El eslogan principal del Gobierno Petro es ‘Colombia: potencia mundial de la vida’. Sobre esta frase, que suena atractiva y positiva, se construyó una realidad paralela. Durante los cuatro años de Petro, el balance arroja que Colombia no es potencia mundial de la vida, sino ‘potencia mundial de la coca’.

Veamos las cifras. De acuerdo con datos emitidos por la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, el comercio mundial de drogas ilícitas mueve alrededor de 500 billones anuales, con un mercado de 331 millones de consumidores. Dentro de ese universo, la oferta mundial de cocaína ha crecido más de cuatro veces desde 2014, llegando a superar las 4.000 toneladas.

Colombia abastece casi el 70 % de la producción mundial de coca y lidera de lejos la producción de cocaína. Ha llegado incluso a hablarse de cifras que oscilan entre las 2.600 y las 3.700 toneladas anuales, debido al incremento del rendimiento de los cultivos. La producción de cocaína durante el Gobierno Petro tuvo un incremento ostensible, como consecuencia de la flexible política de paz total, permitiendo a los grupos criminales tener control de los territorios.

De acuerdo a un informe reciente de la Universidad Eafit, la economía asociada a la cocaína representó el 4,4 % del PIB nacional en el 2024, lo cual ha generado ingresos a los grupos ilegales al margen de la ley encargados de la producción de alrededor de 16.500 millones de dólares.

Los ingresos estimados por concepto de la cocaína superan al petróleo en 1.500 millones de dólares. A las remesas las supera en 5.000 millones de dólares. Con relación al café, los ingresos por concepto del negocio de la cocaína son 4,8 veces más (casi un 400 % más), que el valor de las exportaciones del grano.

La estela de violencia que esto ha dejado en Colombia es de grandes proporciones. Tan solo este año hemos tenido 68 masacres. El conflicto armado y la criminalidad durante el Gobierno Petro es superior al millón de víctimas, siendo buena parte de ellas desplazados por la violencia. En materia de homicidios, se presentaron más de 40 mil en el periodo de gobierno del líder del Pacto Histórico, con picos críticos llegando a superar, incluso, la cifra de 80 masacres por año.

Las recientes revelaciones de la Unidad Investigativa de Caracol Noticias y de Noticias RCN reflejan cómo el Gobierno pactaba con los grupos armados al margen de la ley beneficios que van en contravía de nuestras instituciones, de nuestras gentes y de nuestra Constitución Política.

El legado de Gustavo Petro no es otro que una institucionalidad resquebrajada, una sociedad fracturada por la violencia, las finanzas públicas prácticamente en ruinas, grupos armados enormemente fortalecidos y una Colombia inundada por la coca. Recuperarnos de semejante hecatombe no será tarea fácil.

Luego de la auditoría forense realizada por el gobierno electo, conoceremos las reales consecuencias de haber experimentado por cuatro años al socialismo del siglo XXI. Ojalá todos los colombianos tengamos claro que un modelo de país como el desarrollado por Gustavo Petro y su equipo durante estos años, no debe repetirse nunca jamás.