Hace unos días, el líder de Ucrania, Volodímir Zelenski, puso en redes un video de un dron ruso siguiendo a un vendedor de frutas en Kherson hasta explotar y herirlo. ¿Qué querían? Intimidar a la población civil. Mandarles un mensaje a los ciudadanos ucranianos que viven en la frontera: no se acerquen, pues son objetivo militar.

En Colombia, el ELN, las Farc y los narcos le llevan gran ventaja al Gobierno colombiano en el uso de esos sofisticados y nuevos

instrumentos de guerra. Hace apenas unos días, el diario inglés Financial Times hizo un artículo sobre narcos y miembros de las guerrillas infiltrados en la guerra de Ucrania con un objetivo: aprender el uso de drones para su negocio y para su guerra ofensiva y defensiva. Combaten en los batallones de extranjeros en Ucrania para aprender el manejo de drones con manejo humano que pueden atacar con precisión todo tipo de objetivos. Obviamente, también tienen los recursos para comprar ese conocimiento, lo que ya están haciendo, como lo relata el medio France 24.

Es más, en los últimos dos años estos grupos criminales atacaron con drones objetivos militares y civiles más de 250 veces. El ELN atacó un depósito inmenso de petróleo en Arauca, que cayó a pocos metros, lo que evitó un desastre ambiental y humano inmenso. Los ingenieros militares, al analizar lo que se había encontrado en un campamento del ELN, se dieron cuenta de la sofisticación con la que ya están construyendo drones y explosivos más efectivos y letales. Utilizan impresión 3D y tienen en la frontera, obviamente con ayuda de Venezuela, líneas de ensamblaje que predicen un aumento en el uso de ese letal explosivo.

Los narcos, igualmente, ya tienen esta tecnología. Según CBS, ya están utilizando drones submarinos que, con Starlink como guía, pueden llevar coca a cualquier destino del planeta. Obviamente, si lo usan en el mar, no demoran en utilizarlo en los ríos, algo que las Farc y el ELN también necesitan para controlar esas autopistas de coca, de armas e incluso de combatientes o secuestrados.

Nada de esto nos debe sorprender. Hezbolá ya utiliza estos drones en su guerra con Israel e incluso ha logrado desequilibrar la superioridad aérea israelí en la frontera con el Líbano. Han sofisticado esta tecnología a tal punto que han logrado aumentar el daño que sus ataques causan en instalaciones militares y civiles.

Obviamente, del Gobierno pasado no se podía esperar una acción integral en esta materia, tanto para defender instalaciones como para atacar a organizaciones criminales y controlar el territorio. Se anunció la creación de un batallón de aeronaves no tripuladas, Banot, e Indumil comenzó a construir municiones especializadas para este nuevo tipo de guerra. Ah, y el Gobierno anunció el control a la importación de drones. Buenas iniciativas, pero inútiles, pues son un paño de agua para combatir toda una nueva estrategia militar que puede cambiar radicalmente la seguridad en Colombia si no se contrarresta.

No nos equivoquemos. Los grupos criminales llevan la delantera en este nuevo frente militar. Control de la importación de drones, un chiste. Un batallón antidrones, otro chiste, pues no es suficiente. Desarrollo de unas nuevas granadas y explosivos para drones por parte de Indumil, buena idea, pero insuficiente. El nuevo Gobierno, de la mano del sector privado, debe construir toda una nueva estrategia política, económica, educativa y militar para contrarrestar lo que se viene en materia de seguridad. Si no lo hace, nadie, incluyendo al presidente, va a estar seguro en el país.

El primer error es dejar esto en manos de los militares y de la industria militar. Esto debe ser un esfuerzo de toda la sociedad colombiana, como hoy lo es en Ucrania, que increíblemente, pues nadie lo esperaba, logró frenar uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Segundo, hoy los expertos en esta tecnología son los ucranianos, en primera instancia. Los segundos, los turcos; están muy lejos, aunque hoy tienen mucho que enseñarnos. Romper los paradigmas es fundamental para lograr resultados a corto plazo. La transferencia de tecnología es clave y el nuevo conocimiento, aún más.

El Gobierno debe crear los incentivos para construir una industria nacional de drones, así sea en alianza con empresas ucranianas, turcas, europeas, americanas o israelíes. Pero el mundo tradicional de compra y venta de material militar se debe terminar, y la construcción de conocimiento e infraestructura nacional en esta materia hoy es clave en la supervivencia de un Estado.

Lo segundo es que la crisis económica que hoy tiene el mundo universitario es una gran oportunidad para crear conocimiento necesario en materia de tecnología y de inteligencia artificial (IA). Convocatorias a grandes contratos de investigación aplicada dirigida a este tema pueden y deben ser la tabla de salvación para unas universidades que hoy pierden alumnos e ingresos todos los días. Colombia es hoy el segundo país de América Latina con los mejores profesionales en IA –el primero es Brasil– que trabajan para empresas por fuera del país. Se imaginan generar los incentivos y recursos para que ayuden a construir un sector de defensa y tecnología del siglo XXI que luego se pueda exportar a toda la región.

La amenaza es inminente. La oportunidad, también. Presidente Abelardo De La Espriella, liderar esa transformación es fundamental. ¡Ese sí es el país del milagro!