En el ejercicio de la medicina todo son probabilidades. Nunca podemos garantizar que un tratamiento cure: los seres humanos respondemos de manera diferente, hay interferencias que afectan la eficacia de los medicamentos y las diferencias en el manejo de la enfermedad afectan los desenlaces. Cuando formulamos una intervención o un medicamento estamos prescribiendo una sustancia que tiene demostrada alta probabilidad de curar o reducir el daño, pero nunca al 100 %.
La prevención es uno de los campos más complejos. Prevenir no implica solo afectar los factores de riesgo y la aparición de la enfermedad, las denominadas prevención primaria y secundaria. Existe la prevención terciaria, donde a una persona enferma y diagnosticada se le previene el agravamiento de sus dolencias y, la cuaternaria, donde se protege de intervenciones innecesarias y daños por exceso de medicación. Pero todos entendemos la prevención sólo como el acto de evitar que las personas se enfermen.
Los diagnósticos suelen ser probabilísticos. Los médicos nos acercamos a un diagnóstico definitivo en un proceso de prueba y descarte. Y no pocas veces lo logramos rápidamente, por ello la medicina es una ciencia, pero también un arte. Es tan complejo el proceso que, para mayor efectividad, los campos del conocimiento médico se han estrechado hasta subespecialidades, pequeñas comunidades que pueden dominar mejor el conocimiento y las herramientas médicas.
En la salud pública llevamos 50 años repitiendo que siempre es mejor prevenir que curar, un concepto apropiado, de manera ligera, como verdad absoluta, particularmente por aquellos que no conocen a profundidad los límites de lo que la ciencia médica es capaz de prevenir.
Es ineludible que todos enfermaremos y moriremos a causa de una lesión o de una enfermedad. También es cierto que las diferencias en educación y sentido de autoprotección marcan diferencias frente a los riesgos del ambiente, nuestra genética y la avidez por tomar conductas de riesgo. Pero estas modificaciones son muy difíciles y costosas en la salud pública, porque implica la transformación cultural y de conducta de las personas.
Existen muy pocas tecnologías con alta capacidad de evitar la aparición de enfermedad. Ese grupo casi se reduce a las vacunas y cuya eficacia comprobada casi siempre supera el 80 %. Solo hemos podido erradicar enfermedades de la faz de la tierra gracias a ellas y pocos tratamientos muy específicos. De allí en adelante lo que tenemos son tecnologías médicas cuya eficacia relativa oscila entre un 50 % y un 80 %.
Cuando la efectividad es limitada, la pregunta cambia de cómo curar a cómo invertir en salud. Los recursos siempre serán escasos. Invertir para diagnosticar temprano la enfermedad suele traer mayor beneficio que hacerlo en prevenciones de baja efectividad. En contra tenemos las narrativas ideológicas, porque ningún sistema del mundo alcanza para cubrir todos los riesgos y tratamientos.
Colombia tiene una ventana de oportunidad para definir su paradigma preventivo y orientar la inversión hacia el diagnóstico temprano y tratamiento. El gobierno anterior erró al poner a competir la prevención con la curación, como si fueran dos monedas diferentes. Son dos caras de una misma moneda, pero son los criterios de costo efectividad y equidad los que deben guiar las decisiones.
Esas decisiones corresponden al ministerio de Salud y, en particular, al equipo del Viceministerio de Salud Pública y Prestación de Servicios. Un área que demostró la mayor negligencia en los cuatro años anteriores generando riesgo en la salud de los colombianos. Hoy, una ministra con altas competencias en los aspectos financieros de la salud, deberá contar con un equipo muy robusto de gestión del riesgo, manejo de la enfermedad y la prestación de servicios.
En la salud pública no caben los fanatismos porque la evidencia y el conocimiento deberán ser los faros que guíen las decisiones para beneficio de los colombianos. El gobierno de De la Espriella tendrá la enorme responsabilidad de elegir bien -más allá de los fundamentalismos- a esa persona que tenga una perspectiva muy técnica porque tendrá en sus manos la salud de todos nuestros compatriotas.