Una de las características más importantes de la civilización moderna son las ciudades. Su gran variedad de tamaños, culturas y especialidades tiene una alta incidencia en el desarrollo de estas regiones urbanas siendo, puntualmente, una dimensión geográfica de gran importancia en el desarrollo económico actual. Así, cuanto más grande es el asentamiento, más grande es su capacidad de producción y consumo. Sin embargo, son las ciudades las que más importancia han tenido, con el paso del tiempo, en el crecimiento económico de muchas regiones por la gran capacidad demográfica que albergan, ofreciendo oportunidades de desarrollo mucho más diversas a nivel educativo, laboral, recreacional y otros relacionados. Las megarregiones más popularizadas han sido las ciudades globales, es decir, ciudades que son clave dentro del sistema económico mundial como Nueva York o Tokio. Más que características demográficas relevantes, estas ciudades se caracterizan por albergar una serie de servicios económicos de talla mundial, así como por ser sede de varias corporaciones multinacionales importantes, y centros de enclave de negocios.
Por su parte, otro concepto de megarregión conocido es el de la megaciudad que se caracteriza por su alta densidad poblacional. Por lo general, se reconocen porque tienen más de 10 millones de habitantes como Nueva Delhi y Shanghái. De hecho, en la actualidad, casi el 70 % de las 47 megaciudades del mundo se encuentran en Asia. Pero un híbrido entre estas dos (ciudades globales y megaciudades) se ha venido formando con una influencia económica nada despreciable: las megalópolis. Un gran conjunto de dos o más ciudades interconectadas, en donde su relación puede estar basada en un mismo asentamiento, a nivel de infraestructura económica o, incluso, a nivel cultural. Según un estudio de Euromonitor International, dichas megalópolis se caracterizan por tener varias aglomeraciones urbanas con, al menos, dos ciudades metropolitanas que tengan como PIB alrededor de los USD$50 billones cada una. En sí, todas la megalópolis deben estar en la capacidad de tener un PIB cercano a los USD$400 billones (casi $1.380 billones de pesos) concentrando, a su vez, 10 millones de habitantes o más.
Asimismo, el estudio identificó 20 megalópolis alrededor del mundo: 9 en Norteamérica, 7 en Asia Pacífico, 3 en Europa y 1 en América Latina (Sao Paulo-Río de Janeiro). Todas ellas lograron contribuir el 35 % del PIB mundial el año pasado, y concentran el 9 % de la población mundial. La megalópolis comprendida entre Boston y Washington se categoriza como la más grande del mundo, con un PIB de USD$ 4,5 trillones en 2018. Incluso, Euromonitor pudo calcular que, si esta megalópolis fuera constituida como país, sería la cuarta mayor economía después de Estados Unidos, China y Japón. Incluso, produciría más que Alemania, la economía más grande de la Unión Europea, que mantiene un PIB de USD$ 3,99 billones. A esta megalópolis le siguen Los Grandes Lagos (frontera entre Estados Unidos y Canadá) con USD$ 3,34 billones, Am-Mun-Par (Ámsterdam, Múnich y París) con USD$ 3,076 billones y Tokio-Osaka con USD$ 2,88 billones. No obstante, las megalópolis de China son las que, según proyecciones, crecerían entre tres y cuatro veces más rápido entre 2018 y 2030.
A pesar de la alta migración rural-urbana que producen las megalópolis, existen ciertos beneficios que hacen de ellas un gran éxito. Por ejemplo, esta clase de megarregiones tienen una abundante y diversa fuerza laboral para varios tipos de industrias. Asimismo, existen mayores iniciativas, con resultados más tangibles, por parte del gobierno con el fin de desarrollar planes y marcos de acción para aumentar la inversión, especialmente en temas de infraestructura. De igual manera, se configuran las economías de escala que proveen facilidades a las empresas para reducir sus costos y aumentar sus rentabilidades. También pueden hallar una provisión de una infraestructura de transporte de alto nivel, que facilita temas de producción y comercialización de insumos y bienes de manera multimodal. A nivel de planeación urbana, se ha demostrado que las megalópolis contribuyen a estimular el crecimiento económico, y unos mayores niveles de ingreso porque pueden ofrecer cargos mejores y salarios más competitivos a personas de ciudades más pequeñas; por ende, se reduce también la desigualdad salarial en las regiones. No obstante, debe tenerse en cuenta que puede paralizar los planes de desarrollo para regiones urbanas más pequeñas, alejadas de estas megarregiones, e incluso de las zonas rurales.
Y como no es de extrañar, varias de estas megarregiones van a la vanguardia en la inversión de una infraestructura ambientalmente sostenible. China ha invertido grandes sumas de dinero en brindar un tren de alta velocidad y es, por ahora, el líder mundial con 29.000 kms de vía para ferrovías. Esto ha sido una iniciativa que ha mitigado la fuga de cerebros por los efectos migratorios entre regiones. No obstante, dentro de los retos que se suman están temas de conectividad con un transporte rápido y eficiente, la cooperación (y no competición) entre las ciudades que integran una megalópolis, la mitigación de los problemas ambientales urbanos y una necesidad de políticas gubernamentales para promover el desarrollo de estas megarregiones. Pero, sin lugar a duda, la unificación del transporte, la vivienda y los parques comerciales y empresariales, serán la clave de su progreso y sostenibilidad. Por ahora Colombia no hace parte de este mapa y en un mediano plazo, no lo será.