La IA reduce el tiempo que toma encontrar debilidades del software desde meses hasta horas. Los hackers la utilizan para crear correos electrónicos de phishing muy convincentes y descubrir y explotar “vulnerabilidades de día cero”. El “hambre” de la IA ha desatado un frenesí de compras de chips informáticos avanzados, que como resultado se han convertido en activos de alto valor y han llevado al encarecimiento de otros productos, de celulares a consolas. Pero aún: los estudios demuestran que la dependencia excesiva de la IA puede debilitar el pensamiento crítico humano y, así como los mapas GPS arruinaron nuestro sentido natural de la orientación, dejar que la IA piense puede dañar las habilidades para resolver problemas y la memoria a corto plazo.

Ese podría ser un barrido rápido de las noticias sobre IA, una tecnología famosa por alucinar e inventar cosas, por remplazar funciones hasta ahora eminentemente humanas y por arruinar las redes con contenido basura que desinforma y enseña mal o no enseña. Pero, de vez en cuando, surge entre la mugre una piedra preciosa, una noticia tan incontrovertiblemente positiva que nos recuerda que la IA es, después de todo, una tecnología con un potencial enorme, independientemente de cómo lo desperdiciemos en memes y fotos virales.

Esa joya se llama Vesuvius Project, y su misión es resolver una limitación física que ha afectado a la arqueología desde siempre, y es que para descubrir el pasado, a menudo es necesario arriesgarse a destrozarlo.

Eso nunca fue más cierto que con los rollos de la Villa de los Papiros en Herculano. Sepultada por la erupción del monte Vesubio en el año 79, la misma que destruyó a Pompeya, esta biblioteca quedó convertida en un conjunto de bloques cilíndricos de puro carbón, tan frágiles que cualquier intento físico de desenrollarlos los reducía instantáneamente a polvo. El anuncio de que uno de esos rollos, el espécimen catalogado como PHerc. 1667, ha sido completamente desenrollado de forma virtual y traducido de extremo a extremo representa la consolidación de una metodología que une la física de alta energía, la computación avanzada y la filología.

La clave de este éxito radica en algoritmos de aprendizaje profundo aplicados sobre tomografía computarizada de rayos X de alta resolución. Al reconstruir digitalmente las capas internas del papiro carbonizado, los científicos lograron mapear la estructura interna del rollo sin alterar su frágil estado físico.

No se puede enfatizar demasiado el desafío monumental que esto representó, porque a diferencia de los manuscritos medievales que utilizaban tintas ferrogálicas con densidad metálica detectable por rayos X ordinarios, los escribas de Herculano empleaban una mezcla de carbón y agua. En una tomografía convencional, el texto de carbono sobre un soporte de papiro también carbonizado ofrece un contraste nulo para el ojo humano. La solución radicó en entrenar modelos de inteligencia artificial capaces de percibir texturas moleculares y variaciones microestructurales en la superficie del papiro donde la tinta fue depositada hace dos milenios.

Los resultados técnicos del análisis digital han revelado aproximadamente un metro y medio de texto continuo distribuido en veinte columnas legibles. Este manuscrito en particular resguarda un tratado filosófico de corriente estoica que data del siglo segundo antes de Cristo, el cual aborda debates éticos, la naturaleza humana y el comportamiento. En paralelo, el mismo esfuerzo tecnológico ha permitido descifrar el título de otro volumen cerrado, el PHerc. 139, identificado ahora como el libro octavo de la obra Sobre los dioses, perteneciente al filósofo epicúreo Filodemo de Gádara.

El impacto de este enfoque metodológico trasciende la biblioteca de la villa de Herculano. Existen miles de fragmentos de manuscritos dañados, palimpsestos ocultos y documentos carbonizados en archivos de todo el mundo que sufren procesos de degradación física acelerada. La combinación de escaneo tridimensional avanzado y visión por computadora establece un estándar de preservación no invasiva aplicable a múltiples disciplinas históricas y sienta las bases para abordar los cientos de volúmenes que aún permanecen sellados en las colecciones internacionales.

Así que elevemos nuestras copas, esta vez, por el impacto positivo, asombroso y, si me permiten, decididamente bello, de la IA, que puede ocupar esta semana las portadas globales por un motivo estrictamente constructivo. Tras semestres dominados por debates ásperos sobre la automatización del empleo, la desinformación a gran escala y los dilemas éticos del procesamiento de datos, el desciframiento de los rollos de Herculano devuelve los reflectores a la capacidad técnica orientada no a reemplazar, sino a exaltar ya preservar del conocimiento humano.