Cero y van dos. Dos son los líderes de gremios que deben entregar su cabeza porque su nombre no le gusta al nuevo Gobierno nacional. La primera salida fue la de Carolina Soto, excodirectora del Banco de la República y economista con las más altas credenciales académicas, que debió dar un paso al costado de la Presidencia Ejecutiva de la Cámara Colombiana de la Infraestructura porque su nombre no era el que quería el presidente de la república, Abelardo De La Espriella. ¿La razón de esta

malquerencia? Ser la esposa de Alejandro Gaviria, exministro de Educación del Gobierno Petro (que luego fue sacado del gabinete por su oposición a decisiones del Gobierno) y haber trabajado en el Gobierno del expresidente Juan Manuel Santos. Un mes después, la historia se repite, pero ahora con Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), que debió salir del cargo en el que estaba hace más de una década por presión del nuevo Gobierno.

Las razones por las cuales el nombre de Mac Master le era ofensivo al presidente De La Espriella no son claras aún. Unas fuentes afirman que su amistad con el expresidente Santos es la razón de la malquerencia de De La Espriella, al igual que sucedió con Soto. Otros sectores hablan de una especie de “revancha” del presidente porque hace un par de años su firma de abogados habría sido rechazada cuando intentó ingresar a la Cámara de abogados de la agremiación. Sin embargo, Mac Master ha dicho no tener conocimiento de que esto haya sucedido. Una última versión asegura que De La Espriella está molesto porque las donaciones para las víctimas del terremoto que azotó al país el 10 de agosto, y que se dieron en el Congreso de la Andi, no se canalizaron a través de la fundación que la primera dama dispuso para ello.

Ninguna de estas versiones ha sido confirmada. Lo que sí fue confirmado por el propio Mac Master, en su carta de renuncia, es que existieron múltiples presiones que “han afectado la capacidad de la Andi de actuar libremente y cumplir su misión con autonomía”. Ha trascendido a los medios que desde el Gobierno nacional se dio la instrucción a los ministros de que no podían reunirse con el saliente director de la Andi como forma de presionarlo para que abandonara su cargo.

Independientemente de las razones que llevaron a la salida de Mac Master, de nuevo el Gobierno nacional envía el mensaje de que no trabajará con personas que no considere del círculo cercano al presidente De La Espriella. Esto está bien en lo que tiene que ver con los miembros de su Gobierno, pues un líder arma equipo con quienes considera sus aliados, pero en el caso de los gremios es distinto. Los gremios se organizan según sus preferencias y los liderazgos que consideran que su sector necesita. Son autónomos e independientes, y esta independencia tiene que preservarse. Las políticas públicas de los distintos sectores se estructuran escuchando las necesidades que se expresan a través de los gremios. Estas necesidades pueden chocar a veces con los intereses del Gobierno. Un ejemplo claro es cuando se necesita subir los precios de los combustibles, pero esto impacta al sector transportador. Es ahí donde viene el trabajo de los gremios y el Gobierno de sentarse a dialogar hasta lograr los mejores acuerdos para ambas partes. Por eso preocupa que desde el Gobierno se esté enviando el mensaje de que es el presidente quien decide quién ocupa las cabezas de las agremiaciones y quién no puede estar en ellas, pues está pasando por encima del querer de cada sector.

Durante el gobierno anterior, todos cerraron filas frente a esta independencia. Cuando el expresidente Gustavo Petro quiso oponerse a que Germán Bahamón estuviera al frente de la Federación Nacional de Cafeteros, pues el excandidato a la alcaldía de Neiva por Cambio Radical había sido crítico de su gobierno, desde todos los gremios advirtieron el peligro que significaba que el Gobierno se inmiscuyera en asuntos que corresponden netamente al resorte del sector privado. ¿Qué cambia entonces ahora? ¿Por qué en esta ocasión los gremios no levantaron la voz en defensa de su autonomía?

Para que una democracia se preserve, es fundamental la independencia de los distintos poderes, el respeto por la autonomía de las instituciones y el trabajo armónico entre el sector público y el sector privado. Por eso, es necesario que no se repitan los mismos errores que se cometieron en el pasado. Todos fuimos testigos de un Gobierno que trató por todas las formas de romper esta independencia.

Este Gobierno ha dado muestras de avanzar, de trabajar en procura del bienestar de todos, y somos muchos los que queremos que este sea un cuatrienio exitoso tras el desastre que vivimos en el Gobierno anterior. Pero no se pueden desconocer los visos de autoritarismo que se evidencian con el actual Gobierno y que preocupan. A veces parece que el presidente solo quisiera escuchar por un oído, el oído donde le hablan solo los suyos y en el que las alabanzas de los más cercanos pueden llevarlo al error. El emperador necesita a ese niño que le grite que va desnudo aunque los demás aplaudan al paso su hermoso vestido.

La independencia y autonomía de las instituciones, los gremios, las ramas del poder son la estructura sobre la que descansa la democracia. Esta debe trascender a cualquier Gobierno. Fue precisamente esta independencia la que permitió que Colombia dejara atrás la posibilidad del rompimiento de su democracia ante un Gobierno que abiertamente quería desconocer el equilibrio de poderes. Por más afinidad ideológica que se pueda tener con el nuevo Gobierno, no puede aplaudirse el traspaso de sus límites. Al final, los autoritarismos de izquierda o de derecha terminan siendo igualmente nefastos para un país.