El presidente electo, Abelardo De La Espriella, tiene la lupa sobre la crisis energética que estamos viviendo y que enfrentará su gobierno; en diferentes espacios he insistido en que las decisiones frente a este importante sector tendrán que ser rápidas y audaces jurídicamente. Por ejemplo, mi recomendación sería la declaratoria de una emergencia energética para darle agilidad a la construcción de infraestructura estratégica, atraer inversiones con incentivos fiscales que contengan cláusulas de estabilidad jurídica y establecer un sistema fast-track para los procesos de licenciamiento ambiental y consultas previas.

Es lamentable que solo exista en el país un solo proyecto para ingresar al sistema energético, Hidroituango, que enfrentó un problema peor que la contingencia, la mezquindad de Daniel Quintero, quien no solo hizo hasta lo imposible para que esta megaobra fracasara, sino que tomó la errónea decisión de cambiar de contratistas; aliado con la junta directiva, Carrillo y el secretario general de EPM, quienes deberán responder por un sobrecosto de 108.000 millones de pesos y por el posible apagón.

El sector minero-energético solo requiere de voluntad política para su reactivación. Creería que abandonar esta importante actividad económica es una estrategia de la izquierda de la región, pero no, el presidente Lula y la presidenta de México, más izquierdosos y hasta más inteligentes que Petro, han firmado más de 185 contratos de exploración de hidrocarburos y adelantan los estudios técnicos para tomar una decisión frente al fracking. Solo al lunático que en 30 días se va de la Casa de Nariño se le ocurrió la idea de que no firmar más contratos de exploración salvaría al planeta, pero no responde ante el aumento del 34 % del gas natural que consume el país día a día.

Ojalá se conozca de manera rápida el nombre del próximo Ministro de Minas y Energía, para que trabaje en la recuperación de este importante sector, garantice la soberanía energética, tome decisiones rápidas y evite un apagón eléctrico que, de llegar a ocurrir, generaría un fracaso financiero a nivel nacional; trabaje con los gremios para resolver la crisis de suministro de gas natural y reactive la exploración y explotación de petróleo y minerales.

Recuperar el dinamismo del sector minero-energético es la clave para jalonar el crecimiento económico desde las regiones y fortalecer las finanzas públicas. Con medidas adecuadas, el sector puede aportar más del 50 % de las exportaciones totales, el 30 % de la inversión extranjera directa y el 20 % de los ingresos corrientes de la Nación, sin incluir las regalías, que pueden representar cerca de un tercio de los presupuestos de inversión de alcaldías y gobernaciones, y alrededor del 7 % del PIB.

Uno de los milagros de la propuesta de la “Patria Milagro” del gobierno entrante será, sin duda, evitar que Colombia se apague, recuperar la autosuficiencia energética con la aprobación de los no convencionales, que lograrían aumentar las reservas de gas natural hasta por 25 años, y llegar a una producción de petróleo de 1,3 millones de barriles diarios (BPD). La emergencia energética no es un espejismo: es una realidad gestada por Petro y sus esbirros, que lograron poner en jaque la soberanía energética y frenar la transición energética en todo el país.

No bastará con tener ministros técnicos y firmes para la toma de decisiones; para evitar el apagón se requiere de altos funcionarios con la determinación de firmar y decidir.