No se valora suficiente el pésimo ejemplo que ha dado Petro con su disoluta vida privada, que mezcló con la pública, en un país con un excesivo número de familias desestructuradas, mujeres maltratadas e hijos abandonados.

Un señor con cinco hijos de tres matrimonios, el primogénito inculpado por delinquir, una impostada primera dama que utilizó el título para disfrutar de gabelas, unido a un sinfín de novias y amigas íntimas corruptas.

Desconozco si Petro habitará una casa o un motel, le pega más lo segundo, pero ya su vida privada, sus vicios y bacanales nos importarán un pimiento. La pasada quedará para investigar la corrupción asociada a sus depravaciones, los cargos que entregó para comprar silencios y los contratos que permitió para engordar bolsillos de sus íntimas.

Sus historias, siniestras unas y bufonescas otras, como la fuga de Verónica a la ciudad de la que salió de manera y dineros no explicados, dan para un culebrón que sería un éxito garantizado. Demostraría de nuevo que la realidad siempre supera a la ficción más sórdida.

Por eso, la simple foto de familia de Abelardo De La Espriella y Ana Lucía Pineda supone un cambio sideral. Un matrimonio estable, papás de cuatro hijos, una esposa presente, decente, con formación académica y experiencia laboral.

Mientras exista el título de primera dama, que yo eliminaría, hay que exigir que ejerza las funciones que le asignan, como presidir la junta del ICBF, una entidad más importante que varios ministerios.

El corrupto Petro demostró que la institución familiar y los niños le valían cero cuando regaló la dirección a una amiga y vecina de su esposa Verónica (¿o ya era ex?), nada calificada para el cargo.

Ahora han nombrado a una abogada muy eficiente y trabajadora a la cabeza del ICBF, dispuesta a mejorar las vidas de los más desprotegidos. Pero no será fácil enderezar la entidad dada la falta de recursos en áreas clave y la corrupción desbordante. Que se lo pregunten a Cristina Plazas, que hizo lo imposible por combatirla y no pudo dar el vuelco que anhelaba. Porque hay políticos tan miserables, Petro incluido, que creen que el ICBF es un mero fortín burocrático y fuente inagotable de recursos para robárselos.

Ahora que irán a La Guajira, en el primer desplazamiento gubernamental, que abran bien los ojos y Ana Lucía Pineda y Carolina Restrepo desconfíen de casi todo. Hay demasiado ladrón en el departamento y pocos controlando. Muy complejo enderezar allá los atracos a algo tan básico como la alimentación escolar. Y ni decir en territorio wayú. Y me da igual si les fastidia mi comentario y consideran que los estigmatizo. Me sobran datos para confirmar lo escrito.

También podría Pineda recuperar e impulsar programas tan excelentes como De Cero a Siempre, de Clemencia Rodríguez, lo poco bueno que hizo el Gobierno Santos. Doy fe, en mis recorridos por esa Colombia abandonada, de los fabulosos centros que crearon para los más pequeños. El único problema que advertían las docentes era la decepción que sufrirían en cuanto superaran los 5 años y pasaran a las escuelas mal dotadas y de formación mediocre.

Insisto en que la posición privilegiada de la pareja de un presidente acarrea la obligación moral y profesional de aprovecharla en favor de sus compatriotas.

También, y aunque a los lectores les parezca un tema menor, Pineda debe asumir el imprescindible papel de ser el polo a tierra. Los hombres poderosos suelen despegarse de la realidad y encaramarse a la cima del olimpo mucho antes que las mujeres, siempre más realistas, sensatas, observadoras y poco dadas a tragarse elogios interesados. De ahí que tengan que volverse la voz diaria, persistente, inteligente, independiente, cansona, que los baje de la cima y los devuelva a las miserias terrenales.

Además de que el nuevo jefe de Estado despierta muchas esperanzas y las expectativas son muy altas. Pero Abelardo De La Espriella recibe un erial, con problemas enquistados, en el que han escondido bombas de control remoto para frenar el necesario rescate de todas las entidades. Tendrá que convencer a los colombianos de que dar un vuelco a un barco hundido, antes de sacarlo a la superficie, requiere esfuerzo ímprobo, persistencia y tiempo. Y pedir paciencia, hoy en día, con las redes sociales y una cultura de exigir y conseguir todo al instante, será más complicado que antes.

Positivo gobernar desde los territorios, pegados a la realidad, y no en la lejanía de una oficina cachaca, y La Guajira servirá para ir ajustando la idea. Pero siento ser pesimista porque si barajan elegir a un contralor general afecto al guajiro procurador Eljach, que ha pasado de puntillas, inadvertido, ante tamaño tsunami de corruptos, resulta difícil conservar la esperanza.

La corrupción es una hidra de infinitas cabezas y, aunque uno creyera en la fiereza de un Tigre inagotable y la fuerza de su vigorosa y entusiasta manada, sabe que no son suficientes si el resto del Estado no acompaña.