A estas alturas del paseo no queda claro si perdió la visión política, el contacto con la realidad o si ahora cree que María Corina Machado y sus millones de seguidores, que superan el 70 por ciento del país, así como los votantes hispanos de Estados Unidos, son unos pendejos que se tragarán sus cuentos chimbos.

Difícil reconocer en el nuevo Marco Rubio, que viene el 8 a Colombia, al senador combativo, admirable, luchador por la democracia en nuestra región, implacable denunciante de las tiranías de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

¿En qué momento desechó su incansable labor de años y sus principios morales para abrazar el trumpismo más irracional, inmoral y desbocado?

Si en los meses transcurridos desde aquel esperanzador 3 de enero, cuando detuvieron al dictador y se lo llevaron a una prisión federal, el Banco Central de Venezuela continúa imprimiendo billetes que solo sirven para jugar Monopoly, ¿qué diablos hicieron con los 13.000 millones de dólares que ingresaron por el petróleo y que el Departamento de Estado custodiaba para evitar que se los robaran los chavistas de siempre?

Porque en Venezuela siguen pasando física hambre, los salarios son famélicos y ni siquiera alcanzan para un mercado. Sin olvidar los enormes daños materiales por el doble terremoto, que no parece que vayan a reparar esa mano de ladrones e ineptos de Miraflores, y los gastos que supone atender a los 16.700 heridos en un sistema sanitario que era infrahumano antes de los sismos.

Ni siquiera han sido capaces de controlar la inflación, que cerró julio con un 19,9 por ciento (alrededor del 780 por ciento a final de año), lo que significa inabordables subidas de precios y saldos en bancos que enseguida se evaporan.

Lo inquietante es que Marco Rubio, que conoce como pocos la realidad venezolana, aceptara establecer una mesa negociadora con la pusilánime Dinorah Figuera, que no representa a nadie, con el único propósito de alargar el mando supuestamente transitorio de Delcy y su banda de insaciables delincuentes.

Lo peor es que esa patraña aleja aún más la celebración de los comicios presidenciales porque a Trump no le interesa que los gane María Corina. A diferencia de su abyecta Delcy, dispuesta a hacer lo que le pidan a cambio de enterrar su pasado atiborrado de delitos, Machado es intachable. Y como no la pueden comprar, la quieren marginar y desacreditar.

Por eso, Marco Rubio ha caído en la ignominia de obstaculizar su retorno a Venezuela. No la dejan aterrizar por aire ni arribar por mar, y por tierra es imposible dado el control que ejerce el ELN en la frontera.

Retrasarán su vuelta el máximo tiempo posible confiando en que su prolongada ausencia (en noviembre cumplirá un año desde su arriesgada salida para recibir el Nobel de la Paz) vaya desdibujando su indiscutible liderazgo.

También necesitan mantener al matón Diosdado Cabello al mando de sus hordas violentas para que siga infundiendo un temor paralizante a una ciudadanía hastiada de la cleptocracia torturadora. Y que sostenga el falaz argumento de que solo recorriendo a paso de tortuga el camino hacia la democracia evitarán un derramamiento de sangre.

A pesar de su indigno comportamiento, aún espero que cada noche, cuando apague la luz y medite un instante, a Marco Rubio le remuerda la conciencia pensar en los presos políticos, que no son una prioridad para la Casa Blanca, y que sus delegados en Caracas estrechan la mano del criminal por el que ofrecen 25 millones de dólares de recompensa. Será que por eso ya no mencionan al cartel de los Soles en sus discursos, no quieren dejar otra señal de su deshonrosa incoherencia.

También debería tener presente que insulta la inteligencia colectiva cada vez que corea la falsa melodía de que Venezuela no está preparada para celebrar elecciones. ¿Olvidó las primarias que organizó la oposición en 2023, sin apoyo oficial, y que Machado ganó con el 92 por ciento? ¿Y los comicios del 28 de julio de 2024, donde también barrió?

En ocho meses han tenido tiempo suficiente para nombrar un Consejo Nacional Electoral que ponga fecha a las elecciones y empiecen a trabajar con la colaboración, por ejemplo, de nuestra Registraduría Nacional.

Pero no han querido hacerlo y no lo harán en un futuro cercano. Lo increíble es que Marco Rubio no advierta que perderán los comicios de noviembre si no ofrecen ninguna carta ganadora a los latinos. Cuba continúa paupérrima y sometida al yugo del castrismo; en Nicaragua se sienten tan seguros que suprimieron las elecciones, así fuesen un circo. Y los venezolanos comprendieron que la democracia no es el fin de Donald Trump.

María Corina Machado ya debe ser consciente de que tienen que ser ellos mismos los que recobren las libertades, los que den el último paso, el definitivo. Su lucha, siempre repite, es hasta el final. Esta semana lo dejó nítido: “El verdadero valor de Venezuela es su gente, que jamás pondrá en venta su libertad”.