El trino fue extraño. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, felicitó al expresidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez, pero no aclaró por qué. Los medios colombianos le hicieron el favor a Uribe al interpretar lo de Trump como un gesto. Y Uribe lo agradeció (el segundo punto de 38). Tal vez no entendió: a Trump le importa un carajo la situación de Colombia. Francamente, es entendible; tiene tantos temas electorales. El trino es una jugada de la campaña. Nada más. Es una ingenuidad de Uribe citarlo. Quedó recogiendo migajas.

Los otros 37 puntos son también cuestionables. No tienen pies ni cabeza. En algunos casos, son acusaciones indirectas. En el punto quinto, dice que su proceso “empezó secretamente, en plena campaña electoral”. Y agrega que “interceptaron ilegalmente 22 mil comunicaciones de mi celular”. Según el proceso, las interceptaciones fueron legales. Y es usual que las investigaciones comiencen sin avisar primero al presunto acusado. No es clara su utilidad aquí, al menos que sea política.

El expresidente está molesto y busca con esta declaración sacarse unos clavos. Creo que se equivoca. Su proceso es judicial y el comunicado es político. Y en la política vuelve a embarrarla en tiempo, lugar y modo. En tiempo, porque su propuesta suena trasnochada, unas iniciativas de 2018 y no para 2022. En lugar, porque no es clara la utilidad del Ubérrimo como sitio de lanzamiento de una campaña nacional. En modo, porque los temas no tienen la fuerza necesaria para avanzar, pues ya lo intentaron y no pasaron.

Es la triste realidad. El referéndum para derogar la Jurisdicción Especial para la Paz está muerto. Así de simple. La JEP puede tener múltiples problemas, pero no se resuelven aboliéndola. No hay los votos en la Corte Constitucional. Seguir con el cuentico para las bases es errado. El mismo Gobierno está amarrado. Si no pudo meterle seis reformas en 2019, mucho menos ahora en temporada preelectoral. Un referéndum es desgastante y más cuando no será exitoso. Además, la JEP es joven comparada con Justicia y Paz; tiene menos de tres años. Internacionalmente, la JEP tiene todo el apoyo. Nadie con dos dedos en la frente aceptaría ir al mundo para explicar su derrocamiento. La canciller Claudia Blum prometió trabajar con la JEP esta misma semana que Uribe pidió acabar con la JEP.

El Centro Democrático es el partido de gobierno. ¿Cómo propone un referéndum a espaldas del presidente Iván Duque? No hay manera de que avance sin su visto bueno. Y al Gobierno no le conviene. Para empezar, todas las otras reformas quedan en veremos. Todas. ¿Y para qué? Para una aventura perdedora. Repito: no tienen los votos. Además, el próximo año se conocerán los casos de la JEP. No hay razones para frenarla en este momento. Igualmente, aplica su discurso castrochavista.

En la Colombia de 2020, ya no pega. Apenas el 14 por ciento de los encuestados dijeron que votarían por el que diga Uribe en 2022, según el Centro Nacional de Consultaría. Catorce por ciento. El 78 por ciento no votaría por el candidato de él. Uribe es candidato del pasado. Pocos le comen cuento ahora. El miedo a Gustavo Petro funcionó en 2018, hay que ver qué tanto funciona hoy. Hablar de narcoterrorismo y del proyecto socialista no parece producir miedo.

Otro ingrediente: sus discursos en favor del Gobierno tampoco pegan. Es llamativo que no utiliza los nombres de los programas de Duque. Por ejemplo, seguridad con legalidad en vez de paz con legalidad. Queda la sensación de que ya no piensa en el presidente actual. No cumplió con los mandatos del Centro Democrático, empezando con la paz. Hay que volver a barajar. El problema, sin embargo, es que Uribe ya no existe. Las encuestas han sido claras. En las próximas semanas, el uribismo comenzará a recoger firmas para el referendo. Es el comienzo del fin de uribismo. Y para el Gobierno llega un momento decisivo. Apoyar la cruzada anti-JEP significaría el fin de su administración. Una cruzada a la que hay que agregarle el factor de realidad y es que muy posiblemente fracase. Difícil ambiente.