Hace unos días asumí la presidencia de la Asociación Colombiana de Universidades, Ascun, después de dos años en su vicepresidencia. No cambio de lugar; cambio de responsabilidad. Lo que ejecutamos juntos desde el Consejo Directivo me corresponde ahora sostenerlo y desarrollarlo en primera línea, en un momento en que la educación superior colombiana exhibe su mejor cifra histórica y, al mismo tiempo, enfrenta algunas de sus preguntas más difíciles. En estos años he aprendido que Ascun no es la suma de sus universidades, sino el lugar donde instituciones públicas y privadas aprenden a pensar a Colombia en plural. Escuchando a rectores del Caribe y del Pacífico, de los Andes, los Llanos y la Amazonía, he entendido que en muchos municipios una sede universitaria es la única puerta abierta que tiene un joven. Ese es el tamaño de lo que está en juego.

El pasado 13 de octubre, ante la Comisión Sexta de la Cámara, la ministra de Educación presentó diez fracturas del sistema educativo. Agradezco la franqueza. Pero cualquier médico sabe que una fractura no se cura con la radiografía, sino cuando el hueso se inmoviliza, recibe tiempo y es cuidado. Los retos y desafíos son críticos y no dan más espera; llegó el momento en que en este ámbito de un diálogo transparente de todos los actores del sistema podamos construir un nuevo diseño para el sistema de educación superior colombiano. Ninguno de estos retos lo resuelve sola una universidad, ni sola la pública, ni sola la privada, ni solo el Gobierno. Colombia tiene un sistema mixto y eso no es un accidente de la historia, sino una de nuestras mayores fortalezas. Un país que tiene dos alas no puede pretender volar con una sola. Defender el sistema mixto no es defender a unas instituciones frente a otras; es defender el derecho de cada joven a encontrar una puerta abierta, en su territorio y a su medida.

Por eso la tarea exige una alianza explícita entre el Estado, el Ministerio de Educación, el Congreso, las instituciones de educación superior, el sector productivo y los territorios. Hoy más que nunca hay que llegar a las mesas técnicas con el Congreso y al seguimiento de las obras con datos, con nuestro Observatorio Legislativo y con propuestas construidas en las regiones. La articulación con el Gobierno no significa renunciar a la responsabilidad universitaria; significa ejercerla con responsabilidad. Estoy seguro de que habrá desacuerdos, y los tramitaremos con la palabra desarmada, con argumentos, con evidencia y con respeto. Con el Gobierno, siempre en diálogo; con el país, siempre en compromiso.

En 2027, Ascun cumplirá 70 años. Nació en 1957 de una convicción que hoy vuelve a ser urgente: que las universidades juntas pueden más que separadas. Esa convicción tiene que ampliarse ahora a todo el país. Las fracturas se sueldan cuando algo las sostiene el tiempo suficiente; que la universidad colombiana, en alianza con el Estado y con la sociedad, sea esa estructura que sostiene. No estamos para administrar fracturas, sino para sostener esperanzas. Y esa tarea, o la hacemos entre todos, o no la hará nadie.

Propongo pasar del diagnóstico a una alianza entre el Estado, las universidades, el sector productivo y los territorios para rediseñar la educación superior que los colombianos nos merecemos en este momento de su historia.