Siete de cada diez estudiantes colombianos de 15 años no alcanzan el nivel básico en matemáticas, según las pruebas Pisa 2025, y que quede claro: el problema no es que nuestros jóvenes no puedan aprender a sumar, el problema es que llevamos años escuchando las excusas de Fecode. Pareciera que son ellos los que deben volver al colegio.

Nos rajamos otra vez, con 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias, todos por debajo del promedio de la Ocde, y esto pasa desapercibido, parece paisaje, porque llevamos más de 10 años estancados en estos resultados, con el mismo sindicato sacando pretextos para defender su fallido modelo, mientras la calidad, en vez de subir, va en picada.

Por eso es que estas dos semanas Fecode lleva peleando a todo pulmón contra el Ministerio de Educación por su iniciativa de llevar los colegios por concesión a todo el país y darle más participación al sector privado para mejorar la calidad y que nuestros niños puedan tener clases con profesores realmente preparados.

Lastimosamente, un sector político de este país ha bloqueado el debate que propone que entren más actores a administrar la educación básica, con el mismo y repetitivo cuento de “quieren privatizar la educación para mercantilizar un derecho”, pero jamás dicen que mientras los niños son educados por ellos, tenemos unos de los peores resultados de las pruebas Pisa, con unos docentes que ni siquiera se dejan evaluar porque muy seguramente también reprobarían.

Lo mejor es que ya tenemos una solución para este gran problema.

Bogotá, bajo la primera administración de Peñalosa, creó los colegios en concesión, entregando la administración de colegios públicos a instituciones privadas con experiencia, y no se ‘mercantilizó’ la educación como nos querían hacer creer los de Fecode.

Hoy, estos colegios se ubican dentro de los primeros 75 puestos del ranking distrital, teniendo entre los 10 primeros lugares a cinco por concesión, y desde 2018 el 86 % estaba en categoría A del Icfes y un 4,5 % llegó a A+, la mejor categoría.

Claramente, los colegios privados del país son mejores, no se pueden comparar, pero sí le ganan por amplio margen al colegio público promedio, y esto, definitivamente, es lo mejor para una familia de escasos recursos, porque al tener más colegios por concesión, tienen un mercado más amplio con mejores ofertas para escoger dónde van a estudiar sus hijos.

Esa es la parte que más le asusta al famoso magisterio: que sería evidente lo que escogería un padre si tiene la posibilidad de elegir entre un colegio manejado por Fecode y otro por concesión, con mejores docentes y oferta educativa.

Y esto no se lo inventó ningún alcalde ‘mercantilizador de la educación’ en Bogotá, viene de mucho antes, en Países Bajos lleva más de cien años existiendo una metodología similar, desde 1917, y se prueba que, con libertad, los papás pueden elegir entre un colegio público o privado, y el Estado subsidia la demanda, no la oferta, y ahí está la gran diferencia.

Allá nadie crucifica los colegios concesionados, y el resultado es arrollador: los holandeses están entre los primeros 15 puestos del mundo en las pruebas Pisa.

Por eso esto es tan molesto para el profesor acomodado, que vive a sus anchas, en paro y tranquilo, sin tener que ser evaluado para verificar la calidad de su docencia. Si la plata de la educación va al estudiante y no se queda atrapada en quien maneja hoy el monopolio, el resultado es la libertad de elegir y unos niños creciendo mientras aprenden realmente a leer y a sumar, generando aptitudes valiosas para su futuro.

Los padres deben elegir, no ser obligados por un grupo de docentes enquistados en el sistema.

Fecode seguirá en su lucha, llamándolo ‘privatización’ y ‘mercantilizar la educación’, pero lo pueden llamar como quieran. Como sociedad tenemos que entender que las cosas funcionan mejor administradas por los privados, así esto genere un beneficio para quien lo maneja. De esto se trata el mundo, el mercado: ofrecer un servicio de calidad, en este caso, que eduque bien a nuestros niños y genere un bien para el operador.