Si los colombianos estamos preocupados por la baja tasa de natalidad y decrecimiento poblacional de las grandes ciudades, más deberíamos estarlo por lo sucedido en el campo. Ahí los números son más graves: hay menos población joven y cada vez más es la mujer la que hace las labores agropecuarias.

Pero paremos un poco y pensemos cuál es el futuro hoy de un joven en el campo; no lo hay. Educación no competitiva, malas vías terciarias, cero conectividad para acercarse al mundo, violencia intrafamiliar y, en muchas ocasiones, riesgo de ser reclutado por grupos ilegales.

Si no cambiamos el chip del modelo para el manejo de nuestros campesinos, estaremos abocados a un problema muy serio de seguridad alimentaria. Entregar parcelas pequeñas a los campesinos para el pan coger no soluciona el problema, lo agranda.

Nuestro campo, más que una reforma agraria o una entrega de tierras, lo que necesita son oportunidades. Necesita poder comercializar sus productos y no estar a merced de los transportadores; necesita una buena educación y no depender de Fecode; necesita cómo comunicarse con el exterior, un internet que les enseñe el mundo sin tener que huir de su parcela; necesita seguridad, que los grupos al margen de la ley no sean los amos y señores de los territorios. Pero además de todo lo anterior, necesitan que, desde las ciudades, los organismos que les pueden ayudar no sean manejados por los mismos clanes, negociantes y corruptos a los que no les interesa mejorar sus condiciones. Entidades como Corabastos o la CAR llevan años manejadas por las mismas mafias que solo han dejado pobreza a los campesinos.

Cundinamarca, un departamento que claramente está en un cuadril alto en el país. Gasta la mayoría de su presupuesto en los municipios grandes, los que le dan votos a sus dirigentes, y muy poco hace por los más de 100 municipios donde se estancó el progreso. Dependen de limosnas, de una placa huella, de unas sillas de plástico y de una fiesta anual patrocinada por la licorera. Para lo demás no hay.

¿Dónde está la planeación de crear unos centros de acopio para que comercialicen los productos y no sean abusados por las mafias de los transportadores? ¿Dónde está el desarrollo de las vías terciarias? ¿Dónde está la mejora educativa? Todo esto seguramente está en los bolsillos de los corruptos.

Necesitamos que la patria milagro, por la que votamos 13 millones de colombianos, luche incansablemente contra la corrupción, contra las prebendas de los clanes políticos de toda la vida y les quite el poder.

Si no se logra erradicar la corrupción de los territorios, de los departamentos y los municipios, será muy complicado mejorar las condiciones de nuestros campesinos; es por eso que las elecciones de 2027 serán fundamentales para hacer de la patria milagro una verdadera realidad.

Queremos un campo fuerte, empoderado, que produzca lo que tiene que producir, y que el campesino se sienta orgulloso otra vez de labrar la tierra y de tener la posibilidad de convivir con la globalización desde su parcela, sin tener que venir a la ciudad a crecer los cinturones de pobreza.

Se puede lograr que el campo sea lo mejor de nuestro futuro.