El fin de semana vivimos una de las elecciones más críticas de la historia de nuestro país. Esta llevó a la segunda vuelta al Tigre, Abelardo de la Espriella, representando a la derecha, e Iván Cepeda como el candidato de la extrema izquierda. Hoy el panorama es preocupante. Por un lado, tenemos una encuesta de AtlasIntel que da como ganador al Tigre; por otro, tenemos demás excandidatos a la Presidencia, excepto Paloma, indecisos sobre a quién van a apoyar, y un país cada vez más radicalizado. No obstante, es importante reflexionar sobre las exitosas campañas de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta; por lo que es menester preguntarnos: ¿Colombia cambió las maquinarias políticas por las redes sociales? Y ¿acaso el centro en Colombia no existe?

Primeramente, uno de los aspectos más cruciales a destacar sobre esta carrera presidencial es el impacto de los medios digitales y los influencers en la política. La izquierda, que comenzó a cultivar a sus bodegueros en 2018, fue pionera en esta práctica. Sin embargo, Iván Cepeda —a diferencia de Petro— decidió utilizar una estrategia mucho más conservadora, optando por los eventos masivos y discursos largos. El candidato de la izquierda procuró tener una maquinaria política consolidada antes de una estrategia digital innovadora, al igual que su rechazo a periodistas, influencers y debates.

No obstante, la estrategia digital de desarrollar tanto a microinfluencers, páginas y creadores de contenido político grandes, en los que encontramos a figuras como el senador electo German Rodríguez, Vincent y Santiago Giraldo, por parte de la campaña del Tigre Abelardo, fue crucial para vencer a los demás candidatos. Este fenómeno se vio en menor medida en otras campañas presidenciales, como en el caso de Fajardo, que optó por volverse influencer, cosa que también se manifestó con Juan Daniel Oviedo. No obstante, a diferencia del Tigre no convirtieron los likes en votos, lo que implica que el hecho de tener creadores de contenido leales que multipliquen sus publicaciones y redes fortalecidas representan uno de los aspectos más importantes de la nueva política.

Ahora bien, la inclusión de los influencers más destacados de Colombia, como Westcol, quien únicamente entrevistó a De la Espriella, y el caso de Mr. Stiven y los Cossio, quienes entrevistaron a Paloma Valencia, prueba que los creadores de contenido se han convertido en una red tan poderosa que puede influir en las decisiones políticas de los más jóvenes. Esto significa que el voto de opinión, cimentado por las redes sociales y las colaboraciones con influencers, resultó derrotar a las estructuras de la política tradicional, basadas en la realización de eventos, entrega de comida y —en algunos casos— compra de votos. Esto es similar a lo ocurrido en las legislativas que tuvieron a creadores de contenido como los más votados, derrotando a las poderosas maquinarias de la política tradicional.

Otro acierto del Tigre se trató de su manera de actuar en plaza pública; a diferencia del político tradicional que emite discursos extraordinariamente técnicos y largos, se limitó a dar un mensaje mucho más conciso, acompañado de juego de luces, videos hechos con IA para tener más viralidad, música e incluso velas crackers en sus tarimas, sumado a temas pegajosos y simbología memorable, utilizando el significado de fortaleza y autoridad que representan el tigre y el saludo militar para los colombianos. No obstante, será esta segunda vuelta la que determinará si la estrategia digital de Abelardo podrá vencer a la política tradicional impulsada por maquinarias y apoyos gubernamentales.

En segundo lugar, es importante destacar que el gobierno deficiente y plagado de corrupción de Gustavo Petro llevó al pueblo colombiano a situarse en una derecha fuerte, similar a la de Trump en Estados Unidos y la de Milei en Argentina. Fue ese clamor popular el que le dio la victoria a De la Espriella, arrebatando una considerable parte de su votación al partido de oposición por excelencia, el Centro Democrático, el cual desarrolló una estrategia de unirse con el centro político, encabezado por Juan Daniel Oviedo, quien, a pesar de su preparación académica, carecía del perfil que buscaba el pueblo colombiano, debido a que sus posturas sociales y su constante crítica al Centro Democrático eran contrarias a los ideales del votante de derecha promedio, ya que este se caracteriza por valorar la familia tradicional, odiar a Petro, rechazar al progresismo y una admiración sin precedentes por Álvaro Uribe, cosa que impidió que estos conectaran con Oviedo, lo cual llevó a una pérdida en los resultados electorales. Justamente, esta apuesta por un centro casi inexistente afectó muchísimo a Paloma Valencia, quien, a pesar de representar a una oposición técnica y valiente, no recibió la cantidad de votos que merecía su trayectoria y trabajo por Colombia.

En conclusión, la victoria de Abelardo se dio debido a estos tres factores: estrategia digital única, radicalización del discurso contra Petro y uso de símbolos sencillos y atractivos. Por otra parte, Iván Cepeda ganó aprovechando la consolidación política de la izquierda, el presunto apoyo del Gobierno nacional y las demostraciones de fuerza con sus multitudinarios eventos masivos, consolidando su identidad como el único e indiscutible líder de izquierda. Definitivamente, queda claro que estas son las elecciones más polarizadas de la historia contemporánea de nuestro país, donde las reglas pasan a segundo plano, el centro se considera irrelevante y la contienda se convierte en una lucha cruda y cruenta por el título de presidente de la República de Colombia.