Quizás el reto más importante que tiene nuestro sistema de salud es cómo hacer llevar los servicios a las selvas colombianas, a la alta Guajira y al andén del Pacífico chocoano y nariñense. Mientras en los centros urbanos la mortalidad infantil en menores de cinco años es alrededor de nueve muertes por cada mil nacidos vivos, en zonas rurales y dispersas hay 30 muertes por cada mil nacidos vivos.

En las cabeceras urbanas, la mortalidad materna es de 44 muertes. En contraste, en zonas rurales y dispersas llegan a 102 muertes anuales por cada 100 mil nacidos vivos. Pero departamentos como Chocó, Vichada La Guajira y Amazonas superan ese promedio de las áreas dispersas.

Es un problema que va más allá de la salud. Tiene que ver con los determinantes sociales que afectan a la población: pobreza, carencia de agua potable y educación, sin contar los factores de menor capacidad del Estado, e incluso mayores niveles de corrupción que afectan las intervenciones e impactan los factores de desigualdad en esos territorios.

Los grupos sociales más vulnerables son afectados desde el inicio de su vida: el 47 % de las muertes por desnutrición crónica ocurren en poblaciones indígenas asentadas en zonas rurales. El resultado es espantoso: Un niño nace en Bogotá con una expectativa de vida de alrededor de 78 años para el año vigente. Caso contrario ocurre con un niño nacido en departamentos periféricos —con alta población rural dispersa— que debe esperar vivir entre 68 y 71 años, prácticamente 10 años menos.

La dificultad está sobre diagnosticada y los sucesivos gobiernos han fracasado por falta de acción, por mala gestión e incluso por la propia corrupción. Sin embargo, millones de colombianos que viven en esos territorios, llevan décadas esperando que la sociedad les depare un mejor futuro.

Es claro que los sistemas de salud tienen una limitada capacidad para afectar los determinantes sociales de las poblaciones excluidas. Se requiere una acción intersectorial y una visión de mediano plazo donde la intervención del Estado debe continuar más allá de un gobierno. Una madre adolescente y sin educación —con limitaciones económicas y desarraigo social— muy difícilmente podrá criar hijos saludables por lo que es imperante y necesaria la intervención integral del Estado.

¿Qué hacer entonces? Básicamente se requiere un programa coordinado que inicie identificando los municipios de Colombia que deberían tener una especial intervención del Estado dada su dispersión y características socioculturales que ameriten la intervención. Debería ser esta una prioridad del Departamento Nacional de Planeación, así como la formulación de un documento Conpes que defina una política intersectorial cuyo objetivo fundamental sea mejorar la protección y el acceso a los servicios de salud en las zonas rurales dispersas.

El gobierno pasado demostró que la experiencia, aislada, de equipos comunitarios no solamente fue ineficaz, sino que se convirtió en un mecanismo de propaganda política que terminó desacoplado del sistema de salud y asumiendo costos insostenibles. Para esos municipios es urgente plantear intervenciones costo efectivas y diferenciales frente a los centros urbanos. Esas acciones específicas deben centrarse en temas críticos como la desnutrición, la malaria, la tuberculosis y la carencia de micronutrientes que son esenciales para cerrar brechas de desigualdad.

Pero también es necesario mirar hacia las nuevas tecnologías que pueden hacer la diferencia. Hoy existen pruebas diagnósticas que podrían ser auto aplicadas por los pacientes con poco entrenamiento. Es urgente la extensión de la telemedicina y los servicios a través de dispositivos inteligentes, los cuales los colombianos cada vez tienen mayor acceso y proveen comunicación e interacción instantánea acercando al médico y al especialista a los pacientes ubicados en zonas apartadas.

Colombia necesita un plan nacional de salud y bienestar para las zonas dispersas. Uno con acciones que le quiebren el espinazo a tamaña inequidad y una política de Estado que transforme las promesas en una realidad para la Colombia profunda.