No le informaron bien al presidente electo. Alguien le escribió en un papel, a modo de objetivos prioritarios para apaciguar Cúcuta y Norte de Santander, los nombres de dos comandantes subversivos: Andrey, del frente 33 de las Farc, y Alfred, del ELN. Lo cierto es que pueden darlos de baja mañana mismo y nada cambiaría.

El fariano tiene por encima a John Mechas y Richard, experimentados estrategas en el campo de batalla, y, sobre todo, a Calarcá. En cuanto al terrorista eleno, pese a su larga trayectoria sanguinaria y extenso prontuario, no deja de ser un reemplazable lacayo de Antonio García.

Quien fuese el consejero también debió anotar una referencia a los AK-47, Tren de Aragua, Los Porras, Los Costeños, Los Venecos, Jalisco y demás decenas de bandas despiadadas que convirtieron la pujante Cúcuta en la 28.ª ciudad más peligrosa del planeta, como bien conoce el cucuteño futuro ministro de Defensa.

Un explosivo coctel al que agregan el mortífero factor chavista. Imposible someter al ELN mientras siga la torturadora Delcy Rodríguez y su recua de matones, tipo Fredy Bernal, gobernador del Táchira.

Al gigantesco avance que supone pasar de un presidente cómplice de bandidos a uno que los declara enemigos sin contemplaciones, debería agregar medidas de efecto inmediato, como militarizar la vía Cúcuta-Tibú, acosada por retenes guerrilleros.

Prueba del temor a transitarla es el costoso vuelo de Satena que une ambas poblaciones, separadas por solo 116 kilómetros. Y este jueves el ELN bombardeó su diminuto aeropuerto con drones, armamento que el funesto Gobierno Petro no quiso contrarrestar.

Si al control militar le añadiera agilizar las obras de esa infame carretera, ralentizadas por la cotidiana inseguridad, enviaría una señal del cambio que anhelan los votantes de Abelardo en el departamento.

El general Mora es consciente de la imprescindible intervención de otro punto emblemático, a 70 kilómetros de Tibú, por otra pésima vía. El Tarra cuenta con un batallón que es mero convidado de piedra, igual que la policía. La autoridad, incluso en el casco urbano, ha sido por decenios y sigue siendo de las guerrillas.

Arrebatarles esos territorios, fronterizos y cocaleros, requiere, antes que nada, voluntad y pantalones, que a De La Espriella y a Mora les sobran. Pero también aplicar medicinas diferentes a las que nunca dieron resultado, tanto de orden social como militar.

Quién sabe si coordinarán operativos con los Estados Unidos, sin intervención de los mafiosos uniformados chavistas, para debilitar a los rojinegros en su santuario venezolano, hasta que Venezuela celebre elecciones y la estadista María Corina Machado sea presidente. Solo a partir de ese día podrán los dos países y Gobiernos hermanos idear planes realistas, de medio y largo plazo, para reconquistar las fronteras. Y no será sencillo ni rápido.

Un panorama igual de complejo al de regiones donde imperó el voto de fusil que explica el inusitado incremento de votos del aspirante petrista en segunda vuelta, según estudio de Misión Colombia Transparente.

El documento prueba, con datos concretos, el crecimiento desorbitado e injustificado de Cepeda en municipios que tanto la MOE como la Defensoría del Pueblo habían declarado de riesgo extremo o alto. Lo absurdo es que advirtieran lo que iba a suceder y, cuando sucedió, salgan ahora innumerables voces a negarlo.

Por ejemplo, en Jambaló, Cauca, alertaron del poder de amedrentamiento que podrían ejercer las Farc-EP. Después se comprobó que, efectivamente, lo ejercitaron, pero los observadores nacionales e internacionales no rechazaron las mesas donde por Cepeda votó el 100 por ciento de los sufragantes.

Fueron tan descaradas las bandas criminales que los resultados atípicos hallados en distintos puntos de 648 municipios arrojaron un total de 1.662.102 votos a favor del aspirante comunista.

Aparte del fraude y la ignominia que implica conseguir sufragios a costa de poblaciones amenazadas, o líderes indígenas esclavistas que obligan a los suyos a apoyar a quien ellos quieran, las conclusiones de Misión Colombia Transparente emiten una señal de alerta de cara a los comicios locales de 2027.

Aunque el nuevo Gobierno recortara el dominio de las Farc y las Autodefensas en su primer año, en muchas de esas zonas las bandas armadas y la Cric conservarán gran parte de su poder. Es indudable que el Pacto Histórico confiará en que le aporten votos de fusil y de esclavitud para ganar municipios y gobernaciones. Dejaron patente que nunca desechan la comunista y fariana combinación de formas de lucha.

NOTA: Tres meses después del espantoso atentado en la Panamericana, La Previsora no paga a los transportistas que perdieron sus vehículos, que son su medio de ganarse la vida. El seguro de terrorismo, contratado por el Estado, exige una constancia de la unidad militar con jurisdicción en la zona. Pero no se la dan. El Batallón José Hilario López, de Popayán, alega que no tiene competencia para otorgarlo y nadie responde. ¿También tendrán que esperar a que resuelva el general Mora? Cuánta indolencia.