El presidente De La Espriella anunció una renovación total de la cúpula militar que incluyó el relevo de 25 generales y almirantes. Esta sustitución es más que oportuna, dado que ha habido cambios fundamentales en la tecnología y herramientas para derrotar al narcoterrorismo, al igual que cambios en el ‘teatro’ en que se está desarrollando la guerra contra la delincuencia armada. Durante décadas, la selva, las montañas, los cañones (como aquellos de Micay y Garrapatas) y las quebradas y ríos, por no hablar de la Venezuela de Maduro, fueron los grandes aliados de los bandidos. El Estado tenía soldados y armamento, incluyendo los helicópteros y los ‘Tucanes’, pero los narcodelincuentes, como lo anotaba un agudo analista, tenían algo más valioso: “Sabían dónde estaba el Ejército mientras el Ejército solo tenía una vaga idea de dónde estaban ellos”. Haciendo abstracción del cambio parcial del régimen venezolano, la ventaja que tenían los criminales de mimetizarse en el entorno está desapareciendo: hasta hace muy pocos años, la selva y las frondosas montañas podían ocultar a un cultivo, un laboratorio, una célula, una patrulla y aun a un francotirador. Hoy, una combinación de imágenes satelitales, sensores térmicos, drones de última generación, inteligencia electrónica, interceptación y reconocimiento aéreo y satelital va a hacer muy difícil que los bandidos sigan teniendo esas ventajas. Los drones modernos, como lo señalaba un experto militar, “no solamente atacan: observan trincheras, identifican movimientos, corrigen artillería, vigilan rutas logísticas y transmiten imágenes en tiempo real”. Las guerras modernas se ganan neutralizando al enemigo y, para lograrlo, es necesario localizarlo con milimétrica precisión.
Ucrania e Israel, con obvias diferencias en lugar, tiempo y espacio, han demostrado hasta qué punto la inteligencia, los drones, los sensores, las comunicaciones digitales, la guerra electrónica y el procesamiento automatizado de enormes cantidades de información, principalmente relacionada con la vigilancia adentro y fuera de sus fronteras, han transformado la guerra moderna. Israel posee décadas de experiencia desarrollando sistemas no tripulados, vigilancia, inteligencia de señales, sensores, guerra electrónica, defensa aérea y procesamiento de información. Ucrania, con la enorme experiencia adquirida en su noble y valiente lucha contra Rusia (un adversario con presumiblemente un poder militar y económico infinitamente superior) ha logrado combinar los drones de última generación con inteligencia artificial y admirable logística en los ‘teatros’ de la guerra. Sin poder afirmar que Ucrania está ganando la guerra, es patente que hasta ahora no la han perdido. Ucrania se ha ganado el apoyo de todos aquellos que rechazamos las aspiraciones imperialistas de la Rusia de Putin y sería más que deseable fortalecer los lazos con esta nación para obstaculizar todo contacto de suministro de armamento a los narcoterroristas y lograr que ese apoyo les llegue a nuestras Fuerzas Armadas.
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Apostilla: Imposible no solidarizarse con el juicio expresado por el columnista Mauricio Vargas en su columna del pasado domingo: “Y hablando de zánganos, solo un bueno para nada como Petro, que jamás ha trabajado en la economía real, osa decir que las donaciones por cientos de miles de millones de pesos son migajas. A Petro, el zángano mayor que tanto protegió a quienes robaban bajo su ala, no le gustan las donaciones del mundo empresarial y del trabajo que él detesta”.