Durante años, Bogotá se ha enfrentado a una crisis de inseguridad sin precedentes; barrios enteros dominados por estructuras criminales, el microtráfico sin control y la instrumentalización de habitantes de calle por parte de estos grupos han convertido a Bogotá en la Ciudad Gótica criolla. Sin embargo, a diferencia de los cómics y series de Batman, acá no existen villanos coloridos ni un billonario vestido como murciélago. En cambio, hay bandas de crimen organizado que ejercen gobernanza criminal en varios sectores, asesinando a quienes las enfrentan y exponiendo sus cuerpos en canchas de fútbol. Esta columna representa el resultado de un trabajo empírico sobre la situación que viven cuatro localidades de nuestra ciudad y un llamado a la acción a las instituciones y a la ciudadanía a emprender una cruzada contra la inseguridad.

Primeramente, es imperativo diferenciar el concepto de índice de criminalidad y la falta de convivencia. El primero puede definirse por la Unir como una medida estadística que sirve para cuantificar y evaluar el número de delitos e infracciones penales cometidos en un territorio y periodo determinado. Por otra parte, la falta de convivencia resulta ser una ausencia de diálogo, respeto y armonía entre las personas que conviven en el mismo espacio. De la misma manera, es importante destacar que diferentes instituciones son las encargadas de mediar cada fenómeno.

No obstante, ambos pueden dar el mismo resultado: la percepción de inseguridad ciudadana, la cual se define como la percepción de una sociedad en la que sus habitantes enfrentan constantemente el riesgo de sufrir delitos. En ese sentido, un estudio de ProBogotá determinó que las localidades que presentan mayor percepción de inseguridad son, en orden, Engativá, Barrios Unidos, Mártires y Santafé.

De la misma forma, la Secretaría Distrital de Seguridad informó que entre enero y agosto de este año se han denunciado alrededor de 71.000 hurtos; sin embargo, debemos tener en cuenta que el 70 % de los bogotanos que fueron víctimas de un delito no denunciaron ante la Fiscalía, por lo cual esta cifra es minúscula en comparación con los casos que en realidad se presentan en la ciudad. De la misma manera, el incremento de un 46 % del delito de violencia intrafamiliar resulta ser una alarma en términos de convivencia para que las instituciones del Distrito actúen con rapidez.

En segundo lugar, no es secreto para nadie que las bandas criminales instrumentalizan a los habitantes de calle para que cometan delitos y se conviertan en carne de cañón, mediante acuerdos transaccionales o amenazas. De la misma manera, ciertos habitantes de calle desarrollan conductas indebidas, como ocupar de forma inapropiada el espacio público y regar basura en los parques. Tal es el caso del parque Las Ferias en Engativá, que en palabras de sus vecinos “se ha convertido en el nuevo vertedero Doña Juana”, ya que muchos recicladores lo utilizan como centro de acopio y se han reportado varios casos de violencia contra los comerciantes de la zona y contaminación del parque con heces fecales humanas y basura en las chanchas de fútbol. De la misma manera, el puente de la avenida 68, cerca del barrio J. J. Vargas de Barrios Unidos y en la frontera con Engativá, se convirtió en un centro de reunión para habitantes de calle, ladrones y jíbaros, siendo catalogado por los residentes del sector como “el nuevo Cartucho”. Asimismo, la Uaesp busca transformar este puente en un centro de acopio para recicladores, una política pública desafortunada, debido a la falta de socialización de la obra con la ciudadanía y el rechazo de la misma al proyecto.

Ahora bien, para recuperar nuestra ciudad, lo primero que debe desarrollarse en Bogotá es una política de choque; esta puede lograrse por medio de la inclusión de más pie de fuerza perteneciente a otras regiones del país. En segundo lugar, y si bien suena controversial, es necesario que de manera transitoria se militarice la ciudad, específicamente los barrios en los que se ejerce la gobernanza criminal, para que el Estado recupere el control de la ciudad.

Referente a la habitanza de calle, si bien los esfuerzos desarrollados por los recorridos interinstitucionales entre la Secretaría de Integración Social y Salud para la rehabilitación y el cuidado de dicha población vulnerable resultan fundamentales, es necesario escuchar las quejas de los vecinos del sector. Asimismo, queda claro que las subdirecciones locales de estas entidades tienen las mismas responsabilidades que las secretarías. Además, para garantizar el adecuado uso del espacio público y su limpieza, considero pertinente explorar la posibilidad de desarrollar recorridos interinstitucionales entre la Uaesp y el IDRD. Esto ayudaría a asegurar la limpieza de los parques, como en el caso de Las Ferias, y del espacio público en general; también se debería colaborar con la Defensoría del Espacio Público.

A manera de conclusión, queda claro que la situación de seguridad en Bogotá resulta ser bastante compleja, ya que, al igual que un país pequeño, nuestra ciudad se compone de una división de problemáticas dependiendo del territorio. Mientras que varios barrios del sur se encuentran a merced de organizaciones criminales que dominan sus territorios, otros lugares enfrentan situaciones menos complejas, situándose más en un problema de convivencia y de falta de recuperación del espacio público.

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