Las quejas son tan diversas como numerosas, concentrándose la mayoría en los frecuentes y eternos retrasos en los vuelos tanto nacionales como internacionales. Pero dichas quejas no se limitan a los retrasos: el uso de otras compañías y de equipos ajenos a la empresa para cumplir con ciertas rutas; y el trato poco profesional de algunos empleados con los usuarios, son otros de los reclamos frecuentes de los usuarios.Y parte importante de la culpa la tiene la misma empresa ya que el manejo de la huelga de pilotos fue arrogante. Si bien es un hecho que una empresa no se debe doblegar ante las exigencias de ningún sindicato, existen múltiples maneras de manejar estas situaciones.El hecho es que en materia de reputación y en los costos adicionales que implican la contratación de pilotos sin mayor experiencia, la empresa posiblemente ha tenido mayores pérdidas que las que hubiera tenido que sufragar en un arreglo expedito y sensato de dicha huelga. La empresa también ha tenido que enfrentar la renuncia de un importante número de pilotos que han logrado obtener empleo tanto en Colombia como en el extranjero en condiciones más favorables que las que les ofrecía Avianca.Le recomendamos: Rayos, centellas, sapos y alacranesY a pesar de no tener los aviones suficientes para cubrir las rutas asignadas como aquella de Bogotá - Nueva York – Bogotá, la empresa insiste en que le asignen nuevas frecuencias, como aquella a Argentina. Las autoridades deben tener firmeza en no otorgarle a Avianca (ni a ninguna otra aerolínea) rutas que no pueda atender con sus propios aviones y tripulación.    Pero buena parte de la culpa del caos aéreo, especialmente de los retrasos, recae no solo sobre Avianca, sino sobre las autoridades. El Estado colombiano recibe una de las tasas más altas de impuestos a los viajeros del mundo, tanto para los pasajes internos como los internacionales.Los impuestos pesan el 33% en el valor para pasajeros nacionales y el 43% en los internacionales. Esto, adicional, es “una medida regresiva y anticompetitiva para un sector que se ha esforzado por tener precios más bajos para los usuarios”, dijo Claudia Velásquez, exdirectora de Atac.Esos dineros se han debido dirigir no solo a mejorar la infraestructura física como son los aeropuertos (terminales, pistas, puertas de embarque, vías de acceso y parqueaderos) sino a las radioayudas y toda la última tecnología para manejar un creciente número de pasajeros y de tráfico aéreo.El caso del Aeropuerto de El Dorado es ilustrativo de las prioridades equivocadas de las autoridades. Si bien dicho terminal cuenta con un enorme y muy bien surtido centro comercial en donde el pasajero podrá comer, beber y vestirse a su antojo, otras áreas son más que deficientes.¿Cuántas veces los aviones no se ven forzados a dar círculos encima de Ambalema en espera de que les den turno de aterrizaje? Con enorme frecuencia, no hay puertas suficientes para el embarque y desembarque de los pasajeros (que se tiene que realizar en buses viejos y destartalados) porque el espacio para dichas puertas no fue diseñado o se dedicó a locales comerciales.No se pierda: Cambios, entre simbólicos y pendejos...Pero bastante más grave que las incomodidades a que someten a los pasajeros son las frecuentes e injustificadas fallas en los sistemas eléctricos y de comunicaciones: no solo en ocasiones se apagan las luces de las pistas, sino que hay suspensiones inexplicables en las comunicaciones con las aeronaves.Según informes de prensa, hay equipos que llevaban tres años guardados. A pesar de que la Aerocivil insiste en que ninguna de esas fallas pone en riesgo la seguridad de los pasajeros, la Fiscalía ha entrado a investigar porque todo suena sospechoso.Lo que es inaudito e injustificable es que aeropuertos como El Dorado tengan entre las dos pistas centros comerciales del primer mundo, mientras que todo lo demás, principalmente los sistemas eléctricos y de de aeronavegación, sean del tercer mundo.    Le recomendamos: Dos décadas de una revolución silenciosa