No es sensato desconocer que muchas de las políticas populistas de este Gobierno, especialmente en el campo laboral, le han dado dividendos, y que en esta campaña presidencial también le han aportado votos al candidato continuista, el marxista Iván Cepeda. En este artículo se van a mencionar algunas de las consecuencias de este populismo demagógico.
El haber aumentado el salario mínimo muy por encima de la inflación y de la productividad, sin que se produzca más valor por hora trabajada, necesariamente se traduce en mayor informalidad, desempleo e inflación. En el caso concreto de Colombia –asumiendo una inflación del 5,1 % y un aumento en productividad del 2,66 %–, el incremento del salario mínimo en un 23 % subió el costo laboral real en un 15,33 %, una cifra mucho más alta que la capacidad de la mayoría de las empresas para absorberlo.
Una empresa grande puede incorporarlo paulatinamente, automatizar, subir precios o financiarse. Una micro o pequeña empresa, especialmente aquellas de servicios, no. Lo que estamos viendo es menos contratación formal, más informalidad, reducción de turnos, cierre de puntos, sustitución por familiares, automatización temprana, aumento de precios o menor inversión. Es inevitable que, ante tamaña estupidez de un irresponsable gobierno populista, se vayan a reducir los empleos formales disponibles para quienes menos capacidad de negociación tienen.
Con los recargos dominicales y festivos pasa algo parecido, pero más concentrado en ciertos sectores. La Ley 2466 de 2025 elevó gradualmente el recargo dominical y festivo: pasó al 80 % en 2025, subirá al 90 % desde julio de 2026 y llegaría al 100 % en 2027. Además, la jornada nocturna vuelve a contarse desde las 7:00 p. m. con recargo del 35 %.
¿Quién termina recibiendo el golpe de los aumentos divorciados de la inflación y la productividad? Restaurantes, tiendas de barrio, panaderías, hoteles pequeños, droguerías, peluquerías, comercio minorista, bares legales, servicios de vigilancia, transporte, turismo y negocios que viven precisamente de vender cuando la gente descansa: noches, domingos y festivos.
Colombia tiene una estructura empresarial dominada por micro y pequeñas empresas, negocios de supervivencia, con baja capitalización, baja tecnología, poca administración profesional y poco acceso a crédito. Las microempresas, con precaria contabilidad, sin tecnología, sin escala y con baja capacidad de inversión, difícilmente podrán enfrentar cuatro años más de populismo demagógico.
El país está en la enorme encrucijada de tener demasiados trabajadores, formales e informales, que producen con poco capital y tecnología, exigua educación y entrenamiento, y muy deficiente infraestructura. Sin remediar o, por lo menos, aliviar estas carencias, los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación y la productividad, añadidos a cargas laborales desmedidas, terminan perjudicando al empleo, ya sea formal o informal. ¡Piénselo dos veces antes de votar por Iván Cepeda!
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Apostilla 1: muy seguramente, la principal amenaza para Colombia en materia de seguridad es que, durante los últimos cuatro años, el “pirómano mayor” ha sido también el “jefe de los bomberos”.
Apostilla 2: ante la mirada bovina de las autoridades departamentales y municipales, el cartel de los “pinchallantas” (bandas criminales que se dedican a “pinchar” las llantas de los viajeros) ha expandido su área de operaciones al Bajo Tequendama, principalmente en La Gran Vía y en La Mesa. Estos miserables, cuyos integrantes incluyen a “campaneros”, primero señalan a las víctimas y, una vez identificadas, otro integrante de la banda desde su moto es el que coloca el “pito” que desinfla la llanta en segundos. Los “campaneros” le señalan al conductor que su llanta está bajita y le indican la ubicación del “montallantas” más cercano, de donde el viajero rara vez sale sin haber aliviado su billetera con exigencias que se acercan al millón de pesos. Dentro de lo posible, ¡NUNCA acuda al “montallantas” recomendado!