La noche del 21 de junio, día de las próximas elecciones presidenciales, serán cruciales para el futuro de la democracia en nuestro país. El sistema electoral colombiano siempre ha sido garante para todos los sectores, su eficiencia y transparencia jamás han estado en entredicho.
Al presidente ahora no le sirve la Registraduría, aunque sí le sirvió recientemente para elegir a su bancada, la del Pacto Histórico, como la más votada al Congreso de la República sin que se le oyera ningún reparo al respecto. También para ser elegido presidente de la República, alcalde mayor de Bogotá y congresista por décadas.
Desconocer el resultado de las elecciones es el último as que le queda bajo la manga a Petro. Incitar a sus bases para que salgan a las calles, alentar a los grupos armados al margen de la ley para que alteren el orden público y desatar el caos en general hará parte del guion, que no es otra cosa que replicar lo que ya vimos en el 2021, sólo que ahora, al estar en el poder, aspirará tener el acompañamiento de nuestras Fuerzas Militares.
Es muy importante que al proceso electoral del 21 de junio los organismos de veeduría internacional hagan todo el acompañamiento posible, así como los delegados de otros Estados y organizaciones no gubernamentales que quieran vigilar las presidenciales colombianas.
Gustavo Petro nunca ha sido un estadista. Siempre ha sido un anarquista. Esa es su esencia, su materia prima. Más que seguidor de Marx, Lenin o Stalin lo es de Bakunin y Proudhon. Esto lo afirmo no solo por lo que hemos visto a lo largo de su carrera política, sino también porque así lo dijo uno de sus amigos y colaboradores más cercanos, quien en su momento fuera señalado de pertenecer a un grupo terrorista catalán y pagara pena privativa de la libertad por ello, el señor Xavier Vendrell, en grabaciones que le interceptara hace un par de años la justicia española, publicadas por el diario ABC de ese país.
A propósito de Vendrell, la joven periodista Lina María Peña recientemente habría investigado la existencia de una red en la que este participaría y que tendría como propósito sabotear las elecciones. Estaría en marcha un plan para ello. Además de ello, preocupa que como este existan otros de modo paralelo. Como buen anarquista, Petro debe tener otros planes similares con colaboradores como Vendrell.
Solo espero que el Presidente Petro tenga claro que:
- Desconocer las elecciones tiene consecuencias graves. Podría ir preso inmediatamente. Su situación jurídica sería muy similar a la de Bolsonaro en el Brasil.
- Rompería las bases del Pacto Histórico. A estas alturas hay una división fuerte en esa colectividad, pues muchos no comulgan con las tesis de Petro y no se irían en contra de la Constitución y de la ley, tal como Petro ambiciona. Uno de los ejemplos más recientes lo vimos en Iván Cepeda, que aceptó el resultado de las elecciones del 31 de mayo, actitud contraria a la de su líder natural, que aún no lo ha hecho.
- Generaría una enorme solidaridad internacional. Para los países garantes de nuestro proceso electoral, así como para la mayoría de las naciones libres del mundo, desconocer los resultados electorales e incitar a la desobediencia civil es incurrir en un comportamiento contrario a la ley en todas las democracias del mundo.
- En caso de querer huir a otro país, no tendría donde refugiarse. Cuba ya no es una opción, e Irán está muy lejos. Venezuela tampoco es una alternativa. ¿Quien lo querría? No creo que México, único país que lo ha acompañado en su tesis de desconocimiento de las elecciones, se de esa pela.
Podremos esperar entonces desde la noche del 21 de junio la alteración del orden público por parte de sectores afines al presidente Petro. Es absolutamente previsible. Para aquellos que quieran incurrir en estas actuaciones, solo les digo que la Constitución y las instituciones resistieron cuatro años, que nuestro ordenamiento funciona, que nuestra democracia es fuerte y resiliente. Los que queremos la democracia somos más.