En 1964 nació una caricatura que tuvo un gran éxito a nivel mundial. Se trataba de “Los Supersónicos”, una serie que tenía como protagonista a una familia promedio que vivía en el futuro. Uno de los personajes más destacados de la caricatura era Robotina, una robot que hacía las veces de trabajadora del servicio doméstico.
Robotina hacía todo a la perfección. Lavaba, planchaba, limpiaba la casa. Era un elemento fundamental para la familia. Desde entonces, miles de personas, en todo el mundo quisieron tener una Robotina en su casa. 62 años después del primer capítulo de “Los Supersónicos”, puede decirse que en San Francisco, California, ya existe un prototipo y que si bien aún no cocina, hace todas las labores de limpieza del hogar, por un valor de 30 dólares la hora.
Este es apenas el comienzo de lo que podrían representar los humanoides para el mundo. Dentro de la carrera por el desarrollo de la Inteligencia Artificial más eficaz para sus propósitos, lo gobiernos de Estados Unidos y de China han iniciado una carrera que hasta ahora parece no tener línea de meta.
Empresas como Open AI, vinieron hace unos años a Colombia para escanear y comprar el iris de los ojos de personas a cambio de 30 o 40 mil pesos, práctica que fue posteriormente prohibida por la Superintendencia de Industria y Comercio. Lo mismo hicieron en otros países. Un posible uso, dentro del múltiple abanico de posibilidades, es el de dotar a robots humanoides con esta tecnología, lo cual les permitiría realizar un sinnúmero de operaciones hasta ahora permitidas solo para los humanos.
La utilización de robots humanoides en futuros conflictos bélicos, dotados de inteligencia artificial, que incluso pudiera superar a la humana, garantizaría la victoria de cualquier ejército que tuviera esta arma. La Inteligencia Artificial, que tanto está ayudando a la humanidad en el desarrollo de múltiples avances para su protección como por ejemplo en el área médica, también puede convertirse a futuro en un arma de destrucción masiva, si no llegara a concretarse un acuerdo entre Estados Unidos y China sobre su desarrollo.
Por ahora ese acuerdo no se ve y es entonces cuando los humanos empezamos a vernos como esclavos de la tecnología. “Los Supersónicos” tenían a Robotina como trabajadora de su hogar, pero tal como están las cosas, seremos los humanos los que podríamos terminar como empleados de Robotina, en un escenario hipotético.
Otro escenario posible es la eliminación de la raza humana, algo que ya se ha advertido muy especialmente por parte de algunos desarrolladores de Inteligencia Artificial que escandalizados por las prácticas de las empresas en las que trabajaban decidieron renunciar a sus empleos y exponer a la opinión pública la gravedad de la situación.
Recientemente, pregunté a la Inteligencia Artificial de Google, Gemini, cuales eran las tres principales amenazas para la raza humana. Gemini me respondió que el Cambio Climático, la polarización y la Inteligencia Artificial.
Teniendo en cuenta que tener un ambiente sano para salvar el planeta es algo fundamental, la erradicación de la raza humana en un caso hipotético podría contribuir a la supervivencia del planeta Tierra, ya que ha sido el humano uno de los principales factores desencadenantes del Cambio Climático. La Inteligencia Artificial para sobrevivir necesita de fuentes de energía y recursos naturales que consumimos los humanos. El que nosotros no los consumiéramos ayudaría a prolongar la existencia de la Inteligencia Artificial, así como del Planeta mismo.
Ojalá los gobiernos del mundo lleguen pronto a un acuerdo en materia de Inteligencia Artificial, o al menos los dos que están en la carrera sin línea de meta, Estados Unidos y China. La supervivencia de la raza humana está en sus manos.
Con esta columna no quiero ser fatalista. Pero sí considero que debemos evaluar todos los escenarios posibles. En el mejor de los casos, seguiremos realizando desarrollos tecnológicos de la mano de la IA, algo positivo para la Inteligencia Artificial y para la raza humana. En el peor, la extinción del humano.
¿Qué queremos? ¿La autodestrucción o continuar como especie?. Es eso, finalmente, lo que está en juego.