En Bogotá, cada 1.º de noviembre se radica el presupuesto del año siguiente. Cuando se aprueba, el gobierno de turno lo celebra como si anunciar recursos fuera resolver problemas.
Pero en los barrios que recorro, nadie pregunta cuántos billones se aprobaron. Preguntan cuándo arreglarán su calle, recuperarán el parque o frenarán el microtráfico. Esa debe ser la discusión del Presupuesto de 2027, último año de Carlos Fernando Galán y oportunidad de demostrar qué tanto cumplió de lo prometido.
Hay avances que deben reconocerse. La primera línea del metro sigue tomando forma y es, sin duda, una de las obras más importantes para la ciudad. Pero otros sectores dejan dudas. La gestión del saliente Roberto Angulo en la Secretaría de Integración Social merece explicaciones: en septiembre de 2026, de 754.671 ciudadanos con pasajes gratuitos aprobados, solo 380.165 activaron el beneficio. ¿De qué sirve anunciar beneficiarios si tantos no usan las ayudas? Además, la seguridad sigue siendo el talón de Aquiles de Galán: entre enero y septiembre se registraron 819 homicidios y más de 86.000 hurtos a personas.
Otro problema son las alcaldías locales. Su ejecución presupuestal sigue siendo lamentable. Al cierre del tercer trimestre de 2026 apenas habían comprometido el 58 % de sus $ 1,85 billones de inversión, cuando la meta era del 73 %. Mientras las obras se demoran y los ciudadanos siguen esperando, los alcaldes firman cientos de contratos.
Por eso, como presidente de la Comisión de Hacienda del Concejo, quiero plantearle a la secretaria distrital de Hacienda, Ana María Cadena, una propuesta para el Presupuesto de 2027.
Que más inversiones locales se ejecuten mediante convenios interadministrativos con entidades distritales que tienen experiencia y capacidad para realizar las obras. No se trata de quitar recursos ni competencias, sino de aprovecharlos mejor. Para intervenir una vía, recuperar un parque o construir un equipamiento, ¿por qué no trabajar con el IDU, la Unidad de Mantenimiento Vial o el IDRD? Lo que necesita la gente es que las obras se hagan.
La reforma tributaria aprobada hace más urgente esta discusión. Bogotá contará con 1,06 billones de pesos adicionales el próximo año y debe administrarlos mejor. Cada peso de libre destinación requiere un propósito claro, especialmente cuando el 12 % debe girarse por ley a las alcaldías locales, lo que podría significar $ 120.000 millones adicionales.
Y aquí quiero poner sobre la mesa una propuesta que Bogotá lleva demasiado tiempo aplazando: recuperar su relación con el río Bogotá. Durante décadas le hemos dado la espalda, como si fuera simplemente una frontera de la ciudad. ¿Por qué no empezar a pensar en un gran malecón ambiental, con senderos, ciclorrutas, zonas verdes y espacios para que las familias puedan disfrutar de su entorno?
Mi propuesta es que Hacienda identifique los recursos para iniciar en 2027 los estudios y diseños de una primera etapa. Las localidades de Suba, Engativá, Fontibón, Kennedy y Bosa podrían contribuir mediante convenios, uniendo esfuerzos alrededor de un proyecto que beneficia a toda la ciudad. Sería mucho más útil sumar capacidades para sacar adelante una obra de esta magnitud que dispersar los recursos en pequeñas intervenciones sin conexión entre sí.
Desde la Comisión de Hacienda insistiré en que el debate no se quede en cuánto dinero recibe cada entidad; la gente no vive de los presupuestos que se anuncian, sino de las soluciones que llegan a sus barrios.