“Los imbéciles hoy, felizmente, son progresistas”
Nicolás Gómez Dávila
En la que descarta como causa la explicación fácil de la inmigración descontrolada, Guy Sorman, el destacado analista francés, en un artículo en el diario español ABC, “La revolución que no se encuentra”, analiza los recientes disturbios en Francia y sostiene que el país experimenta una crisis profunda: “No es una revolución en la medida en que los rebeldes no proponen nada; pero es una revolución negativa en la medida en que este levantamiento revela hasta qué punto los franceses se han convertido en esclavos de su Estado, hasta el punto de pedir aún más esclavitud…No estamos viviendo una crisis de la economía de mercado, ni de la globalización, ni siquiera de la inmigración: estamos viviendo una crisis del socialismo que no se reconoce como tal, cuando el socialismo es, precisamente, el origen de este embrutecimiento general y de esta tentación de violencia, que llevan a exigir lo imposible y, sobre todo, a no plantearse posibles reformas”.
Sorman no solo afirma que los franceses se han convertido en “esclavos del Estado”, sino que esgrime sólidos argumentos que explican la tragedia de los franceses: “Así pues, me pondré mis gafas de liberal empedernido para observar hasta qué punto las manifestaciones francesas son, en realidad, un subproducto del socialismo y del estado del bienestar. ¡Escuchad a los manifestantes! No proponen nada, pero todos reclaman. ¿A quién? Al Estado, por supuesto, percibido en Francia como la madre nutricia, portadora al mismo tiempo de todos los males y de todos los beneficios: un «ogro filantrópico», decía Octavio Paz. En nombre de la igualdad, cada uno exige que ese ogro garantice el bienestar de ti, de mí, de mi vecino y el comedor gratuito. Todos exigen más justicia social, es decir, más redistribución. Pero Francia es el país del mundo que más redistribuye, con los impuestos más altos. ¿Deberíamos aumentarlos aún más? Pero el Estado francés ya está prácticamente en quiebra, consecuencia directa de la redistribución de unos recursos que se han vuelto insuficientes para satisfacer todas las exigencias”.
Francia, un país otrora rico, se ha ido paulatinamente empobreciendo a fuerza de repartir lo que ya no produce. Los galos crearon un Estado de bienestar para una economía que crecía a tasas anuales por encima del 3%, pero hoy solo crece al 0,7%. El caso colombiano es aún más crítico ya que los gobiernos intentan replicar el “estado de bienestar” de los franceses, pero con bajísimos recaudos fiscales, un absurdo nivel de informalidad, y una deuda que ya es casi imposible atender.
Buena parte de la culpa de esta situación la tienen los ‘progres’, no porque sus intenciones no sean benévolas, ni porque su objetivo sea llevar a sus países a la bancarrota, sino porque para ganar adeptos y legitimidad moral y electoral, diseñan y vuelven obligatorios todo tipo de “derechos” y prebendas que una vez convertidos en leyes y normas se vuelven casi imposible desmontarlos. Los ‘progres’, que incluyen muchas veces a los congresistas y los magistrados, asumen que el Estado tiene la obligación de encontrar los recursos, ya sea a través de más impuestos o más deuda, para financiar los “derechos adquiridos”. Estos ‘progres’, prestos a reclamar derechos pero muy parcos en exigir obligaciones, nunca han asumido a cabalidad que los estados per se no tienen recursos propios: lo que gastan o son recursos de los contribuyentes o es dinero prestado de los bancos y de los inversionistas en los bonos que emite. Pero claramente hay un límite en los que los contribuyentes pueden aportar y los bancos e inversionistas pueden prestar y tanto en Francia como en Colombia se llegó a ese límite, por más que a los ‘progres’ les cuesta mucho entender y mucho menos aceptar.
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Apostilla: La incautación de celulares y antenas de Starlink de las cárceles en Colombia es una excelente medida por parte del gobierno de De La Espriella, pero no es suficiente: los celulares y las antenas los reemplazan en dos minutos. Lo que es indispensable, y no es tan complejo, es bloquear todas las señales que salen de dichas cárceles.