La decisión del presidente Abelardo De La Espriella de crear una gerencia para Bogotá, que asume Clara Lucía Sandoval, me parece que es acertada en un momento decisivo para la seguridad, la movilidad y el desarrollo de una capital que padeció cuatro años de indiferencia, abandono y mezquindad del gobierno de Gustavo Petro.
Clara Lucia es una mujer capaz y comprometida, que conoce las realidades de la capital por su destacado paso por el Concejo y por entidades del orden distrital. El presidente y el alcalde Carlos Fernando Galán dejaron claro el papel que tendrá esta Gerencia, su función es la de hacer seguimiento a los compromisos de la Nación, para destrabar proyectos estratégicos y priorizar las obras en las que hay una corresponsabilidad y no es cierto, como algunos quieren dejar ver, que esta figura nunca hubiera existido. El primero en implementarla fue Ernesto Samper, que en 1994 creó la Consejería Presidencial para Bogotá y nombró a Sonia Durán de Infante. Juan Manuel Santos la retomó en 2012, con Gina Parody como Alta consejera para los asuntos de Bogotá, con el encargo de articular Nación, capital y municipios vecinos.
Lo que sí es cierto es que Bogotá también es víctima de la centralización. El recaudo de impuestos nacionales que hace la capital se ha estimado en más de 43 billones de pesos en un solo año, pero las transferencias que regresan por el Sistema General de Participaciones rondan solo en los 6 billones, entonces por cada peso que la Nación le devuelve a Bogotá, la ciudad aporta varios más a la caja central. Haciendo un rápido balance en cifras, el Gobierno Nacional le debe a Bogotá cerca de 250.000 millones de pesos en vigencias futuras de Transmilenio que debían haberse entregado en marzo y no llegaron, el Distrito ha tenido que asumir más de 3 billones para el déficit de operación del sistema, después de que la Nación no cumpliera con el compromiso plasmado en el plan de desarrollo y condicionara cualquier ayuda a un intercambio político sobre la propiedad de Transmilenio.
El gobierno anterior aplazó también transferencias por 770.000 millones para la Primera Línea del Metro e intento en múltiples ocasiones frenar y sabotear la obra, hoy después de una eterna confrontación, por fin se vuelve a priorizar, con un compromiso claro del presidente De La Espriella para sacar adelante la primera, segunda y tercera línea, para eso se necesitan certeza financiera y agilidad institucional. Recordemos que La Primera Línea del Metro siguió porque el Distrito y la Empresa Metro sostuvieron el proyecto, buscaron crédito multilateral y no permitieron que se detuviera.
El gran Karma de los Bogotanos en materia de movilidad son los accesos a la ciudad, las entradas y salidas de la ciudad es otro de los temas a tratar con urgencia para lograr resolver las extensas horas de trancon a las que nos tienen condenados. La Nación tiene pendientes 328.000 millones para la calle 13 y se debe destrabar y acelerar la ALO Sur, la Autopista Norte, la perímetral de oriente, así como, el Regiotram, la PTAR canoas necesaria para descontaminar el río Bogotá y proyectos de vivienda como Lagos de Torca que no pueden seguir sujetos a licencias eternas o a giros que no se materializan. También se debe avanzar en la construcción de los multicampus universitarios de Kennedy y Suba, que se quedaron en renders y promesas incumplidas del expresidente Petro.
La seguridad es el otro claro ejemplo de la necesidad del trabajo conjunto. Bogotá opera con un déficit estructural de Policía y un faltante de más de 10.000 uniformados. Es ilógico que precisamente la capital de Colombia sea la que menos efectivos tiene por cada 100.000 habitantes, pese a la densidad y a un crimen que no se detiene. Mejorar la seguridad depende de la voluntad real de articularse con los ministerios de Defensa y de Justicia: más pie de fuerza, inteligencia, tecnología y no mas impunidad para combatir a los delincuentes. Esa será tarea de la nueva gerente. Con el gobierno de Gustavo Petro esa voluntad fue intermitente y condicionada, y el alcalde Galán se quedó casi solo en esa tarea durante estos años.
Entonces, a buena hora llega una mujer como Clara Lucía a demostrar que, a la capital, donde habitan millones de personas, se puede llegar con una articulación real con la Nación. La figura no es creada para reemplazar al alcalde y en eso la nueva Gerente ha sido insistente, en el respeto a la autonomía de Galán. Es lo contrario de lo que plantea Claudia López, que habla de una “alcaldesa puesta sobre el alcalde” y, con oportunismo político se refiere a una supuesta “retoma de Bogotá”, asegurando que “no pasarán”. No es ella la que tiene autoridad moral para cuestionar el cargo: en su paso por la Alcaldía le quedó grande la seguridad y sacar adelante las obras. Esta figura nace para que la Nación por fin le cumpla a Bogotá y la ciudad se prepare para llegar a sus 500 años con progreso y desarrollo.
Los bogotanos hemos sido resilientes. Quienes sentimos y padecemos esta ciudad deberíamos celebrar el propósito de la Gerencia para Bogotá, no se puede seguir mendigando ayuda. Ya fue suficiente aguantar a Petro de alcalde y de presidente, retrasando los recursos, las obras y el pie de fuerza. Me cuesta entender que, con tantas promesas incumplidas, aún le crean y que sea en la capital donde más eco encuentran sus mentiras.