Ante la contundente evidencia del escándalo de los ‘sexocontratos’, he visto a muchos periodistas y opinadores pasar de exigir las pruebas, a decir que Petro no representa a la izquierda, ósea a modo control de daño.

Creo que, si se hiciera un análisis estadístico con base en noticias de prensa de políticos con comportamientos disolutos, o de maltrato a la mujer, o de acoso sexual o abuso de sustancias, la izquierda tendría de lejos más exponentes que el resto; se me vienen a la cabeza, además de Petro, el senador Alex Flores, Holman Morris, o el bazuquero exministro de Educación, conocido como vulgarcito. Pero no se puede generalizar, en la izquierda también hay lideres disciplinados cuya vida personal no interfiere en la consecución de sus objetivos, este fue el caso de Fidel Castro y Hugo Chávez. Son esos los más peligrosos para una sociedad.

Lo que ha ocurrido con la contratación estatal, y la entrega de ministerios, a cambio de sexo, es un caso grave, pero no el más grave de todos. La crisis inducida de la salud y la paz total son más graves porque son dos políticas públicas que deliberadamente han causado decenas de miles de muertos, ósea, un asesinato en masa dirigido desde el Estado. Y también es más grave el saqueo sistemático del erario, el empleo militante, el derroche, y la destrucción de la soberanía energética que nos tienen en la mas grave crisis fiscal de que se tenga memoria.

Es en estos casos más graves donde sí está representada la izquierda, sin excepción, porque la izquierda siempre termina en pobreza, violencia y sometimiento, aún la izquierda vegetariana, que también se nutre de las ensoñaciones marxistas.

Esa táctica de controlar el daño atribuyéndole a la persona lo desmanes que son inherentes a la ideología es tan vieja como la misma izquierda. Cuando Stalin empezó a cometer las atrocidades contra quienes pensaban distinto en campos de concentración (antes de que Hitler los copiara), los propagandistas de la izquierda en Europa, como Sartre, lo negaron. Luego la evidencia fue tan contundente que la estrategia migro al control de daños: el problema no era una falla del sistema político, era un rasgo personal de Stalin: él era el violento. No podía ser de otra manera, porque, según ellos, el socialismo era todo lo contrario, era amor, era solidaridad era libertad.

En esa trampa cuenta Octavio Paz que cayo cuando aún militaba en la izquierda. Pero todo cambio, según su testimonio, cuando leyó Archipiélago gulag de Solzhenitsyn, quien había sido una víctima del régimen. Ahí entendió que la violencia, la miseria y la servidumbre son inherentes al socialismo, a la izquierda, no importa quién este a la cabeza, la izquierda siempre produce lo mismo. Y eso tiene una explicación muy sencilla: la izquierda toda (carnívora, vegetariana, vegana, etc…) propende por la expansión del Estado a expensas del sector privado, y eso siempre termina en violencia, porque como dijo Regan: “La expansión del Estado es la contracción de la libertad”, y el despojo de libertades individuales siempre encuentra resistencia, y en pobreza, porque el Estado no puede sustituir al sector privado en la producción de bienes y servicios. Y con respecto a la sociedad con grupos criminales, esa es una variante tropical de la izquierda, que ha buscado reemplazar a la economía capitalista legal, por rentas ilícitas para financiar su proyecto, tal como lo hizo Maduro. Octavio Paz entendió que la izquierda es la maquina propagandística más letal y efectiva jamás construida: allí donde decían que había amor, solo hay odio; donde prometían libertad, solo existe sometimiento, y donde ofrecían abundancia solo llega la escasez.

Así que todos los que están lavándole la cara a la izquierda con el cuento de que Petro no los representa porque pagaba sus putas con la plata de todos, deberían reconocer que Petro, o cualquier otro de esa corriente, sí los representa a cabalidad en la destrucción del sistema de salud, de las finanzas públicas, del orden público, de la soberanía energética y de la institucionalidad en general.