, la estrategia debe considerar listas unificadas de organizaciones terroristas, articulación de inteligencia, cancelación de visas y la extinción de dominio sobre los bienes de los 24 grupos narcoterroristas identificados, dando prioridad a la puesta en marcha de la sede de Medellín con el estatuto antiterrorista en marcha.
En el mediano plazo, toca implementar la línea de trabajo iniciada por los presidentes Bukele y Milei enfocada en escuelas, salud, inversión y aprovechamiento de minerales. Para el largo plazo, el compromiso exige una cláusula democrática clara: quien desconozca el resultado de una elección perderá su lugar en la mesa.
El objetivo final de este proceso es Venezuela. Maduro cayó en enero y Delcy Rodríguez representa la misma línea en una posición distinta. Es evidente que María Corina debe ser la pieza central para garantizar elecciones libres con el voto en el exterior y una fecha fijada de inmediato. Cada mes sin urnas le permite al Foro, tocado en Brasilia y sin los fondos de USAID, refugiarse en el Caribe.
Colombia llegará a esa conversación con postura propia bajo el liderazgo del presidente De La Espriella. El estatuto antiterrorista se presentó esta semana e incluye el registro de organizaciones, la figura del Alto Comisionado, un régimen especial para cabecillas, persecución de activos y sanciones para el uso de drones, asonadas y minería ilegal. Cepeda afirmó que el Gobierno quedará con las manos libres, lo que en la práctica muestra al Pacto defendiendo el vacío al que durante cuatro años llamó paz. La sede en Medellín es la otra pieza fundamental. El estatuto se plantea como el Cecot jurídico, a la espera de complementar el plan con infraestructura educativa y garantías para la inversión.
Quince capitales ya dieron el primer paso con listas, cárceles y control de fronteras. Es algo necesario, pero no alcanza. El ciudadano común solo va a notar el cambio real en cosas cotidianas, como cuando la extorsión deje de pagarse en los barrios y en los predios rurales, cuando la contratación pública deje de ser el botín de las redes corruptas que se apoderaron del presupuesto en el periodo anterior, o cuando la escuela vuelva a tener profesores en lugar de reclutadores.
El Foro de São Paulo empezó a morir en el momento exacto en que Trump le cerró la chequera, y va a morir del todo cuando Brasil le quite la última sala de máquinas que le queda.