Hace unos días estuve en un diálogo muy amable con Gustavo Bolívar. A pesar de las diferencias que tenemos, y que son muy profundas, salí impresionado por el tono y la reflexión. Sin embargo, dos días después salió con la amenaza de que el país se incendia si no gana Iván Cepeda. Mi conclusión: esta izquierda no es demócrata, ni los más moderados, porque solo quieren el poder y van a utilizar lo que sea, incluyendo la violencia, para mantenerse en él. Nunca pensé que Gustavo Bolívar iba a caer en esa práctica malévola de la combinación de las formas de lucha, donde lo legal, el voto y convencer al ciudadano se mezcla con lo ilegal, amenazar con violencia.
Claro, a los que piensan distinto o van a votar por el otro candidato los acusan de fascistas. Y ellos, que amenazan con violencia, son los demócratas pacíficos. Qué hipocresía. Este episodio me muestra con claridad que nada está ganado y que hasta el domingo a las cuatro de la tarde, pues después la lucha va a ser otra, hay que seguir en campaña para convencer hasta el último colombiano del riesgo que es votar por Cepeda y que la alternativa, sin duda, es mejor, pues es institucional y es demócrata.
Como si esto fuera poco, Juan Manuel Santos anunció, palabras más, palabras menos, su voto por Iván Cepeda. Sí, el Santos que acusó a los que no estábamos con el proceso de paz de ser enemigos de la paz, dividiendo al país como Petro y Cepeda lo están haciendo. Ellos viven de eso. Sí, el Santos que pasó por encima de la democracia al desobedecer el mandato popular del plebiscito, anuncia su voto por quien va a hacer una constituyente y hacer reformas irreversibles que destruyan la democracia. Son igualitos. Mejor no lo pudo decir: va a votar por quien mantenga su legado, que violó el plebiscito, que les dio impunidad a las Farc, que cambió las reglas de juego para aprobar normas constitucionales y que empezó a sembrar ese odio entre los colombianos que hoy crece a su amparo.
¿Tienes un amigo profesor de colegio o de universidad? Solo dale estos datos. En Venezuela, los profesores universitarios ganaban cerca de 10 millones de pesos al mes en el año 2000 y hoy ganan menos de 500.000 pesos en promedio. Los profesores del colegio podían comprar casa y carro, pues su sueldo estaba cerca de los 4 millones de pesos en el año 2000. Hoy no pasa de los 100.000 pesos. Los niños de los colegios públicos solo van a clase dos o tres días a la semana, pues su profesor necesita salir a trabajar los otros dos días para poder alimentar a su familia.
¿Tienes un abuelo o un papá pensionado? En Venezuela la pensión promedio en el año 2000 era de 200 dólares, que alcanzaba para comprar el 80 por ciento de la canasta familiar. Hoy en Venezuela es de un dólar más 69 de bono que le da al Gobierno. Esos 70 dólares no le alcanzan, por la inflación, para comprar ni el 10 por ciento de lo que vale la canasta familiar. Las cuentas son sencillas. Cepeda necesita los 100 billones de pesos de las pensiones para gastárselos en subsidios. Ahí se pierde la plata de los pensionados, como pasó en Argentina y también en Venezuela.
¿Tienes un hermano, un hijo, un papá o una mamá médico o un abuelo o una abuela con una enfermedad crónica? En Venezuela el Gobierno no da medicamentos y, si tienes que ir al hospital a una cirugía, te toca comprar hasta los guantes del cirujano. Más de 40.000 médicos salieron de Venezuela y hoy están por todo el continente, manejando Uber y viendo cómo sobreviven. Los niños mueren de desnutrición y está prohibido en el acta de defunción decir que murieron de hambre.
Claro, Juan Manuel Santos puede irse del país tranquilamente. La clase media, la clase baja y gran parte de la clase media alta no tienen los recursos para salir corriendo. Ocho millones salieron caminando de Venezuela, la peor crisis humanitaria de la historia moderna, pues no fue por una guerra o un desastre natural. Lo que la generó fue el desastre político y económico de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, y que acá quieren repetir Gustavo Petro e Iván Cepeda.
Es la misma fórmula la que nos van a imponer y que Petro no logró porque las instituciones aguantaron. Pero no les quepa duda, no aguantan cuatro años más. Y con Cepeda se quedan con el control de la Corte Constitucional; es decir, podrán gobernar por decreto sin que la Corte se los tumbe y con el control de la Junta del Banco de la República, lo que quiere decir impresión masiva de pesos con consecuente inflación e hiperinflación y la pérdida del poder adquisitivo del ciudadano. Así fue en Venezuela y así va a ser en Colombia.
Nada está ganado y podemos perderlo todo. Háblale al maestro, al médico, al enfermo, al pensionado. Cuéntale lo que pasó en Venezuela para que pueda decidir con información y no con el miedo. Colombia sí puede ser Venezuela, no nos engañemos si nos equivocamos este domingo.