Freddy Castro Victoria fue amigo de infancia y adolescencia de Carlos Pizarro Leongómez, el comandante del M-19 que firmó la paz con el Gobierno de Virgilio Barco en marzo de 1990 y fue asesinado un mes después. Freddy y Carlos Pizarro se conocieron porque vivieron en el barrio San Antonio de Cali cuando eran muchachos. Freddy también conoció a Eduardo Pizarro, a Hernando Pizarro, a Juan Antonio Pizarro y a la única hija del matrimonio Pizarro Leongómez, Margot-Nina, fallecida el mes pasado y que en la cédula figuraba como Margot Clemencia Pizarro Leongómez. De los cinco hijos de la familia, están vivos Eduardo y Juan Antonio.

Freddy fue mi condiscípulo en la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes. Él es especialista en Derecho Administrativo y magíster en Seguridad Pública. Ha tenido distintos cargos en entidades oficiales y trabajó siete años en la Presidencia de la República como delegado presidencial del Plan Nacional de Rehabilitación, nombre anterior de la Consejería para la Paz. Tiene larga experiencia en distintas zonas de conflicto, incluyendo el Magdalena Medio. Conoció de trato personal, por su cargo en la Casa de Nariño, a muchos sujetos armados que figuraron en las noticias en los años ochenta y noventa, incluyendo a varios personajes tenebrosos.

No he visto a Freddy desde los años de la universidad, pero hace un tiempo hablamos por teléfono y nos pusimos al día. Entre las muchas cosas de las que hablamos, me refirió esta anécdota, indeleble en su memoria. Como paso previo a la desmovilización del M-19, en 1989 se concentraron sus integrantes en Santo Domingo, un corregimiento enclavado en las montañas de Toribío, Cauca. El comisionado de paz del Gobierno Barco era Rafael Pardo Rueda, pero cada semana tres personas se turnaban para representarlo como delegados suyos. Eran Ricardo Polo, Hernán Hernández y Freddy Castro Victoria. Viajaban de Bogotá a Cali y allí los esperaban dos vehículos Trooper para llevarlos hasta el campamento donde llegaron a estar reunidos 1.300 guerrilleros del M-19. Por fuera del campamento, el ejército situó a 900 soldados.

Un día, Freddy se encontraba cumpliendo la tarea de verificar quién entraba al campamento cuando apareció alguien que dijo ser miliciano del Eme, o sea, alguien que hacía trabajo político y no era un guerrillero propiamente dicho. Cuando Freddy le pidió que se identificara, dijo: “Soy Aureliano Buendía”. Solo esto me faltaba, pensó Freddy, y le pidió al militante presentar su cédula. Era Gustavo Petro Urrego. Tenía 29 años y había sido personero de Zipaquirá y fundador del barrio de invasión Bolívar 83.

Esa noche, después de una reunión de trabajo, Freddy se acercó a Carlos Pizarro, su amigo de infancia, reencontrado ahora en orillas opuestas, para contarle de la llegada del militante macondiano. Pizarro lo identificó al rompe, pues sabía muy bien de quién se trataba. Petro militaba en el M-19 desde 1977 con el apodo de Aureliano.

Y entonces Carlos Pizarro, el comandante, le dijo a Freddy algo que él no ha podido olvidar y que seguramente no olvidaremos los colombianos durante varias décadas: “Petro es un tipo muy inteligente, pero mentiroso y megalómano”. Y agregó: “Es un güevón que se lee un libro y dura hablando m... tres días”.