Si mi columna pasada sobre la manera en que Estados Unidos se está involucrando en la región molestó a Gustavo Petro, esta terminará de sacarlo de juicio. Por eso, esperaré estoico otra arremetida suya en redes y los ataques de sus súbditos digitales. La verdad duele. Me explico.
La semana pasada, The New York Times confirmó algo que venimos anticipando en esta columna: la llegada contundente de Estados Unidos a la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en la región, especialmente en Colombia. Según el diario, uniformados de la Décima Brigada del Ejército están siendo desplegados para iniciar entrenamientos en Panamá.
El informe señala que los militares se preparan para operar en la jungla, realizar operaciones conjuntas y apoyar a las fuerzas especiales. En agosto, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, visitó a las tropas. Tras participar en una jornada de ejercicios junto a sus hombres, hizo una declaración que deja claro el alcance, los objetivos y la metodología de la misión estadounidense en la región.
El alto funcionario dijo: “Como vieron con los ataques contra las embarcaciones del narcotráfico, el mismo efecto se aplicará en tierra. Por eso estamos trabajando con Ecuador, con Colombia y con nuestros socios para llevar la lucha contra las organizaciones de narcotráfico también al territorio terrestre. Dondequiera que trafiquen drogas, dondequiera que amenacen al pueblo estadounidense o a nuestros aliados, ustedes serán un objetivo, exactamente igual que Isis o Al Qaeda. Hemos pasado 25 años perfeccionando nuestra capacidad para identificar, localizar y atacar redes terroristas al otro lado del mundo. ¿Por qué no tomar esas capacidades, junto con lo mejor de las Fuerzas Armadas estadounidenses, y aplicarlas aquí? Por eso hablaba en serio cuando dije que estamos poniendo sobre aviso a los carteles, desde las rutas del tráfico de cocaína hasta el fentanilo y las plazas del narcotráfico en México. Esta es una lucha contra redes criminales interconectadas, y estamos dando al Comando Sur y al Comando Norte de Estados Unidos las capacidades necesarias para actuar conjuntamente en todo el hemisferio occidental y ejecutar esta misión sin contemplaciones”. Contundente.
La revelación se conoce después de que también se confirmara la llegada a Colombia de drones Reaper, aeronaves no tripuladas con un amplio historial en operaciones contra objetivos de alto valor para las Fuerzas Armadas estadounidenses. No hay lugar para confusiones: Estados Unidos le ha declarado la guerra al narco.
El despliegue de tropas y herramientas de combate es la mayor operación de Washington contra el narcotráfico y el terrorismo desde el Plan Colombia. Nunca antes el narco y sus redes multinacionales habían enfrentado a un enemigo de esta magnitud: una potencia con la fuerza militar más capaz del mundo y una determinación política que rara vez se conjugan.
Este es apenas el primer capítulo. Después vendrá, inevitablemente, el capítulo judicial, que podría desenmascarar las alianzas entre sectores políticos de la región y las estructuras del narco. Ese proceso avanza a pasos agigantados tras la captura de Nicolás Maduro y la revelación de la estructura política que lo protegía. Las primeras evidencias aparecen en la ampliación de la imputación de cargos contra el exdictador venezolano, que lo vincula directamente con las Farc y con el intercambio de armas por droga.
Es precisamente ese capítulo el que tiene especialmente inquieta a la narcoizquierda radical latinoamericana: el que podría sacar a la luz los privilegios y apoyos políticos que permitieron al narco seguir operando a cambio de respaldo económico y social. El Pollo Carvajal ya cantó, Álex Saab está bajo custodia estadounidense y Maduro está a días de enfrentarse a su primer invierno brutal en una prisión supermax de Estados Unidos, donde el frío del concreto húmedo se impregna en los huesos y doblega a cualquiera.
Por eso, lo que dice Eva Ferrer no suena extraño: drogas van, dinero viene. El narco financia campañas y construye alcance político. Estados Unidos lleva tiempo siguiendo pistas, y ahora, con las botas sobre el terreno, muchos otros empezarán a recordar y a delatar.
Gringos, come home.