Han emprendido una persecución demencial para silenciar a amantes y periodistas. Como no pueden amedrentar a la curtida Vicky Dávila más de lo que llevan años haciendo, lo intentan con Natalia Cortés, una joven y rigurosa reportera de SEMANA nada acostumbrada a los feroces ataques de las bodegas petristas.
En cuanto las huestes del depravado expresidente descubrieron que Cortés hacía su trabajo buscando nuevos testimonios, de manera franca y directa, se abalanzaron, lanza en ristre, contra una profesional honesta con la intención de sacarla del camino. Pretendieron acallarla en X –la red favorita de Petro o su alcantarilla de cabecera–, con insultos de grueso calibre, calumnias pueriles y amenazas. No satisfechos con los ataques de cuentas anónimas, el propio contratista de amantes y algunos de sus exfuncionarios, como María Niny Echeverry y Moisés Ninco Daza, retuitearon las falaces invectivas.
Como era de esperar, la presión contra Deicy Jiménez es mucho más fuerte y peligrosa. Los petristas tienen claro que, castigándola duro, mandan un mensaje contundente al resto de mujeres que cambiaron favores sexuales por puestos en organismos estatales, y más de una intentará guardar los escabrosos secretos mientras pueda.
Pero son tantas las jóvenes que, por mucho que las atemoricen y teman que pueden mandarlas al otro mundo si abren la boca, no serán capaces Gustavo Petro y sus secuaces de silenciarlas a todas. Ni tampoco a las personas del círculo cercano del expresidente que observaron o alcahuetearon algún episodio de la red siniestra.
Un ejemplo lo ofreció El Colombiano. El excelente diario paisa tiró del hilo de un chat entre Deicy Jiménez y “Michel Foucault”, un nombre que, según ella, utilizaba Petro. “Me dijo jesusita que no habías llamado a la perdona con la que sienpre dejas los documentos y que te están esperando (sic)”, teclea el falso perfil. Deicy replica: “Hasta ayer jesusita (sic) me envió su número, yo le escribí pero no responde”.
Pues bien, resulta que Jesusita no es un invento. Existe una Jesusita Quirós Gualteros, de la máxima confianza de Gustavo Petro desde sus tiempos de senador. Era la encargada, afirma El Colombiano, “de gestionarle tareas administrativas” y, en el momento de los chats, continúa el rotativo, sería quien recibía hojas de vida para remitirlas a las entidades que le señalara Petro.
Recuerda el citado diario que el nombre de la señora de marras salió a la luz en el escándalo de la avioneta que Petro utilizó en su campaña de 2021, financiada presuntamente por Papá Pitufo. Jesusita Quirós pertenecía a la UTL del senador y candidato y, en aquella ocasión, habría sido la simple receptora de los datos de la aeronave que transportó a su jefe de Cali a Buenaventura.
Si la Corte Suprema hiciera la misma labor juiciosa de El Colombiano y de Natalia Cortés, lograría ir sacando todas las piezas para armar el enorme puzle. Lo siento por Jesusita, que tuvo la desgracia de trabajar para un político prisionero de sus excesos y vicios. Y si se confirmara que se trata de ella y que se vio en la obligación de ejercer de correo de su exjefe, que no supone delito alguno, tendrá que aceptarlo ante los jueces.
Pero no es el único chat que lo delata. “Unanmujer debe trabajar y ser libre /A menos que los chismes ye hayan forjado una idea de lo que mo soy, y la codicia haya dañado tu corazón / Quiero a la muchacha qie me amó y que puse a andar para adelante / Mandame por favor tu hoja de vida (sic)”, rezaba otro mensaje, aportado por Deicy, firmado por Mihail Bukharin.
Esas palabras y frases tan suyas, así como los nombres escogidos para ocultar su verdadera identidad, reflejan la inconfundible megalomanía y los aires de impostado intelectual de Gustavo Petro. El del filósofo francés Michel Foucault y un ruso que debió escribir de manera errónea porque seguro quería referirse al bolchevique Bujarin.
En todo caso, para los que dudan de la veracidad de las denuncias, cabe recordar que faltan las pruebas reina, las que verá la Corte Suprema, la Fiscalía General y la Comisión de Absoluciones. También, en algún momento, los colombianos que financiaron los inconfesables gustos de un jefe de Estado que impregnó su mandato de una lamentable degradación moral y política.
En las grabaciones observarán al Petro lascivo que imaginan, al machista incorregible que repugna. En los tiempos del #MeToo, les quedará difícil a las feministas del Pacto Histórico y a la ministra Susana Muhamad, la que lloraba al compartir gabinete ministerial con Armando Benedetti, seguir defendiendo lo indefendible. Y sumen que, según Deicy, las hacía consumir cocaína.
No podrán alegar que todo es producto de la “cloaca” informativa, como clamó el congresista Alfredo Mondragón y replica el orfeón petrista. Ni tapar una realidad que el país advertía porque Gustavo Petro dejó innumerables pruebas, sin recato ni pudor alguno, de una vida íntima desordenada y disoluta.