Entre las muchas experiencias políticas, sociales y personales que me ha tocado vivir, creo que la más importante fue haber sido uno de los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente que promulgó, por consenso, la actual Constitución Política Nacional. En mi caso, hice parte de la bancada de la AD-M19, liderada en ese entonces por una persona llena de cualidades éticas y personales como Antonio Navarro Wolff.

Debo decir que los 70 constituyentes, de la diversidad política, social y étnica de Colombia, que integramos la Asamblea, fuimos elegidos por el sistema democrático del voto popular. Posteriormente, y también por consenso, tomamos la decisión democrática de vincular a otras personas, que no pasaron de cuatro, como resultado de unos acuerdos de paz.

El espíritu fraterno, unitario y respetuoso que siempre reinó en la Asamblea Nacional Constituyente nos permitió elegir, por consenso, una presidencia colegiada conformada por Álvaro Gómez Hurtado, principal dirigente en ese entonces del Movimiento de Salvación Nacional, absurdamente asesinado en Bogotá D. C. el día 2 de noviembre de 1995. Los otros dos integrantes de esa presidencia colegiada fueron el destacado dirigente liberal Horacio Serpa Uribe, fallecido el 31 de octubre de 2020, y Antonio Navarro Wolff, de la AD-M19, quien, a pesar de sus quebrantos de salud, afortunadamente sigue con vida para bien de la democracia colombiana.

Un hecho político que se debe destacar de esa presidencia colegiada y diversa fue el espíritu solidario, fraterno y unitario que la caracterizó. El mismo que afortunadamente primó entre todos los y las integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente, hasta el punto de que la actual Constitución Política Nacional fue aprobada por consenso el 4 de julio de 1991, en el recinto de la Casa de Nariño, con la presencia, en calidad de testigo, del entonces señor presidente de la República, César Gaviria Trujillo.

Ese extraordinario proceso democrático, unitario y pluralista que constituyó la Asamblea Nacional Constituyente, en el que no hubo vencedores ni vencidos, reflejó muy bien la Colombia que aspirábamos a construir y que aún seguimos consolidando. Con todo respeto, considero que el resultado de este proceso profundamente democrático no puede ser reemplazado por unas cabezas “calientes” que pretendan, mediante la recolección de firmas, imponernos unilateralmente una Asamblea Nacional Constituyente y, por consiguiente, una nueva Constitución Política Nacional.

No debemos olvidar que tanto la democracia como la política de saber “unirnos en la diferencia” no pueden construirse desde la política de las exclusiones y menos mediante descalificaciones políticas y sociales.

Aunque noticias de última hora dan cuenta de que esta infortunada iniciativa ha sido retirada, posiblemente por razones de la coyuntura electoral, los defensores de la actual Constitución del 91 debemos mantenernos alerta.

Como exconstituyente de 1991, invito a los demás colegas constituyentes, que aún estamos vivos, y a los diversos sectores políticos y sociales de la población a que nos unamos en la diferencia, ahora y en el inmediato futuro, en defensa de la Constitución Nacional.

De igual manera, los invito a contribuir a la construcción y el desarrollo de acuerdos que permitan hacer realidad los anhelos democráticos y las ideas pluralistas que quedaron consagradas como resultado de ese proceso histórico y excepcional.