Luego de las denuncias de Angie Rodríguez, no hay ninguna duda de que Gustavo Petro no preside un gobierno, sino que dirige una organización criminal que ha entrado a saco al Estado colombiano. El saqueo es sistemático; desde ministerios, pasando por unidades descentralizadas como la UNGRD, hasta las empresas del Estado como Ecopetrol y el Banco Agrario. Nada se salva. Sin embargo, a pesar de ello, solo hay unos pocos en la cárcel, porque la fiscal general de la Nación, Luz Adriana Camargo, le ha servido a su nominador, entorpeciendo el proceso investigativo y acusatorio.
Esa falta de resultados por parte de la justicia ha contribuido a que los escándalos no hagan mella sobre ese 40 % de la población que apoya al gobierno y, paradójicamente, también la cantidad favorece a Petro, pues un escándalo se monta sobre otro, lo que hace que cada uno de ellos se olvide muy rápido y que todos se vuelvan paisaje.
Abelardo de la Espriella ha entendido muy bien no solo que el saqueo no puede continuar, sino que quienes lo perpetraron tienen que pagar por eso. Su propuesta es un gran bloque de búsqueda contra la corrupción y una gran auditoría al Estado para llevar a la justicia a todos los funcionarios, políticos y agentes privados que han participado en el gran robo. Solo con ese “Nuremberg” en versión colombiana para la corrupción se puede restablecer la moral pública, porque, al ser expuestos y castigados los delincuentes, la sociedad entenderá la magnitud del crimen y podrá haber un discernimiento correcto, especialmente entre los jóvenes, entre el bien y el mal, algo que este gobierno se ha empeñado en trastocar.
Claramente, esto no va a pasar si gana Cepeda, porque él es el heredero de Petro y en su campaña están los tres actores del robo: los funcionarios, los políticos y los privados. Lo que es muy triste es que en este aspecto no haya mucha diferencia con la campaña de Paloma, en donde también hay actores de este crimen abominable: basta ver la portada de Semana hoy para ponerles nombre y apellido a algunos de ellos: Wadith Manzur, Carlos Trujillo o Ape Cuello. Por eso, Paloma, quien por años se ha puesto de perfil ante la corrupción en su propio partido, no solo no propone llevar a la justicia a esta casta mafiosa que saqueó al Estado con Petro porque quedará hipotecada a ellos, sino que se esfuerza permanentemente por darles un mensaje de tranquilidad en sus declaraciones, con frases como esta: “Si miramos atrás, encontramos heridas; si miramos adelante, encontramos el futuro que Colombia merece”.
Colombia tiene una oportunidad de oro con El Tigre Abelardo de sacar del poder a esta casta mafiosa que impide el progreso y que tiene sus tentáculos tanto en la campaña del heredero como en la de los de siempre, porque él sí va a llegar a mirar para atrás, precisamente para encontrar esas llagas purulentas y de esa manera curar a una sociedad enferma que no puede seguir en manos de los de siempre.