Es una constante a través del tiempo que todo aquel que teme perder el partido, empieza por desacreditar al árbitro. Y eso fue exactamente lo que hizo Petro con la Registraduría y muy especialmente con el registrador Hernán Penagos. El problema que le tocó enfrentar a Petro fue que Penagos no se arrodilló y que le respondió recordando que la Registraduría era autónoma y que ningún gobernante tenía derecho a impartirle instrucciones sobre cómo realizar las elecciones. Además, Penagos le dejó saber a Petro, a los colombianos y a todos los países que habían mostrado interés en que en Colombia se llevaran a cabo unas elecciones libres y transparentes, que los votos no eran contados por una camarilla secreta escondida en un sótano de la Registraduría. “Centenares de miles de ciudadanos actuaban como jurados, llenaban y firmaban las actas manualmente, bajo vigilancia de testigos electorales y organismos de control. Las actas quedaban físicamente disponibles y sus resultados podían contrastarse con los sistemas de transmisión”.
Según informes de prensa, la Organización de los Estados Americanos desplegó 95 observadores de 22 nacionalidades para la segunda vuelta, presentes en 26 departamentos, Bogotá y varias ciudades del exterior. “No se limitaron a contemplar urnas desde una ventana: analizaron organización electoral, logística, tecnología, justicia electoral, financiación, violencia y comunicación política”. La misión de la Unión Europea fue todavía más allá en su informe técnico: consideró que el sistema de gestión de resultados era fiable y eficaz y que cumplía las normas internacionales de transparencia, integridad y trazabilidad. También valoró positivamente las pruebas técnicas realizadas por la Registraduría.
Lo que verdaderamente enfureció a Petro es que no apareció la gigantesca maquinaria fraudulenta anticipada desde la Presidencia y tampoco surgió evidencia que demostrara una alteración generalizada de la voluntad popular. Y al no haber ocurrido esto, el país con la Registraduría al frente terminó haciendo lo que hacen las democracias cuando funcionan: contó los votos y certificó que los ciudadanos habían votado por un cambio de gobierno.
Penagos merece el reconocimiento de los colombianos porque en 2026 fue la persona que puso en pública evidencia que, indistintamente del poder presidencial, había algo que no podía hacer, que era contar los votos como le viniera en gana y declarar ganador a su escogido, Iván Cepeda. Penagos no dejó que Petro actuara como un vulgar dictador de una república bananera subordinando la Registraduría a sus deseos electorales. Penagos, de frente y sin ambages, mantuvo la Registraduría fuera de la obediencia al Ejecutivo y sometió el proceso a controles, auditorías, testigos y observación internacional. Hernán Penagos le dejó saber al mundo entero que todavía existían en Colombia instituciones independientes como la Registraduría, en donde la palabra de un aspirante a dictadorzuelo no era ley.
Por todas esas razones consideramos que Hernán Penagos es un héroe de nuestro tiempo y merece toda nuestra gratitud y respeto.