El registrador Nacional, Alexánder Vega Rocha, pasará a la historia por haber sido el único funcionario capaz de acabar con la credibilidad de la entidad que dirige, no por cuenta de señalamientos de terceros, sino por su propia incapacidad.
Este abogado, que cumplirá 43 años el próximo 14 de abril, logró que todo un país desconfiara de una de las poquísimas entidades quehasta hoy sentía que funcionaba. Gracias a lo sucedido tras las elecciones del 13 de marzo, cuando se eligieron a los nuevos miembros del Congreso y a los ganadores de las consultas, hoy los colombianos sienten que su sistema electoral no es confiable y con el correr de los días han crecido las voces que hablan de fraude, cuando se trata más bien de una andanada de incompetencias.
Vega Rocha fue elegido registrador por los presidentes del Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional, tras un concurso de méritos en el que se cambió la reglamentación antes de su elección. Es así como se determinó no dar el mayor puntaje a la experiencia (como se venía haciendo), sino al examen de conocimiento y a la entrevista. El hoy registrador obtuvo el mejor puntaje en conocimiento y el segundo lugar en la entrevista. Pero en la hoja de vida, según las reseñas de prensa, obtuvo solo 40 de 200 puntos y quedó en el puesto 15 entre 16 aspirantes. Si se hubiera mantenido el reglamento anterior, ni siquiera se hubiera considerado su nombre, pero con las nuevas condiciones, Vega Rocha fue nombrado registrador.
Este funcionario venía de ser magistrado del muy político Consejo Nacional Electoral, donde según el portal La Silla Vacía, fue impulsado por los senadores Miguel ‘Ñoño’ Elías y Musa Besaile. Por eso, desde el principio, Vega Rocha tuvo contradictores, pues lo consideraban muy cercano a los políticos.
Pero el registrador no necesitó de otros para golpear su propia labor. Él solito se encargó de minar la confianza en su entidad. Cuando inició, Vega afirmó que mientras el Dane confirmaba un censo de 50 millones de personas, en el registro civil aparecían 55 millones, dando a entender que existían 5 millones de posibles votantes “fantasma”. De inmediato, se puso un manto de duda sobre el censo electoral. “Desde mi época de registrador no había oído declaración tan desacertada como la del doctor Vega. Su obligación es dar garantías a todos, incluidos los escépticos. Tampoco entiendo el tono pendenciero en la discusión con el director del Dane…”, afirmó el entonces candidato al Senado Humberto de la Calle.
Pero en lugar de apaciguar las aguas, el registrador sentenció: “El que no sienta que hay garantías o crea que le harán fraude no debería presentarse”. Y claro, tal afirmación, viniendo del garante electoral, solo generó angustia.
Todo esto era el preludio del desastre que vendría con las elecciones. Al inicio de la jornada, la página web de la Registraduría se cayó, de manera que los ciudadanos no podían ingresar para consultar su mesa de votación. Aunque luego se habilitó la aplicación Infovotantes, la gran mayoría de personas, principalmente adultos mayores, desconocían cómo descargar tal app y debieron hacer largas filas. La página nunca se arregló.
Al cierre de urnas le siguió un conteo dispendioso, que comenzó a desesperar. Mientras en jornadas anteriores, los resultados avanzaban rápidamente, aquí corrían las horas y el porcentaje de votos escrutados seguía lento. Y luego vino la estocada final.
Al día siguiente de las elecciones, nada cuadraba. Resultó que 500.000 votos del Pacto Histórico no se habían tenido en cuenta en el preconteo, lo que aumentó en tres curules el resultado de la colectividad en el Congreso. De inmediato, Gustavo Petro dijo que se trataba de un fraude. “El intento de ocultar votos del Pacto es gigantesco y sistemático”, afirmó el candidato, para luego aseverar: “En este momento se han recuperado 486.000 votos por el Pacto Histórico al Senado que no fueron reportados. Nos acercamos a 3 millones de votos por la lista al Senado. A los abogados escrutadores les pido cuidar la votación de Fuerza Ciudadana, hubo fraude contra ellos”. Y como Petro es experto en caldear ánimos, continuó: “Alerta. Donde ya terminaron escrutinios, la mayoría de mesas, los votos están en poder del CNE, de mayoría uribista y de registradores departamentales, de mayoría uribista. No hay cadena de custodia transparente para esos votos. El reconteo sin transparencia es fraude”.
Así que Petro ya gritaba que todo se trataba de un complot organizado desde el uribismo. Pero de forma sorpresiva, precisamente Álvaro Uribe Vélez también se le unió en su grito de “fraude”. “Estas elecciones dejan toda la desconfianza. E14 llenos de tachones, enmendaduras, firmas que no coinciden. A las inconsistencias se suma la abrumadora votación del petrismo en zonas de narcotráfico. No se puede aceptar este resultado”.
Así que Uribe y Petro, los dos al unísono, gritaron “fraude”, acusándose los unos a los otros de querer beneficiarse de unos actos de corrupción, que no logro entender cómo podrían beneficiar a los dos bandos a la vez.
Lo que hay aquí es una cadena de errores, derivados de la incompetencia de un funcionario, falta de capacitación, jurados, la mayoría de ellos muy jóvenes, sin la menor idea de lo que hacían, un pésimo diseño de formulario que dejó al Pacto Histórico en el último renglón (que quedaba por fuera al escanearlo) y de un registrador tan inexperto que es capaz de anunciar que va a pedir un recuento al Senado, para al otro día decir que mejor no, sin sonrojarse.
Lo que corresponde ahora es que se garantice que todos estos inconvenientes se habrán corregido para las presidenciales, pues de lo contrario, sin importar cuál sea el resultado, el candidato perdedor dirá que le robaron las elecciones y los dos pirómanos atizarán el fuego para sumir el país en el caos.