Una de las cualidades que más aprecio en un líder es la capacidad de asumir las consecuencias de sus actos. Se trata de una noción elemental de responsabilidad que Gustavo Petro nunca logró comprender durante sus cuatro años de gobierno. Con la inmadurez que lo caracteriza, ante el más mínimo traspié buscó a quién endilgarle sus desgracias. La oposición, la Fiscalía, los jueces o Estados Unidos. Todos tuvieron la culpa de algo, menos él, que siempre fue la víctima.
Pero si hubo un chivo expiatorio predilecto en ese ejercicio de irresponsabilidad a ultranza, fue la revista SEMANA. No es para menos: su buen quehacer periodístico permitió que Colombia conociera de primera mano algunos de los peores desafueros del gobierno de Petro. De ahí que, aun como expresidente, la revista siga siendo blanco de sus más abyectos ataques.
La más reciente arremetida se produjo a propósito de una entrevista que Eva Ferrer concedió a SEMANA. Y aquí aparece una de esas ironías que tanto abundaron en el gobierno de Petro. Resulta que al expresidente no le bastó con los impresentables que encontró en Colombia para rodear su proyecto político. Tuvo que importar a tres catalanes que terminaron siendo todavía más impresentables que los petristas nativos. Una de ellas fue precisamente Eva Ferrer, antigua colaboradora de su campaña y de su gobierno, quien ahora ha decidido contar algunas de las intimidades del poder que tan de cerca conoció.
En la entrevista, Ferrer formuló gravísimos señalamientos contra el gobierno, particularmente contra la exprimera dama. Palabras más, palabras menos, sostuvo que Verónica Alcocer se habría valido de bienes del Estado para traficar con drogas y armas hacia y desde Venezuela. Habló también de exorbitantes sumas de dinero, préstamos y personajes oscuros que se habrían enriquecido con sus presuntas componendas. Mejor dicho: Ferrer señaló como presunta delincuente a quien fuera la primera dama de Colombia.
Pues Petro, en uno de sus ya conocidos arranques de histeria digital, la emprendió contra los directivos y propietarios de SEMANA. Ojo: pareció molestarse menos con Ferrer, autora de los señalamientos, que con los periodistas que los publicaron, a quienes amenazó con acciones judiciales. Como si la culpa fuera del mensajero.
¿Qué pretendía Petro? ¿Que SEMANA se abstuviera de publicar la entrevista? ¿Que tratara a Ferrer como a una loca que no sabe lo que dice?
Pues no. Conviene recordar dos cosas elementales. La primera, que no fueron Vicky Dávila, Yesid Lancheros ni los dueños de SEMANA quienes nacionalizaron a Ferrer o la nombraron en el Departamento Administrativo de la Presidencia. Fue Petro quien le concedió la nacionalidad, confió en ella durante su campaña y la puso a devengar del erario público. Ahora resulta que los periodistas deben responder por las declaraciones de una persona a la que el propio Petro llevó al corazón del poder. ¡Faltaba más!
Aquí conviene aclarar que los señalamientos contra Verónica Alcocer no comenzaron con Eva Ferrer. Nicolás Petro la involucró en sus declaraciones ante la Fiscalía sobre la financiación de la campaña presidencial, aunque después se retractó. Angie Rodríguez también ha formulado señalamientos sobre sus actuaciones y Armando Benedetti, en una entrevista con Julio Sánchez Cristo, dejó interrogantes sobre sus gestiones relacionadas con la dictadura venezolana. A esto se suman las revelaciones de El Tiempo sobre su presunta injerencia en Ecopetrol, donde habría sido conocida como “la bailarina”. Demasiadas voces, incluso del propio gobierno, como para que la prensa mire para otro lado.
¿Significa eso que Alcocer es culpable de los delitos que se le atribuyen? No necesariamente. Pero sobran motivos para investigar sus actuaciones. Esa es la diferencia que Petro desconoce: los periodistas informan, la Fiscalía investiga y los jueces juzgan. SEMANA no necesita una sentencia condenatoria para publicar una entrevista de evidente interés público.
La segunda cuestión es que buena parte de los escándalos revelados por SEMANA ha encontrado sustento en investigaciones judiciales, lo que da cuenta de su buen ejercicio periodístico. En 2023, la revista entrevistó a Daysuris Vásquez, entonces nuera del presidente. Hoy Nicolás Petro enfrenta graves cargos por lavado de activos y enriquecimiento ilícito. También destapó el escándalo del polígrafo al que fue sometida Marelbys Meza. Hoy hay policías condenados y Laura Sarabia, mano derecha de Petro, enfrenta actuaciones judiciales por ese episodio. Curiosa manera de inventarse escándalos.
SEMANA no ha sido el único medio que ha revelado irregularidades de aquella administración. Noticias Caracol, El Tiempo, RCN, La FM y otros han investigado desde presuntos acuerdos con organizaciones criminales hasta irregularidades en Ecopetrol. ¿También son culpables de lo que denunciaron? ¿O será que el problema está en los personajes que rodearon al expresidente?
Los ataques de Petro contra SEMANA, sus periodistas y accionistas merecen el más enérgico rechazo. Bajo las direcciones de Vicky Dávila y Yesid Lancheros, la revista ha demostrado independencia y compromiso al revelar algunos de los episodios más vergonzosos de los últimos años, sin dejarse intimidar por un presidente que actuó errática e irresponsablemente.
Al final, Petro debe entender que su problema no es con SEMANA ni con la familia Gilinski. Es con la realidad. Por mucho que insulte a los periodistas, amenace a los propietarios de los medios o se proclame víctima de conspiraciones, los escándalos de su gobierno no fueron culpa de quienes los denunciaron, sino de quienes los protagonizaron. O sea, de él y de los suyos.
Si tanto le molesta que SEMANA haya tenido tantas noticias que publicar sobre su gobierno, habría bastado con darle menos motivos. Era cuestión de asumir las consecuencias de sus actos. Justo lo que nunca supo hacer.