La izquierda no estaba preparada para que el “heredero petrista” no fuera elegido, a pesar de que el pueblo fue violentado por “el voto fusil”, por la entrega de subsidios a personajes fuera de la ley, por la impunidad patrocinada por el gobierno favoreciendo a delincuentes de todos los pelambres, por la corrupción rampante y por los dineros públicos que malversaron comprando votos, quitándoles la protección del sistema de salud a quienes lo necesitaban o dejando sin amparo a quienes fueron víctimas de desastres o catástrofes naturales.

Desde el mismo instante en que fue elegido el presidente De La Espriella, los zurdos comenzaron a aplicar lo que promovió Mao Zedong, una estrategia desestabilizadora donde se combinan todas las formas de lucha que incluyen acción violenta, presión política, afectación a la economía, campaña ideológica y movilización de masas, buscando el objetivo final que sigue siendo la toma del poder o, lo que estuvo a punto de suceder, que no se hubieran podido efectuar las elecciones, como lo afirma el procurador y lo cual posiblemente era el deseo del petrosantismo, para entronizar al comunismo.

Muchos analistas plantean con gran acierto el camino trazado por la izquierda para entorpecer la acción del actual Gobierno y conseguir el poder regional en 2027, y nuevamente la Presidencia en 2030. Es así como el creador de contenido y analista político, conocido como Checho Sangui, presenta una clara descripción de cinco pasos que resumen la estrategia zurda: desconocer la voluntad popular de las elecciones presidenciales y adelantar una campaña de desinformación, seguida de una fase de caos incendiario, motivando la movilización de masas y llegando a la anarquía total.

Con gran preocupación se escucharon las aberrantes e incitadoras declaraciones de Petro al asegurar que quien había sido elegido era su “heredero político”, Iván Cépeda, táctica empleada para hacer aparecer como ilegítimo al Gobierno del presidente De La Espriella y como paso inicial para encender los ánimos de sus seguidores, posiblemente buscando apoyo para dar un golpe de Estado y no entregar el poder o para repetir la cruenta historia del 9 de abril de 1948, conocida como el Bogotazo, cuando ocurrió el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán.

La campaña de desinformación, más conocida como guerra mediática, sigue su marcha destructiva buscando la manipulación ideológica inadvertida de las masas, para lo cual saturan el ciberespacio con mentiras y engaños, generando desconfianza alrededor de los representantes del Gobierno o las decisiones de este, haciéndolas aparecer como orientadas a perjudicar a las personas menos favorecidas o como medidas adoptadas para afectar los derechos laborales de los trabajadores, buscando encender la mecha de la violencia.

Un ejemplo de esta guerra mediática son las críticas infundadas de quienes hostigan al Gobierno por no haber construido las casas, los hospitales o las escuelas que fueron destruidos por el terremoto hace solo un par de semanas, o los que critican que el Gobierno no se hace presente en los lugares de la catástrofe, cuando el presidente y su equipo llegaron el mismo día a los lugares afectados por la tragedia; igual sucede con los que denuncian al presidente por creer en Dios o porque su familiar es el capellán de palacio, en lugar de haber criticado los aberrantes comportamientos de Petro y sus allegados, que cubrieron de vergüenza al país.

Se han reportado más de 400 incendios forestales durante los últimos dos meses, posiblemente muchos de ellos provocados intencionalmente por los vándalos de la primera línea o de sus socios en el delito, los cuales afectan no solo la vida silvestre y el ecosistema, sino que atentan contra la vida de muchas familias. Personajes como “el bachiller Bolívar” o Carrillo, exdirector de la UNGRD, han dicho que “indudablemente, el país se va a incendiar”; nos preguntamos si esto ha sido una premonición o una advertencia de lo que hoy está sucediendo.

La movilización de las masas, que responde a los bloqueos de las principales vías y a los sistemas de transporte masivo como el Transmilenio, afectando a miles de personas trabajadoras, posiblemente busca enardecerlas para que haya un “estallido social” de consecuencias impredecibles. El presidente de Fedetranscarga ha denunciado que durante los últimos cuatro años se han producido 2.800 bloqueos a las vías, generando unas pérdidas que llegan a los 12,4 billones de pesos, afectando la economía, a los transportadores y al consumidor final, pues el precio de la canasta familiar se le ha disparado.

La fase denominada “movilización tentativa” es, en términos generales, un ensayo o un entrenamiento para los saboteadores, que buscan evaluar la respuesta de las autoridades y el grado de aceptación o rechazo de la ciudadanía. Ahora están tratando de alebrestar a los damnificados del terremoto, quienes sufren no solo el dolor de la pérdida de familiares, sino la destrucción de sus bienes, pues los incitan a mostrar descontento por las condiciones de vida que deben llevar mientras les llega la ayuda del Gobierno, el apoyo de países amigos y las donaciones de los colombianos, que han sido muy solidarios.

El país se encuentra amenazado por los zurdos radicales, como es el caso de la secretaria política de la Juco, quien en lenguaje vulgar manifestó que su principal tarea era la de “hacer invivible el país” para el presidente De La Espriella, motivando a sus camaradas a alistarse para adelantar intensas jornadas de movilizaciones en todo el territorio en contra del Gobierno. Ante estas manifestaciones que incitan a la violencia, el Gobierno de Estados Unidos le acaba de revocar la visa y posiblemente debe haber denuncias por la misma causa en tribunales colombianos.

Se acercan las elecciones de 2027, donde serán elegidos alcaldes y gobernadores, lo cual reviste gran importancia para la izquierda que aspira a recuperar el poder en 2030, pues si logra colocar en la cabeza de los municipios y de los departamentos a sus seguidores, habrá dado un gran paso para la concientización de masas, para la compra de conciencias y para la intimidación de los electores, cuyos votos requiere para la próxima elección presidencial.

La izquierda ya está en campaña política tratando de generar un ambiente adverso hacia el actual Gobierno, buscando adeptos para que se imponga su ideología política nociva. El hecho de que hoy esté gobernando el presidente De La Espriella, tratando de recuperar el destrozado país que dejó la izquierda, no implica que se deba bajar la guardia ante los embates traicioneros de una izquierda recalcitrante. Si al Gobierno le va bien, a los colombianos también.