Como probablemente a otros periodistas, la noción de que el periódico La República, uno de los diarios más respetados del país, haya publicado este lunes una edición —su segunda edición impresa elaborada con el apoyo de inteligencia artificial, me causó extrañeza y, debo decirlo, desconfianza. Tras una charla con Fernando Quijano, director del medio, encuentro que detrás de lo que a primera vista les parece algunos un ejercicio vano, cuando no de plano dañino, hay una curiosidad genuina y algunos argumentos dignos de discusión.

Quijano me dio datos importantes, como que el universo informativo del proyecto no es otro que el del archivo de La República, además, obviamente, de lo que recoge el periodista con su propia reportería. Para el veterano editor, el rol de la IA es ahorrarle tiempo valioso en la corrección de errores ortográficos y gramaticales y, en general, acelerar un proceso que de otro modo tomaría considerablemente más tiempo.

No voy a decir que salí convertido, pero sí voy a reconocer que Quijano me dio un dato muy ilustrativo: una de las lecciones más llamativas del segundo periódico escrito con IA fue descubrir que las audiencias parecen haberse familiarizado con el rol de la IA, al punto de que muchos preguntan directamente: ¿Y eso qué tiene de nuevo?.

Pero la vida no carece del sentido de la ironía y es así que, documentando el tema para la entrevista, me topé con El primer feca, un ‘medio’ argentino que se describe como “un noticiero hecho con IA”. Se lanzó apenas días antes del segundo experimento de LR y , puede que sobre decirlo, generó un animado debate en redes sociales.

Pero mientras Quijano resalta la importancia, en su proceso, de la reportería, la supervisión y la validación humanas, El primer feca —que se estrenó en Instagram— despliega fallos de calidad informativa evidentes que llevan a suponer que nadie revisa nada.

Los videos, protagonizados por jóvenes generados tan perfectamente que no desentonarían en un microdrama de TikTok, abordan temas reales, como la pobreza, la política y la tecnología. Los subtítulos, sin embargo, no fallan en fallar, y los textos, claramente escritos por IA, a menudo llevan a los avatares a decir cosas sin sentido. Con todo, es difícil no preguntarse —no temer— si no estamos viendo el despuntar de un nuevo tipo de medio, para audiencias a las que les tiene sin cuidado el rigor que otras generaciones machacábamos como indispensable y que, en cambio, valoran la producción ágil y la entrega veloz de los contenidos.

Yo me pregunto si no hay, entre las cosas que puedan no gustar de ambos experimentos, elementos dignos de rescatar. No podría jamás aceptar que los periodistas cedan la responsabilidad de preguntar, escribir y editar las noticias, pero tal vez no haya problema en agilizar con herramientas tecnológicas las fases más demoradas del proceso. Hace años que uso IA para desgrabar mis entrevistas y nunca sentí que estuviera traicionando mi papel periodístico por hacerlo.

Al fin de cuentas, tanto La República como El primer feca están haciendo algo y lo están haciendo de cara a una audiencia, que puede —y sabe Dios que lo hace— valorarlo y juzgarlo. A pesar de los llantos por la santidad del periodismo, el mercado dictó sentencia hace rato y, a medida que las redacciones se van vaciando, las audiencias se informan cada vez más desde la pestaña de Google, con extractos, sí, de noticias presuntamente escritas por humanos, pero compiladas y resumidas, cómo no, por IA. Si el lector nunca llega hasta la página del medio, sino que deja que la IA escoja la noticia y la versione, ¿qué importa quién escribió qué?

En todo caso, si como reconoce Quijano, audiencias que usan a diario la IA generativa van a ver cada vez menos innovador su aplicación a los textos de un periódico o los videos de un noticiero, puede que estemos viendo el surgimiento de un nuevo tipo de periodismo, el equivalente al café orgánico y otros productos libres de químicos: el periodismo libre de IA. Quizás, en un año, lo verdaderamente revolucionario sea lanzar un periódico con un sello que diga: ‘Ahora, libre de IA’. Si esa idea prospera, me encantaría sumarme y tomar parte en ella.