El liderazgo es un tema mucho más sencillo y cotidiano de lo que nos quieren hacer creer; es hora de desmitificar la idea del “súper-líder”. No existe un liderazgo de academia o uno sin fisuras y los líderes impecables de manual no son de este planeta. Tal vez existan en los discursos pomposos, pero la realidad cotidiana está hecha de otro material.“El líder de porcelana, radiante y exquisito, brillante y sin polvo, es sólo para las vitrinas.”Hay que desprenderse de ese halo de misticismo que rodea el liderazgo y tratar el tema con la normalidad que merece. El líder como el ser humano que es, con sus inseguridades, miedos y dudas.El clásico debate de si “el líder nace o se hace”, se tiene una respuesta clara: “el liderazgo no es un gen”; si fuera así caeríamos en una relatividad desalentadora que nos llevaría a instalarnos en la comodidad de un sofá. El liderazgo se construye con mucho esfuerzo y día a día en la escuela de la vida. Así como a bailar se aprende bailando, a cocinar cocinando y a conducir conduciendo; pues a dirigir se aprende dirigiendo. No hay una fórmula más clara, sin sufrimiento no hay crecimiento, el músculo rígido se estira únicamente con el ejercicio.La metamorfosis exige una exposición a la realidad, enfrentarse a ella, vivirla y sufrirla. A mayor entrenamiento, mayor facilidad para desenvolverse con soltura en el arte de la gestión de personas.Lea tambén: Mi querido CEO:Un directivo no es nadie sin su gente; puede orientar, poner límites, inyectar ilusión, pero al final es la suma de voluntades la que hace que sus planes ocurran. Lao Tse, filósofo chino, escribe: “El mejor líder es el que apenas se hace notar, no aquel al que la gente obedece y aclama, ni al que todos desprecian. El buen líder habla poco y cuando ha concluido su trabajo y alcanzado su propósito, la gente dirá: –lo hicimos nosotros–“. Los éxitos son siempre colectivos, muchas veces en la trastienda de estos éxitos lo que hay son personas que hacen una labor callada, discreta, poco vistosa, pero enormemente eficaz; no hay que olvidarse de ellos.Un verdadero líder desea y trabaja por ser prescindible, porque en el momento en el que lo consigue habrá cumplido su papel con plenitud. Un médico anhela que el enfermo se recupere; el padre que su hijo madure, el profesor que el alumno despliegue las alas por sí solo …. El líder desempeña un rol necesario por momentos, pero va dando poco a poco pasos al costado. Saber decir adiós y no perpetuarse en un cargo es una de las muestras de mayor sabiduría directiva. Sin decir con esto que es una decisión fácil, pues en la mayoría de casos, este tipo de cargos tienen muchos privilegios y reconocimientos, y se resisten a alejarse de la butaca ocupada durante mucho tiempo. Pero a la hora de decir adiós el líder también debe demostrar su valor y grandeza.Ser ejemplo no es una de las maneras de influir a los demás, es la única. El liderazgo está en la acción y por eso el directivo debe ir siempre abriendo camino si quiere que su equipo lo acompañe. La gente sigue a líderes que les inspiran; a alguien en quien confiar, cuyos conocimientos, experiencia y resultados pasados sirven de credibilidad. Un líder debe ser coherente –la concordancia entre lo que se piensa, dice y hace– afianza y consolida al equipo. Su ausencia, por el contrario, es el comienzo del descrédito que redunda en desánimo y, consecuentemente, en falta de voluntad. El liderazgo es comunicación, que es una acción muy semejante a la de respirar, pues es la función natural que mantiene con vida las relaciones con las personas. Deje de respirar y dejará de ser. Deje de comunicar y dejará de vivir.El liderazgo también es autenticidad; porque de otro modo nunca se dará lo mejor de uno mismo y se estará privando a los demás de un resultado excelente.El líder que no tiene una personalidad fuerte queda a merced de las circunstancias “movile qual piuma al vento”.Recordemos que no se puede ser líder desde la distancia, entre cuatro paredes, instalado en la oficina sin contacto con la gente. El líder está permanentemente alrededor de su equipo, enfrentando situaciones reales; los buenos líderes son abiertos y están en constante movimiento, dando vueltas por todos los rincones de su organización para llegar a la gente, desafían los canales establecidos, son informales y directos con la gente, el ser accesibles es una religión para ellos.Lea tambén: Talento: El único mercado a prueba de recesión