Por mi propia experiencia como gobernador del Valle del Cauca entre 2004 y 2007, considero de gran importancia democrática el compromiso público de Abelardo De La Espriella, expresado durante la campaña presidencial, según el cual, en caso de ser elegido presidente de la República, gobernaría desde las regiones. Afortunadamente, ese compromiso ha sido ratificado ahora que el Consejo Nacional Electoral lo ha reconocido como presidente electo de Colombia para el período comprendido entre el 7 de agosto de 2026 y el 7 de agosto de 2030, junto con José Manuel Restrepo como vicepresidente de Colombia.

Ese compromiso democrático constituye, en mi opinión, una manifestación muy importante de lo que podrá ser su gobierno, máxime cuando es en las regiones y en los municipios donde se presentan los principales desafíos relacionados con la seguridad, la convivencia pacífica, el desarrollo económico, la salud, la educación, el desarrollo rural, los servicios públicos, la vivienda y la calidad de vida de la población, entre muchos otros. Al final de cuentas, las realidades cotidianas de la gente se viven en los municipios y departamentos de Colombia.

En ese sentido, el propósito democrático del presidente Abelardo de gobernar desde y con las regiones, acompañado de su equipo de gobierno, incluyendo a los militares y policías, debe llevarnos a todas las personas, hayan votado o no por él, a ‘unirnos en la diferencia’, y conformar comités cívicos amplios que respalden esa forma democrática de gobernar. Y, de esta manera, poder garantizar que los compromisos que se adquieran con los alcaldes, gobernadores y las comunidades no se vayan a quedar en simples deseos o en letra muerta.

En esa perspectiva, resulta conveniente que, desde los diversos sectores políticos, económicos y sociales del país, manifestemos públicamente tanto al presidente Abelardo como al vicepresidente José Manuel que la campaña electoral terminó el pasado 21 de junio y que, para gobernar desde las regiones, se requiere de la colaboración y la participación tanto de quienes votaron por él como de quienes no lo hicieron, máxime cuando el presidente de la República simboliza la unidad nacional.

Por mi propia experiencia en los asuntos de Estado, me reafirmo en la convicción de que gobernar desde y con las regiones constituye la manera más democrática de gobernar en Colombia, especialmente porque los problemas sociales y económicos de la población urbana y rural se encuentran precisamente en las regiones, que es donde vive la gente.

Con todo respeto por las opiniones contrarias, considero que esta forma de gobernar desde y con las regiones constituye también una manera democrática de fortalecer la figura del presupuesto participativo, cuyo principio fundamental consiste en que todos aportan y todos ejercen control. Asimismo, permite mejorar el control sobre los recursos públicos y avanzar en la eliminación de la nociva práctica de la ‘carretologia’ en nuestro país.

Confiado en el valor de la palabra del presidente Abelardo, desde ahora invito a todas las personas que vivimos en las regiones a que, por encima de nuestras coincidencias y diferencias políticas, sepamos ‘unirnos en la diferencia’ para que este propósito democrático no se convierta en letra muerta ni, como se dice popularmente, sea simplemente flor de un día. Igualmente, invito a que le hagamos saber tanto a los actuales alcaldes y gobernadores como a quienes asumirán esos cargos a partir de 2028 que gobernar desde las regiones y con las regiones constituye un verdadero aporte al fortalecimiento de la democracia participativa y al proceso de descentralización de la gobernabilidad en Colombia.